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Así será la próxima guerra de las galaxias y tendrá lugar entre EEUU y China

Uno de los campos de batalla en la pugna por la hegemonía mundial comienza a atisbarse en la inteligencia artificial, una industria crucial para transformar la extracción y administración de los datos de los ciudadanos del planeta en una ventaja competitiva para unos cuantos gigantes tecnológicos. La tendencia es clara: Amazon, Microsoft, Alphabet y Alibaba se consolidarán en el año 2021 como los principales actores del mercado de la nube a nivel mundial, según señaló un informe de Morningstar. Las empresas tecnológicas norteamericanas están adquiriendo cotas de influencia cada vez mayores sobre nuestro día a día sin que la Unión Europea pueda hacer algo más que establecer multas por distorsionar la competencia en un mercado que ya no es el de hace 30 años. Al mismo tiempo, China emerge como gran una potencia que acude al encuentro para recuperar su papel histórico y desafiar los planes de dominio global de Estados Unidos.

Ambas son dos sociedades totalmente distintas: una posee una industria tecnológica hiperdesarrollada gracias a la inversiones en esta materia, que se remontan a la guerra por el espacio posterior a la Guerra Fría, pero también por la desregulación y la privatización implementadas desde los años del reaganismo como ruta hacia la integración neoliberal global; la otra es nada menos que un capitalismo de Estado, en el que el Partido Comunista chino organiza la planificación de sus industrias, ejerce un control total sobre el capital privado y da forma a su economía. No obstante, y pese a todo, ambas comparte un fin único: ser los primeros en afianzar las infraestructuras donde se desarrolle buena parte de la economía de servicios del futuro.

Ganar esta nueva guerra tendrá implicaciones geopolíticas y económicas cruciales. Las corrientes culturales y sociales también serán afectadas

Así es que China presentó en julio un plan para convertirse en el líder mundial en inteligencia artificial para 2030 con el objetivo de superar tecnológicamente a sus rivales y construir una industria nacional por valor de casi 150 mil millones. Existen informes que avanzan la idea de que China superará en ganancias de productividad a Estados Unidos, impulsando su PIB en un 20 por ciento para ese momento.

Pese a que las cifras económicas puedan variar y estén abiertas a la especulación, ya es un hecho que empresas chinas como Alibaba, Baidu y Lenovo han aumentado notablemente su inversión en inteligencia artificial en una amplia gama de industrias como el comercio electrónico, la inteligencia de las cosas y la conducción autónoma. También que el componente tecnológico de China crecerá mucho más rápido que sus industrias tradicionales. Solo hace falta echar un vistazo a algunos datos como los del crecimiento de los ingresos de los tres principales actores tecnológicos de China: Baidu, Alibaba y Tencent. Diez años atrás representaban menos del 0,02 por ciento del PIB del país. Hoy en día se encuentran alrededor del 0,5 por ciento, lo que supone un aumento de 25 veces en menos de 10 años. Ganar esta nueva especie de Guerra de las Galaxias tendrá implicaciones geopolíticas y económicas cruciales, pero no sólo. La corrientes culturales y sociales de buena parte del mundo van a verse afectadas por el resultado.

“Estos chinos son buenos”

No es de extrañar, por tanto, que Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Alphabet, la matriz de Google, advirtiera recientemente de que China está lista para superar a los EEUU en el campo de la inteligencia artificial si el gobierno no se da prisa en responder. “Créanme, estos chinos son buenos. Van a utilizar esta tecnología para objetivos tanto comerciales como militares con todo tipo de implicaciones”. El resto de compañías de Palo Alto también han comenzando a jugar sus fichas. Unas semanas antes, Mark Zuckerberg —cuyas empresas Facebook, Instagram y Whatsapp están prohibidas en China—, acudió a Tsinghua junto con Tim Cook, el CEO de Apple, para escuchar al presidente Xi Jinping en un discurso en el que afirmó que su país está abierto a los negocios mientras las empresas extranjeras respeten sus normas sobre internet.

Eric Schmidt, presidente de Alphabet. (Reuters/Richard Brian)

Algunos analistas hablaban de que los jefes de las corporaciones norteamericanas acudieron a rendir tributo, como antaño hacían las potencias extranjeras que querían relacionarse comercialmente con China, para lograr una alianza pacifica. Al aceptar esta especie de sistema de tributos chino contemporáneo, Silicon Valley emerge como una fuerza política y económica que trasciende a los dirigentes de Estados Unidos. También acepta de forma indirecta la superioridad de China y la legitimidad política de su régimen con el fin de establecer una relación comercial para el futuro. Los océanos no son una barreara en la economía global. O en otras palabras: Silicon Valley planea la forma de entrar definitivamente en el país asiático, aunque para ello tenga que asumir las normas autoritarias impuestas por el Partido Comunista. Lo que también tendrá implicaciones en Occidente.

China no tiene leyes de privacidad tan estrictas como las empresas occidentales, ni los ciudadanos chinos se oponen a que se recopilen sus datos. El país asiático tiene más de 700 millones de usuarios en Internet y no cuenta con un marco legal robusto para tratar las intrusiones de privacidad de datos. Eso hace que sea más fácil para las empresas aprovechar los datos de los usuarios, que es fundamental para desarrollar la tecnología de la inteligencia artificial. Contra la planificación china, para mantener su rol de reguladoras del tablero mundial, las corporaciones digitales necesitan ser totalmente líquidas, no estar sujetas a ninguna regulación, ausentes de toda traba a sus operaciones. Y para ello necesitan al Estado.

Las grandes compañías de Silicon Valley quieren que los gobiernos prometan no regular nunca los servicios que aún no existen


No extrañan por tanto que las preocupaciones del CEO de Alphabet fueran rápidamente calmadas por el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer. El proyecto ‘Made in China’ es “un desafío muy, muy serio, no solo para nosotros, sino para Europa, Japón y el sistema de comercio global”, dijo sobre las políticas industriales chinas destinadas a dominar las industrias mundiales de alta tecnología. Esto deja en evidencia otro aspecto: la alianza entre el Departamento de Estado norteamericano y Silicon Valley tratará de profundizar en la desregulación y privatización heredada de Ronald Reagan hasta que las corporaciones digitales tengan las manos completamente libres para extraer datos de los ciudadanos, procesarlos en sus sistemas de inteligencia artificial y competir en el mercado global contra China. La política tendrá un papel cada vez menos reducido en detrimento de los algoritmos. Algunas cuestiones como la privacidad serán entendidas como una barrera al comercio, o mejor dicho: la privacidad se convertirá en una oportunidad de negocio a explotar por los gigantes tecnológicos. Y en todo ello los acuerdos de comercio serán cruciales para el futuro de Silicon Valley.

El nuevo emperador

Digamos que la inteligencia artificial se empleará de maneras actualmente inimaginables y podría hacer incluso que Internet se convierta en redundante. Los servicios también pueden desempeñar un papel económico bastante diferente en la economía futura y tener un impacto negativo mucho mayor sobre la fuerza de trabajo o las comunidades vulnerables. Las grandes compañías de Silicon Valley quieren que los gobiernos prometan no regular nunca los servicios que aún no existen o las nuevas tecnologías que cambian la forma en que se ofrecen los servicios mediante los acuerdos de comercio. Así se explica la última propuesta de Estados Unidos en el NAFTA, el tratado que renegocia con Canadá y México en estos momentos, para establecer reglas con el fin de evitar que los gobiernos regulen los algoritmos de las corporaciones digitales, imponer medidas que restrinjan los flujos de datos transfronterizos y no requieran el uso o la instalación de centros de datos locales. Cualquier atisbo de soberanía tecnológica incomoda sus planes globales.

Hablamos de que tanto Google, Facebook, Apple, Amazon y Microsoft en el lado norteamericano, como Tencent y Alibaba en el chino, tuvieron en 2016 un valor agregado de mercado de 4 billones de dólares y ganaron 150 billones. Parece lógico intuir que la única forma de competir en el terreno de la inteligencia artificial con los gigantes chinos que tienen las empresas norteamericanas es seguir profundizando en la integración neoliberal global. Esto significa incrementar la vigilancia, continuar con la masiva extracción de datos y, con la ayuda de la inteligencia artificial, ofrecer servicios en un mercado que extrae valor de cada segundo de nuestra vida en las ciudades. Veremos que polémicos acuerdos como el TTIP o el TiSA volverán a estar el centro, quizá con otro nombre, con el fin de implantar una arquitectura de la globalización para que las empresas digitales norteamericanas puedan hacer frente a China. Esta es la forma que tendrá la alianza transatlántica en el nuevo siglo: los valores europeos, la democracia y la libertad no serán más que barreras para un comercio digital capitaneado por las corporaciones que controlan los sistemas de inteligencia artificial más desarrollados. Se atisba un escenario global en el que un par de señores feudales norteamericanos conviven —en el mejor de los casos pacíficamente— con las empresas estatales chinas organizadas por un emperador a la altura del mismo Mao Zedong.

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