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Pepu Hernández, aire fresco en la política madrileña

“Frases cortas, cuchillos largos”. Me apropio del fogonazo verbal de la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, con la que ayer compartí mesa (club Siglo XXI) en torno a Pepu Hernández, cabeza de la lista del PSOE a la alcaldía de Madrid.

Nos remite a la parte innoble de la política nacional. La que se expresa con salmos manufacturados pero deja las cosas como estaban. La que cursa atropellando las reglas del juego en las luchas de poder. La que en el aquí y ahora ha encontrado su gran antagonista en la figura de Pepu Hernández, el hombre que por desconocer el oficio lo hace con respeto. Como en el poema de León Felipe: “Para enterrar a los muertos sirve cualquiera, menos un sepulturero”.

Por el propio Pepu, supimos que el responsable de una de las 22 agrupaciones socialistas de la región despachó su presentación sin mirarle, sin mencionarle, de este modo: “Y ahora os van a hablar”. El candidato, que aún luce el discreto encanto del recién llegado a la política, atribuye el lance a “un problema de educación” que no contrae su fe en el empeño de hacer cosas por los demás.

No es militante del PSOE. Y aunque se ganó en unas primarias el derecho a competir como independiente, acepta deportivamente el reto de ganarse a la militancia para la tarea que le encomendó Pedro Sánchez: cambiar el baloncesto por la política y ganar las elecciones en el municipio de Madrid. Lo aceptó porque, aunque no tiene nada que ver con la política, “pensé que podía ayudar a mejorar la vida de la gente”.

El presidente de cierta agrupación socialista despachó su presentación sin mirarle, de este modo: “Y ahora os van a hablar”

No ha cambiado su primera reacción ante la oferta del presidente del Gobierno. Con la mayor naturalidad, impropia de un político al uso, sigue hablando de la sorpresa que le produjo el hecho de no tener que empezar desde abajo. En su ánimo, perdura esa impresión. Y prueba que, al menos hasta ahora, algo más de dos meses después, no ha perdido la inocencia.

De modo que, por ejemplo, el cuerpo no le pide hostigar a su competidora, Manuela Carmena, que el día anterior nos confesó en la radio su negativa a quedarse en la oposición. O sea, que si no renueva el cargo de alcaldesa se irá a su casa. Justo al revés que Pepu: “Estaré donde los madrileños y las madrileñas me pongan, en el Gobierno municipal o en la oposición”.

Las fichas le salen por las orejas. Se empapa de los problemas de Madrid (los semáforos de la A-5, Madrid Central, Operación Chamartín, la movilidad, pisos turísticos…). Ha aprendido a decir 'canutazo' y concibe los debates televisivos como un espectáculo, no como un escaparate de propuestas.

Todavía se resiste a admitir la imposibilidad de trasladar valores del deporte a los ámbitos del juego sucio y las frases de usar y tirar. Defiende la nobleza de la política, sostiene que no todos los políticos son iguales y confiesa su admiración por Ángel Gabilondo, también independiente, compañero en el tique electoral socialista en la política madrileña: “Cuando le oigo hablar, siempre aprendo”.

Con la mayor naturalidad, impropia de un político al uso, sigue hablando de la sorpresa que le produjo el hecho de no tener que empezar desde abajo

Dice que aún no se ha sentido afectado por el consabido juego sucio entre quienes luchan más por los sillones que por los programas. Pero lo ha visto en otros y eso no le deja indiferente. Le pregunté por la espantada del expresidente de la Comunidad de Madrid Angel Garrido, un veterano militante del PP que cambió de bando de la noche a la mañana. “No lo critico, pero hay cosas que me cuesta entender”.

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