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¿No vales más que 950 euros, desgraciado?

Los políticos están tan alejados de la realidad que no se creen que estemos vivos

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Después de leer un titular donde se adjudicaba a la ministra de Trabajo la afirmación de que con 950 euros al mes no se puede vivir, llamé a todos mis amigos que ganan alrededor de 950 euros para asegurarme de que seguían vivos. Seguían vivos. Vaya susto. O el periodismo se ha vuelto muy sensacionalista o Ken Loach hace tiempo que no estrena película, de modo que Yolanda Díaz pueda ver algunos pobres y comprobar que, lo que es vivir, viven.

Lo que la ministra y tantos otros parecen preguntarse es cómo se hace para llegar a fin de mes con 950 euros o menos, que es casi la pregunta que se formulan los niños en los espectáculos de magia, atónitos ante las habilidades sobrehumanas de un señor con sombrero. ¿Cómo hacen los pobres la magia de su pobreza? Hemos venido hoy a explicarlo.

Primero, hay que distinguir entre poco dinero y poco patrimonio. Hay quien vive a gusto con 950 euros al mes porque no paga alquiler. Vivir en un piso que te costaría 1.000 euros cuando ganas 950 es como si ganaras 1.950. Muchos padres ricos suelen tener un hijo que apenas gana 1.000 euros al mes porque ese hijo está esperando tranquilamente, y en el piso de la abuela muerta, a que se mueran también sus padres. Realmente nos sorprendería la cantidad de gente nacida en los setenta y primeros ochenta que ya está nerviosita porque sus padres no se mueren nunca. Una vez se mueran, hasta podrán prescindir de esos 950 euros al mes que ahora solo gastan en copas, coca, ropa y otras rimas consonantes.

Muchos padres ricos suelen tener un hijo que apenas gana 1.000 € al mes porque ese hijo está esperando a que se mueran también sus padres

Por debajo de estos privilegiados (trabajan dos días a la semana, por ejemplo; o son escritores o artistas, así en general) están los que efectivamente tienen que vivir con 950 euros al mes. Pero entre estos desgraciados también hay clases. Está el que tiene una novia o un novio que gana pasta y está el que no tiene ni novio ni novia o los tiene de poco fuste financiero. Los primeros son casi ricos porque su pareja lo paga todo, y nuevamente 950 euros solo para vicios (¡950 euros al mes solo para vicios!) no es precisamente vivir mal. Los otros suman dos precariedades y casi llegan a los 2.000 euros, con los cuales pueden pagarse una buhardilla dentro de la M-30 (pongamos que hablo solo de Madrid, la ciudad más cara de España, con Barcelona) o un sótano o semisótano por 700 o 900 euros al mes. El resto da para comer y salir de copas, y para algún viaje. No es vida mala si tienes menos de 30 años (bohemia, se llamaba antes); no es horrible si tienes menos de 40 años. Pero es vida muy triste si ya superas los 40. Ganar 950 euros al mes con 42 años: ahí empieza lo malo.

Dijo Diderot (y si no fue Diderot, fue Voltaire) que los pobres son los que mejor pueblan. En efecto, ser pobre y querer tener hijos parece una contradicción reiteradamente acometida. No tienes dinero y se te ocurre engendrar hijos que te van a costar un potosí. Eres imbécil. O no: eres pobre y quieres tener algo, algo tuyo, los hijos, por mucho que Celaá advirtiera de que los hijos no son de los padres. Lo cierto es que no hay otro patrimonio del pobre que la familia, motivo por el cual se invierte en ella, ampliándola. Tener un hijo supone para un pobre algo muy parecido a comprar casa en la playa. Algo de provecho se le sacará.

Dijo Diderot (y si no fue Diderot, fue Voltaire) que los pobres son los que mejor pueblan. Eres imbécil. O no: eres pobre y quieres tener algo, algo tuyo

(Por cierto, se habla mucho ahora, además, de niños pobres. Yo no creo que haya niños pobres, solo niños desgraciados. Como decía Richard Ford en 'Canadá', el niño no necesita muchas cosas si sus padres lo quieren).

El caso es que, llegados los hijos, el pobre se ha complicado bastante la vida. Uno mismo puede dejarse sin comer y sobrellevarlo dignamente, puede acostumbrarse a la austeridad y al frío y a las bolitas del jersey; pero nadie puede vivir viendo a sus hijos pasar frío, pasar vergüenza. De modo que el 100% del dinero del pobre se destina a los hijos. Y ahí tenemos las chaquetas de papá, que son las mismas que llevaba hace 20 años, o los vestidos de la madre, antañones. Y el único abrigo de cada uno. Y ahí tenemos Primark y Lidl, la bendición del mileurista con hijos. Ahí, los pisos de 50 metros cuadrados sin ascensor ni calefacción, donde acaban mudándose, cada vez más lejos del centro, hasta terminar eventualmente yéndose a un pueblo. Ahí, las encantadoras estufas de aire caliente y las marcas blancas y la ropa donada y las facturas sin pagar y los trabajillos en negro. Pero el niño lleva zapatillas Nike.

Y tenemos, por supuesto, la lotería, que, como dicen en algún capítulo de la serie 'Ozark', no es otra cosa que el impuesto al pobre. No toca nunca, la puta lotería.

Garzón

Otro señor al que le fascina que la gente se moleste siquiera en ir a trabajar por apenas 1.000 euros al mes es Eduardo Garzón, economista y hermano del ministro. Tuiteó algo hace un par de semanas que muestra con claridad en qué se está convirtiendo la Izquierda: “Si esa empresa no puede pagar unos míseros 950 euros al mes, entonces mejor que desaparezca. Ya hará la misma actividad otra empresa o institución más capaz y competitiva”. Este tuit constituye, lo mires como lo mires, una oda ultraliberal, porque en lo que se está convirtiendo la Izquierda es simplemente en la Derecha. Hay maneras y declaraciones diarias, tanto de personajes públicos como de simples votantes de izquierdas, que destilan un nuevo clasismo, un elitismo desenfadado, un desprecio seco y riguroso por aquel que no se lo ha sabido montar bien. Con lo fácil que es montárselo bien en España en 2020, donde hasta regalan las secretarías, los ministerios.

Eduardo Garzón. (EFE/Mariscal)

El pobre para la derecha fue siempre alguien al que poder humillar, una vía de escape para las propias frustraciones (en general, no ser feliz siendo rico); para la izquierda, sin embargo, el pobre es una vergüenza, el mayor impedimento para el advenimiento de ese mundo chachi que tienen en la cabeza, donde todas las personas serán especiales y únicas, el Estado te permitirá ser un unicornio si tú así lo quieres, y la basura de las calles se recogerá sola.

Lo que parece ignorar Eduardo Garzón es la cantidad de pequeños comercios y empresas familiares que se sostienen prácticamente de un hilo, y para los que tener un empleado es realmente una heroicidad. Muchos abren la tienda simplemente para estar entretenidos, o por inercia de décadas, o porque son tan idiotas que hasta les gusta trabajar. Algunos ganan menos dinero que sus propios empleados.

Ignora Garzón lo ofensivas que resultan sus palabras para los autónomos que apenas pueden proporcionarse los 950 euros que lleva él en ropa

Y también ignora Garzón lo ofensivas que resultan sus palabras para cientos de miles de autónomos, esos empleadores de sí mismos que apenas pueden proporcionarse, en efecto, los 950 euros que lleva Garzón encima en ropa. Dense cuenta de que un autónomo que gane 1.250 euros al mes en realidad gana 950, pues ha de pagar la cuota mínima de su régimen, que son casi 300 euros. Estos amigos míos que se dedican al periodismo 'freelance', que escriben más de 100 artículos al año para, a fin de cuentas, llevarse a casa 1.000 euros al mes; y todo sin vacaciones, ni pagas extra, sin atención alguna de Gobierno alguno. Por no hablar de los artistas, también autónomos, que dan por buenos esos 1.000 euros al mes si pueden dedicarse a pintar, hacer fotos, escribir o componer. Eduardo Garzón considera, si somos fieles a su concepto, que el cantante de La Estrella de David debería dejar la música si no vende tantos discos ni da tantos conciertos con todo vendido como Alejandro Sanz. ¿Qué sentido tiene hacer algo que amas y que te hace feliz si no te da mucho dinero? ¡Déjalo, desgraciado! Así es la Izquierda.

Sin embargo, es difícil casar la aversión hacia Amancio Ortega, que tiene miles de empleados con sueldos seguramente envidiables para la gran mayoría de asalariados y autónomos, con esta recién descubierta aversión al pequeño empresario, que no puede pagar 950 euros a un único empleado; y al autónomo, que es un masoca y un inútil. Habrá que elegir, amigos de izquierdas. O estáis con Zara o estáis con La Estrella de David.

Yo creo que en menos de 10 años tenemos a la izquierda hablando bien de Amancio Ortega. A fin de cuentas, de Apple no se habla mal nunca.

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