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'Harlots': cuando ser prostituta era mejor que casarse

23.08.201705:00 H.

"El dinero es el único poder de una mujer en este mundo. Te hará libre", es el consejo que le da Margaret Wells (Samantha Morton) a su hija pequeña y todavía virgen. La serie 'Harlots: cortesanas' (en España se emite en COSMO) pone de manifiesto que si la prostitución es la profesión más antigua del mundo, es porque los hombres, desde que controlan el poder, no permitían a las mujeres ganar dinero con otra cosa que no fuera su cuerpo. Se nos negaba la razón y con ello la posibilidad de ser algo que no fuera la señora de. Ser prostituta en aquella época significaba desafiar el poder patriarcal, pero vivir libre e independiente al control del hombre no era fácil: conllevaba adquirir el estigma abrasador de la palabra 'puta'. Palabra que cuando sale de los labios de una mujer funciona como una poderosa arma de control que divide para que sean otros quienes venzan. Cuando es un hombre quien la pronuncia, destila frustración y orgullo herido.

Su convencimiento de que las mujeres son seres domésticos, débiles, bellos e inferiores les hace insoportable encajar su rechazo o negativa. Insultan aludiendo a su vida sexual como si no estuvieran desesperados por pertenecer (o seguir perteneciendo) a ella. A las putas se las señala con el dedo mientras que los puteros relatan sus corridas y brindan por su hombría. 'Harlots' está ambientada en 1763, sí. Pero parece que las cosas desde entonces no han cambiado demasiado.

'Harlots' está ambientada en 1763, sí. Pero parece que las cosas desde entonces no han cambiado demasiadoCuanto más leo sobre historia de la mujer, más segura estoy de ello. Las canalladas se reciclan y reaparecen adaptadas a los nuevos tiempos. No hay instituto en el que los adolescentes no realicen listas puntuando a sus compañeras de clase. No buscan a la más brillante o perspicaz sino el mejor culo y las mejores tetas. Gana la más guapa, obviamente. En esta etapa ya tienen sobradamente claro cuál es el objetivo vital de cada uno de ellos en función de su sexo, fruto de una sociedad que sigue educando en astronautas y princesas, así que se ven con el respaldo suficiente como para empezar a opinar del físico de sus compañeras y, además, hacerlo público. Pues resulta que este sistema de votación de calificación de objetos follables y ornamentales es más viejo que la tana.

Ya en el Londres de 1763, en donde una de cada cinco mujeres se prostituía para sobrevivir, se editaba anualmente un inventario con las prostitutas de la zona y una descripción con sus características físicas y capacidades amatorias. Como el catálogo de IKEA pero para montar mujeres en vez de muebles. Precisamente así es como abre el piloto de 'Harlots: cortesanas', con las chicas de la casa que regenta la madama Margaret Wells leyendo las reseñas sobre sus servicios. La serie está creada, producida y dirigida por mujeres, y se nota.

Lucy Wells, leyendo 'La lista de Harris'. (Hulu)

Las putas de 'Harlots' no esperan que ningún príncipe azul venga a salvarlas. Abrirse de piernas les procura perdices en el plato sin pasar por la vicaría. La actriz Alison Newman y la guionista Moira Buffini ('Byzantium', 'Jane Eyre') están detrás de este drama inspirado en 'The Covent Garden Ladies', de la historiadora Hallie Rubenhold, y cuenta con la dirección de Coky Giedroyc ('Penny Dreadful') en varios capítulos.

La primera vez nunca se olvida

En aquella época, los hombres coleccionaban amantes, virgos, joyas y cuadros. Mientras pudieran pagarlo, podían tenerlo. En el primer capítulo, Margaret se ve obligada a subastar la virginidad de Lucy (Eloise Smyth), su hija pequeña. Durante una noche en la ópera recibe las ofertas de los interesados, que durante el espectáculo podrán observar la nueva mercancía. Muchos de ellos acuden con sus esposas, que asumen que un hombre sienta un placer sublime al desvirgar a una adolescente. Ya me explicará alguien si esto realmente tiene algo que ver con el placer sexual y no con el control y dominación de otro ser humano. A mí no me gustaría tener relaciones con alguien que 1) no tiene experiencia —yo lo que quiero es que me procuren un orgasmo—, 2) no me desea realmente —si tengo que pagarle, me seco: no sé si me explico— y 3) sea mucho más joven que yo. Aclaración en el punto 1.

Lucy y Charlotte Wells, en la ópera. (Hulu)

Durante esta escena en la ópera, los hombres se presentan como buitres carroñeros. Seres tremendamente frágiles que necesitan alardear de cuenta corriente para (re)marcar cuál es su lugar en la sociedad. Los puteros temen que sus sables flaqueen. Contar que embistieron con violencia les resulta más placentero que la relación en sí. ¿Imagináis que un soldado volviera de la guerra contando que ganó una batalla por la que todos saben que pagó antes de librarla? ¿Que un equipo de fútbol se enorgulleciera de ganar un partido amañado? Inexplicablemente, así funcionaba —y así funciona— la mente de un putero.

Cuando a la esclavitud la llamaban matrimonio

No hace falta trasladarnos al siglo XVIII para saber que el matrimonio era (y sigue siendo en muchos lugares) una fórmula magistral para esclavizar mujeres. Todos tenemos abuelas y hemos visto cómo cocinaban, fregaban y servían a su familia hasta en el día de su cumpleaños. Si algo tiene claro Margaret Wells es que no quiere que ninguna de sus hijas sea víctima de ese destino. "No le desearía el matrimonio ni a un perro", contesta con la cabeza alta cuando le proponen buscar marido para la pequeña. Si bien 'Harlots' no pretende ser una defensa de la prostitución, sí reflexiona sobre las decisiones de las protagonistas teniendo en cuenta las circunstancias que las rodean.

El matrimonio era (y sigue siendo en muchos lugares) una fórmula magistral para esclavizar mujeresExaminando el contexto, no parecía mucho más indigno vender un servicio sexual que contraer matrimonio. La serie nos presenta a las protagonistas como unas pioneras, como las primeras mujeres en lanzarse al mundo laboral. Si esto era lo único que las dejaban vender, es lógico que sea con ello con lo que empezaran a comercializar. Desgraciadamente, a lo largo de la historia, las mujeres se han visto obligadas a decidir continuamente cuál era para ellas el mal menor.

En 'Teoría King Kong', Virgine Despentes equipara el matrimonio a la prostitución. La artista francesa cuenta su experiencia como puta y explica que "las mujeres que hacen el trabajo son inmediatamente estigmatizadas, pertenecen a una categoría única: víctimas. [...] No temen que no sobrevivan a ello, al contrario: temen que vengan a decir que no es un trabajo tan aterrador". Afirma que mientras la sociedad siga siendo patriarcal y educando en roles, la separación entre ambos términos es una cuestión de matices. Que si no se establecen las condiciones para que las prostitutas puedan ejercer libremente, es precisamente por proteger el mercado, "porque si el contrato prostitucional se vuelve común, el contrato marital aparece más claramente como lo que es: un trato en el que la mujer se compromete a realizar cierta cantidad de faenas que aseguran el confort del hombre por tarifas que resisten toda competencia".

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En la época que plantea 'Harlots' no tengo ninguna duda de que las cosas eran tal y como las define Despentes. En la época de nuestros abuelos, seguramente también. A día de hoy admito que este tema me genera muchas contradicciones. No dudo que haya quienes desarrollan esta profesión simple y llanamente porque les da la gana, pero deben saber que nos perjudican a todas. Si algo tengo claro es que no quiero que se alienten profesiones que nos reducen a un objeto o producto consumible. Tengo una vara de medir que, por supuesto, no es cien por cien eficaz, pero me ayuda a saber cuándo estoy ante una profesión que refuerza la estructura patriarcal.

En primer lugar, me pregunto: si escuchara decir a una niña que quiere serlo de mayor, ¿como reaccionaría? Ser paragüera, por ejemplo. No es lo que desearía para mis allegadas 'ergo' tampoco para las demás. Si no estoy segura de la respuesta, el siguiente paso es preguntarme qué pensaría si lo dijera un niño. Normalmente con esto se borra toda duda: "Pues mira, mamá, yo de mayor quiero ser puto o amo de casa". Llamadme carca, pero definitivamente no lo veo. Si perjudican al conjunto, no puedo apoyarlo.

¿Qué pensaría si lo dijera un niño? Normalmente, con esto se borra toda duda: "Pues mira, mamá, yo de mayor quiero ser puto o amo de casa"Creo que las mujeres necesitamos desarrollar conciencia de clase pero, habiendo sido educadas bajo un prisma machista que nos aboca a competir entre nosotras y un sistema que nos obliga a pelearnos por las migajas, sé que no es una misión fácil. La realidad es que quienes lo hacen por gusto no son suficientes como para atender toda la demanda y eso acaba desembocando en millones de niñas y adultas obligadas a ejercer la prostitución en todo el mundo.

Para que la explotación sexual de mujeres acabe, los hombres tienen que dejar de vernos como objetos consumibles. Echad un vistazo en Twitter y encontraréis infinidad de señores de izquierdas en contra de todo tipo de explotación menos del de la mujer. Entonces apuntan a la libre elección. Al parecer, tienen clarísimo que alguien que trabaja por seis euros la hora lo hace por necesidad o por reglas del mercado que perjudican a los empleados —y en consecuencia se manifiestan e invocan el Estatuto de los Trabajadores—, pero que una mujer se prostituya es única y exclusivamente por vocación. Te saltan como hienas. Se les ilumina un letrero en la frente que reza “no me toques los privilegios, que me conozco".

Charlotte, en una imagen de 'Harlots'. (Hulu)

Tampoco entiendo que se demonice la figura de la prostituta ni que, independientemente de las circunstancias bajo las que se ejerza la prostitución, se le cuelgue el papel de víctima, como decía Despentes. Eso sí es algo que he visto en películas y series, incluso cuando queda claro que la puta en cuestión no está ligada a ninguna mafia, ni tiene importantes problemas económicos ni pertenece a alguna minoría social que la empuje a la calle por necesidad.

Tampoco entiendo que se demonice la figura de la prostituta ni que se le cuelgue el papel de víctima, como decía Despentes

Por poner un ejemplo, en 'Princesas', de Fernando León, hay una escena en la que un chico reconoce a Candela Peña y la asalta en el baño de un restaurante, en el que ella está cenando con una cita, para comprarle una mamada. Ella le explica que no está trabajando, pero él continúa acosándola y finalmente le da el servicio. El espectador atiende con pena, observa con decaimiento cómo se mete la dignidad en el bolsillo y abre la boca. Este personaje es una mujer que ejerce la prostitución porque quiere. ¿No habría sido más realista que le hubiera mandado a la mierda? ¿Que le hubiera despachado con algún improperio o le hubiera soltado un bofetón? ¿Es que ser puta (por convicción) te obliga a coger todos los servicios que se te ofrecen incluso aunque te falten al respeto?

En 'Harlots' hay una secuencia similar, pero con un desenlace muy diferente. Un noble paseando a caballo se encuentra con Charlotte (Jessica Brown Findlay), la mayor de las Wells, y le ofrece con buenas palabras retozar en ese mismo instante a cambio de unas monedas. Ella le recrimina que no es ninguna fulana con la que echar un polvo rápido entre los arbustos y se va como una señora dejándole una erección como una catedral. La sensación que genera en el espectador es muy diferente a la anterior, dan incluso ganas de aplaudir a la cortesana.

Si follan con uno, que follen con todos

Una escena de 'Harlots'. (Hulu)

Hay una escena de la serie que llamó especialmente mi atención. La casa Wells se muda a otra calle y una de las chicas va en un coche de caballos hacia el nuevo piso. Los vecinos la abordan en la calle y empiezan a tocarla y gritarle improperios. Claman por su derecho a poseer su cuerpo. Creen que como folla por dinero, ha perdido el derecho a que se la respete y consideran que podrían poseerla por la fuerza sin remordimiento. La escena no dista mucho de cualquiera de las fotografías que vemos cada año en San Fermín, con grupos de tíos metiendo mano a chicas que van en bikini o que se han levantado la camiseta a hombros de un amigo. Al parecer, y desde por lo menos el siglo XVIII, ellos deciden dónde empieza y acaba nuestra dignidad. Si la perdemos desobedeciendo sus mandatos, perdemos la condición de persona para convertirnos en agujeros de libre acceso. Digo yo que ya va siendo hora de que se hagan a la idea de que las cosas han cambiado.

A ver si con un poco más de sororidad y buenos planes de educación conseguimos que los hombres dejen de vernos como a un florero y que nuestros nombres acaben apareciendo de manera cotidiana en la lista 'Forbes', en la de las personas más influyentes del mundo o en la de a quiénes quieren parecerse nuestros jóvenes, y no en las de los pajilleros de instituto. Que el camino que iniciaron mujeres como las de 'Harlots' nos sirva de aliento para llegar a la cima. Como dice la propia Margaret Wells: "Esta ciudad está hecha con nuestra carne. Tendremos nuestra parte".

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