Puedes configurar tu consentimiento pulsando aquí :

Ortega Smith en el Ministerio del Tiempo

Se le ha hecho tan tarde a Ortega Smith el siglo XXI que a veces al escucharle parece un personaje sacado de 'El Ministerio del Tiempo', convencido de que en su época se vivía mejor

4'

Se le nota hasta en los andares a Javier Ortega Smith que añora la España de los conquistadores y los ocho apellidos castellanos. Bueno, siete. Lo malo es que le ha tocado nacer cuando el mapamundi ya estaba dibujado y así no hay quien conquiste nada. Ahora, para descubrir un nuevo mundo, te lo tienes que inventar. Y en ello está el concejal de Vox con la inestimable ayuda de su partido y los bulos de internet, un inventazo para crear realidades paralelas que, a falta de territorios inexplorados, ofrece magníficas oportunidades para imponer una visión del mundo. Alguna ventaja tenía que tener el presente. No todo va a ser consenso progre.

Se le ha hecho tan tarde a Ortega Smith el siglo XXI que a veces al escucharle parece un personaje sacado de 'El Ministerio del Tiempo', convencido de que en su época se vivía mejor. Seguramente se mataba mejor también. Con menos burocracia, fijo. Hace no tantos siglos, este exmilitar habría aspirado a ver su retrato en el Prado tras poner su nombre a una provincia de ultramar. ¡Qué digo provincia! ¡Un continente! Ahora, sin embargo, todo son problemas para el hombre blanco. Hasta los infieles tienen derechos aunque no tengan papeles. Por no hablar de las mujeres, ¿pero qué mierda le pasa a todo el mundo en el siglo XXI con las mujeres? Si hasta tienen leyes que las protegen del machismo. Leyes para ellas solas. ¿Acaso ahora no somos todos iguales? Ñeñeñe.

Ortega Smith repite mucho que todas las vidas valen lo mismo y la violencia no tiene género. Son frases pegadizas. Mucho más convincentes para captar votantes, desde luego, que ir por ahí diciendo que lo que tu partido defiende es que no haya leyes específicas para proteger a los colectivos más vulnerables. Si lo explicaran así, claro, diciendo que cada cual apechugue con lo que le haya tocado al nacer, convencerían a menos gente. Menos todavía si donde Ortega Smith suelta sus soflamas contra la Ley de Violencia de Género con aires mitineros es precisamente en un acto contra las víctimas que la han sufrido.

No es que este partido no quiera proteger a las mujeres, repiten sus acólitos, es que quieren proteger a todo el mundo por igual. ¿Por igual cómo? ¿Destinando los mismos recursos para prevenir una de las principales causas de muerte violenta entre las mujeres a cualquier otro tipo de crímenes, por esporádicos que sean? La ley actual necesita mejoras, no pirómanos. Y desarrollar medidas para proteger a un colectivo no significa desproteger a los demás. También puede haber otros casos que necesiten ayudas específicas. Si la tasa de suicidio entre los hombres es muy superior a la de las mujeres, ¿no habrá que invertir más en protegerlos a ellos en determinados supuestos? Si a hombres y mujeres no nos mata lo mismo, las formas de morir sí que tienen género.

Otra frase muy resultona es la de condenar todas las violencias por igual. Siempre es la respuesta fácil para no reconocer el tipo específico de víctimas que contradicen un argumentario político. La coartada no se la ha inventado Vox. Juraría que también se la he oído a Otegi. Y antes a Arzalluz. Cuando un político no reconoce una causa común que une a cientos de víctimas de forma obvia, puede hacerlo por ceguera o por maldad. Lo que está claro es que si no ve el problema, difícilmente va a encontrar el modo de solucionarlo. Cargar contra el único pacto de Estado que ha puesto de acuerdo a derechas e izquierdas en los últimos años, tampoco. Y menos haciéndolo de malos modos en un homenaje a las propias víctimas.

Para Vox, claro, los ciegos son los otros. Sostiene este partido que todos los demás están equivocados, como el que va al revés en la autopista y avisa a la policía escandalizado porque no para de cruzarse conductores en dirección contraria. Es la enorme ventaja de conquistar realidades paralelas. En ellas, puedes construirte un imperio de mentira y creerte muy valiente al conquistarlo. No sé de qué época vendrá Ortega Smith. Pero en esta, hacerse el gallito insolente en un homenaje a las mujeres maltratadas es lo contrario a la valentía. Se va retratando ella sola la ultraderechita más cobarde.

Hoy en portada