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Cómo caímos en la trampa con ‘Lo que el viento se llevó’

¿En qué bando está usted? ¿En los que se ofenden por el racismo de una película de hace 80 años o los que se indignan porque la retiren de una plataforma de pago por racista?

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Qué bien le ha salido la jugada a HBO con ‘Lo que el viento se llevó’. ¿En qué bando está usted? ¿En los que se ofenden por el racismo de una película de hace 80 años o los que se indignan porque la retiren de una plataforma de pago por racista? Es difícil abrirse camino con otros titulares entre tanto coronavirus, pero apostar por una contienda de indignados contra ofendiditos es ir sobre seguro si lo que se quiere es hacer un poco de ruido mediático. Por mucha pandemia que haya, no hay quien se resista a tomar partido en una guerra cultural que tiene tanto de identitaria.

La primera trampa es llamar a esto censura. En realidad, HBO no ha censurado nada, por más que haya venido bien llamarlo así para que los titulares resulten más llamativos. Los contenidos entran y salen constantemente de los catálogos de las plataformas sin que, francamente, querida, a nadie le importe un bledo. ¿A qué tanto revuelo?

"En Europa y EEUU, las empresas emiten lo que les da la gana con la misma libertad que sus clientes tienen de pagar o no por sus servicios"

Muchas otras películas del siglo XX se dejan de programar en las teles o se retiran constantemente de las plataformas por múltiples motivos sin que estas empresas se molesten en explicarlos públicamente. Los servicios de pago son perfectamente libres de elegir qué títulos emitir según sus valores y sus intereses comerciales que, obviamente, evolucionan con el tiempo. Censura no es esto. Censura es lo que China hace hasta con Winnie the Pooh y Arabia Saudí con casi todo lo demás. Hay muchas dictaduras en las que las plataformas de 'streaming' no pueden emitir ciertos contenidos y vetan desde series de Netflix por mostrar relaciones homosexuales a documentales sobre derechos de las mujeres. Eso sí que es censura. En Europa y EEUU, las empresas emiten lo que les da la gana con la misma libertad que sus clientes tienen de pagar o no por sus servicios. Aquí lo que hay, además de mucha indignación, es un debate cultural.

Por el escándalo de la última semana, parece que HBO hubiera quemado en una pira el celuloide de ‘Lo que el viento se llevó’ a 451 grados Fahrenheit, cuando simplemente la ha retirado temporalmente de su catálogo aprovechando la efervescencia del Black Lives Matter. Aprovechó para ello la inspiración de un artículo en 'Los Ángeles Times' que planteaba la necesidad de darle contexto a una cinta que, según John Ridley, el guionista ganador de un Oscar por ‘12 años de esclavitud’, idealiza el racismo y perpetúa estereotipos dolorosos. Lo interesante, claro, sería tomar esta reflexión como punto de partida para el debate y no como dogma.

HBO tardó en matizar que no suprime la película para siempre, que “regresará al catálogo con una discusión de su contexto histórico y una denuncia de esas mismas representaciones”. Que la plataforma tardara en aclararlo ayudó a que la indignación de quienes llaman a esto censura fuera mayor que si lo hubiera explicado bien desde el principio. El aparente malentendido sirve para transmitir la idea de que la empresa primero escucha a los ofendidos por el racismo de la cinta y luego a los indignados por su retirada. Además, con la aclaración posterior, gana doble ronda de titulares. Y gracias a la polémica, de paso, mucha gente descubre que en su catálogo también hay cine clásico.

La cinta de 1939 se ha convertido en superventas en Amazon y iTunes. Otra prueba de que a nadie se le estaba arrebatando su derecho a ver el drama sureño protagonizado por Scarlett O’Hara y Rhett Butler. Si tiene usted urgencia en comprobar con sus propios ojos lo poco o nada que le ofende esta película sobre la guerra civil estadounidense, no se preocupe, que su DVD puede adquirirse en cualquier otra superficie comercial y volverán a emitirla en abierto cualquier día a la hora de la siesta. A lo mejor hasta la tiene en el trastero junto a aquella colección de VHS y ni siquiera la desempaquetó cuando en los noventa se la regalaron con el periódico.

Si glorifica o no la esclavitud esta película de 1939, es discutible. Mucho más intrigante me resulta por qué a tanta gente le indigna siquiera que se discuta este asunto o se considere una herejía insertar una advertencia que aporte contexto a la obra. “Si queremos crear un futuro más justo, equitativo e inclusivo, primero debemos reconocer y comprender nuestra historia”, dijo un portavoz de HBO. ¿Tanto ultraja esto la memoria de los clásicos Hollywood? ¿Es tan ofensivo incluir una acotación sobre una cinta legendaria que cada vez menos gente ha visto?

El movimiento antirracista está cuestionando algunos productos culturales, como antes hizo el feminismo, ante el desconcierto de gran parte de los opinadores, que no entienden la necesidad de revolver tanto el pasado. Será que con la identidad pasa como con el dinero, solo le quita importancia quien tiene la suya resuelta.

Al que no le guste ‘Lo que el viento se llevó’ que no la vea, ¿no? El argumento sirve también para defender que a quien no le guste el catálogo de HBO que no se suscriba. O a quien le moleste el cartelito que dice que una película es racista o machista que no lo lea. Habrá a quien poner una advertencia le ayude a entender mejor lo que está viendo o a decidir que prefiere no verlo. A otros les parecerá una memez. Cuando una película incluye en la sinopsis alertas por escenas de sexo o violencia poco recomendadas para niños, algunos no hacemos ni caso pero deja tranquilos a otros muchos.

"A lo mejor entonces lo que molesta tanto es constatar que algunos de los productos culturales representan valores que van quedándose obsoletos"

A ver, no solo estoy en contra de la censura. Tampoco creo que sea buena idea ver exclusivamente contenidos que a uno le den la razón sobre su propia escala de valores, ni mucho menos dejar de ver una obra porque los contradiga. Pero en una época en la que estamos acostumbrados a tener todo tipo de contenidos accesibles en cualquier momento y el contexto está en peligro de extinción, dotar las obras de alguna explicación histórica no parece tan descabellado.

Esto no es algo que se hayan inventado las hordas de tuiteros indignados, el canon de lo que se considera socialmente aceptable nunca ha dejado de cambiar. La gran novedad, además de la velocidad del cambio, es que ahora todo el mundo pueda opinar en alto. Nunca tanta gente había tenido voz sobre lo culturalmente aceptable. Es más, es la primera vez que algunos puntos de vista son siquiera escuchados. Normal que sea un jaleo.

A lo mejor entonces lo que molesta tanto es constatar que algunos de los productos culturales con los que nos criamos representan valores que van quedándose obsoletos. La crisis identitaria no es solo la de quienes reivindican que se tenga en cuenta su punto de vista silenciado por la historia, también la de quienes ofenden esas reivindicaciones. A unos les oprime una ficción descontextualizada, a otros que se la acuse de racista. Convendría debatirlo más e indignarse menos.

Llenar las películas de instrucciones de uso, es verdad, tiene el riesgo de que al final vivamos en burbujas cada vez menos plurales que en vez de enriquecerla se limitan a reproducir nuestra visión del mundo. Y en vez de disfrutar con la mente abierta del mayor acceso a contenidos culturales de la historia, las plataformas terminen creando cámaras de eco de filtros autocomplacientes. Ni poner un cartelito que aclare si una película es o no racista soluciona el problema de fondo, ni negarse a ello contribuirá a que el debate avance.

Nunca hemos vivido en una sociedad realmente igualitaria, ni tengo claro que tal y como ha ido la polémica por la retirada temporal de ‘Lo que el viento se llevó’, esto haya servido de avance alguno para lograrla. A quien sí que le ha salido bien es a HBO. Qué curioso que la polémica llegue justo ahora que la plataforma de 'streaming' de Warner lanza su nueva marca, HBO Max, para competir con Netflix.

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