crisis del covid-19

¿Saquear supermercados es inherente a nuestra especie?

Aunque algunas escenas (como la del papel higiénico) han mostrado el lado más oscuro del ser humano, en realidad los tiempos difíciles sirven para incentivar el altruismo

Foto: Fuente: iStock.
Fuente: iStock.

Apenas uno días han pasado en nuestro país de las escenas sobre el incivismo y egocentrismo de la gente, tratando de abastecerse y protegerse sin pensar en las necesidades ajenas, desvalijando supermercados y agotando las existencias mundiales de mascarillas, levadura, lejía y jabón, además de hacer que una minoría mundial acumule, en estos momentos, el papel higiénico correspondiente al resto de la población planetaria. No hemos salido de esta, que ya hablamos de las muestras de intolerancia y maltrato hacia las personas que trabajan en primera línea por parte de sus vecinos. Y según la prensa parece que el panorama se repite en otros países. Quien más quien menos piensa que si de un virus más letal se tratara, pereceríamos de matarnos entre nosotros antes que de los estragos que causara el bicho. Así es el ser humano.

Mi práctica clínica y en Psicología Social me dice justo lo contrario. En situaciones de catástrofes o epidemias es donde más claras muestras se observan de la cooperación y la compasión humana. Todos los estudios realizados sobre el 11-S concluyeron que de forma natural, y desde el primer momento, muchas personas reaccionaron altruistamente hasta el punto de poner en riesgo sus propias vidas.

En situaciones de catástrofes o epidemias es donde más claras muestras se observan de la cooperación y la compasión humana

Curiosamente uno de los rasgos esenciales de esta crisis severa es que nuestro sentido de la responsabilidad tiene por objeto la salud ajena y el bienestar de los demás, de los más vulnerables porque los expertos nos han explicado que la gran mayoría de personas sanas no formamos parte de las población de riesgo.

La empatía, en la esencia del ser humano

En un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania, Adam Grant y David Hoffman descubrieron, de forma empírica, una mayor efectividad de mensajes dirigidos al personal sanitario cuando se focalizaban en la protección de sus enfermos –“lavarse las manos protege a los pacientes de coger enfermedades”– que en la suya propia–“lavarse las manos previene de coger enfermedades”. Y esto no es privativo de los profesionales de la salud. Es un rasgo propio de nuestra especie y se da en todas las edades. Numerosos estudios en bebés de 18 meses muestran cómo son capaces de ofrecer su comida a quien consideran necesitado incluso cuando ellos mismos están hambrientos. Y es que el homo sapiens se halla cableado –a través de sus neuronas espejo– para ser empático y altruista. Según los investigadores, la empatía es la resonancia afectivo-cognitiva de lo que el otro siente. Es un fruto más del proceso evolutivo humano. Está en su esencia. Forma parte de su hechura.

Estudios en bebés muestran cómo son capaces de ofrecer su comida a quien consideran necesitado incluso cuando ellos mismos están hambrientos

Claro que siempre y en todas las situaciones hay excepciones. Porque por muy cableados que estemos para la empatía, este tipo de cualidades del carácter como la cooperación, el altruismo, el sentido del servicio o la compasión requieren de un entrenamiento y de un ejercitarse. Nuestra actual coyuntura epidémica es un momento propicio para muscular nuestra mente en tales cualidades. Y hay muchas formas de hacerlo.

Por ejemplo, detenernos en los ejemplos que a diario nos dan las personas que, por su oficio, se han sacrificado estos días en beneficio de los demás: nuestros profesionales de la salud, los transportistas, los vendedores de alimentos, los distribuidores de artículos de primera necesidad, los agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad, etc. Estar atento a su ejemplaridad pública –como diría Javier Gomá– o escuchar sus historias apela a la elevación moral y nos inspira a actuar altruistamente.

Esta plaga no entiende de etnias o nacionalidades. Todos formamos parte de la misma unidad, todos sentimos y sufrimos igual

Recordar el origen común de toda la especie, conformada además –según la ciencia genética– por una única raza, es una de las lecciones latentes en el corazón de esta plaga. El genoma humano, que –al igual que la COVID-19– nos exhibe de modo patente la indistinción genética de etnias y nacionalidades, nos revela que todos formamos parte de la misma unidad, que todos sentimos y sufrimos igual y que la esencia humana es la misma no importa en qué tipo de embalaje venga o de qué lugar proceda. Otro ejercicio al que estamos llamados estos días a realizar es focalizarnos en las cosas que de verdad importan. Cada uno debe encontrar sus propias formas de introspección y evitación de la dispersión: la meditación y la contemplación. La neurociencia nos dice que estas prácticas no sólo nos ayudan a mantener la calma sino que aumentan nuestras defensas, cosa que, en los tiempos que corren, buena falta nos hace.

Rosa Rabbani es doctora en Psicología Social y Premio Equidad de Género de la Generalitat de Cataluña

Tribuna
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios