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España: la macrofábrica de carne y pienso

El modelo de ganadería que tenemos, el industrial, no solo es cuestionable desde el punto de vista del trato a los animales, sino también si tenemos en cuenta lo negativo que resulta para el medio ambiente

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Cada vez suenan más altas las alarmas ante la insostenibilidad asociada al incremento en el consumo mundial de carne y otros productos de origen animal. No es casualidad que las grandes cadenas de supermercados y comida rápida muestren en su publicidad animales felices pastando en verdes y bucólicos campos. Tampoco son reales.

El modelo de la ganadería industrial no solo maltrata a los animales, y genera importantes problemas ambientales por contaminación de suelos, agua y aire, sino que requiere tratamientos sanitarios y, sobre todo, depende de ingentes cantidades de pienso. Uno de los ingredientes mayoritarios del pienso es la soja, una leguminosa producida sobre todo en América Latina, cuyo cultivo se ha expandido hasta los 125 millones de ha de la actualidad, equivalente a la superficie de Portugal, España y Francia juntos. Lejos de los beneficios ambientales y sociales que genera la ganadería extensiva reflejada en el cartón de leche del súper, los piensos industriales y la carne, lácteos, huevos y derivados de origen industrial, esconden deforestación, grandes incendios, destrucción de la biodiversidad y los hábitats, y desplazamiento de poblaciones que se ven forzadas a la pobreza y la emigración. Y España tiene una gran responsabilidad en esto.

La soja, uno de tantos “oros verdes”

La soja es una materia prima fundamental para la elaboración de piensos debido a su atractivo perfil nutricional: su contenido de proteína es muy alto (38% en el haba de soja entera) con aminoácidos esenciales para el desarrollo de los animales.

La industria española de piensos compuestos, destinados fundamentalmente a la producción industrial de carne de ave y cerdo, huevos y leche, ha crecido hasta convertirse en líder europea, impulsada por una industria cárnica en auge cada vez más orientada a la exportación. Utiliza la soja en dos formas principales: el haba de soja, y la harina o torta de soja. Es decir, se moltura el haba para la extracción del aceite, obteniendo un subproducto sólido que se convertirá en torta, la materia prima más utilizada en la industria de piensos por su mayor contenido en proteína (48%).

El circuito de la soja en la ganadería industrial española

La Unión Europea es extremadamente deficitaria en la producción de proteína para alimentación animal, por lo que la mayoría de soja utilizada en ganadería se importa de países de América (Brasil, Argentina y EE UU). En España, la soja entra en forma de habas a través de los puertos de Barcelona, Bilbao y Cartagena, donde se sitúan plantas molturadoras de Bunge y Cargill para su procesamiento. La torta de soja, en cambio, entra a través de los puertos de Barcelona, Tarragona y Huelva. Una vez en territorio español, la soja y sus derivados se distribuyen por tierra, con importancia creciente del transporte ferroviario, gracias a importantes plataformas logísticas que cubren todo el país hasta llegar a las plantas elaboradoras de piensos (concentradas sobre todo en Catalunya, Aragón y Castilla y León). Estas suelen ubicarse cerca de grandes producciones industriales ganaderas.

Infografía: Ecologistas en Acción

La producción de piensos se enmarca en la fórmula de “integración ganadera”, en que una misma empresa cubre todo el proceso productivo, desde la fabricación de los insumos necesarios para la producción (incluidos los piensos), hasta la transformación y comercialización del producto final. En este modelo el pequeño o mediano productor queda supeditado a las demandas e intereses de la integradora, como un mero operario en la cadena de producción. Este modelo industrializado, además, está altamente tecnificado y concentrado en determinadas empresas con grandes capitales que puedan competir en el mercado internacional, comercializando sus productos en grandes cadenas de supermercados. Se trata de un modelo que responde a las demandas del mercado, y no a las necesidades alimentarias de la población, lapidando por el camino recursos naturales y opciones de vida sostenible de cada vez más territorios rurales a ambos lados del océano.

Piensos y ganadería industrial, la otra 'marca España'

El 87% de la soja importada en la UE está destinada a la fabricación de piensos para ganadería. Entre 1990 y 2019, España ha duplicado la importación de habas de soja, que proceden mayoritariamente de Brasil y Estados Unidos, alcanzando los 3,4 millones de toneladas. Casi la totalidad (99,7%) se consumen o transforman internamente, ya que España es un punto geográficamente estratégico para empresas que importan soja desde el continente americano y molturan el haba en sus instalaciones españolas obteniendo torta y aceite de soja, para abastecer de materias primas a grandes industrias. Además, a España llegaron en 2018 2,2 millones de toneladas de torta y 79.000 toneladas de aceite de soja. Por su parte, el consumo de aceite en la fabricación de biodiésel, crece en los últimos años de la mano de las restricciones normativas al aceite de palma.

En 2019 se produjeron 37 millones de toneladas de piensos para cuya fabricación se consumieron más de medio millón de toneladas de habas tostadas y más de 4 millones de toneladas de torta de soja. Según datos de EUROSTAT y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, España ha aumentado casi un 20% su producción de piensos entre 2009 y 2019, y es ya el mayor productor de la UE. Además, según Comercio Exterior, en 2019 España importó 1,6 millones de toneladas de productos de origen animal, destacando un 54% de lácteos y huevos.

Infografía: Ecologistas en Acción

Pero, ¿tantos alimentos de origen animal comemos en España? Comemos mucha carne, lácteos o huevos, desde luego, pero una parte cada vez más importante de las producciones estatales se destinan a otros mercados. En ese mismo año, España exportó 3,4 millones de toneladas de piensos animales y más de 4 millones de toneladas de productos de origen animal, de los que más de la mitad fue carne . De hecho, un cuarto de estas exportaciones fueron a China, en gran medida fruto del acuerdo comercial entre ambos países que se firmó en 2018. En el caso de la producción porcina en concreto, España se autoabastece en más del 170%, situándose como primer exportador de productos de cerdo al país asiático desde 2018 y siendo el cuarto mayor exportador del mundo. Sin embargo, esta “burbuja” del porcino podría desinflarse pronto, ya que China empieza a superar las recientes epidemias de peste porcina, que redujeron drásticamente su producción interna.

"Los mercados y las políticas públicas impulsan el modelo ganadero industrial basado en la soja"

Estos datos dibujan una España que se ha convertido en una maquila porcina, sostenida sobre importantes importaciones de soja y cereales para producir grandes cantidades de carne industrial desvinculadas de las necesidades reales del territorio y de lo que correspondería a una dieta saludable. En 2018 se produjeron más de 7 millones de toneladas de carne, a pesar de que el consumo en los hogares nacionales solo fue de 2 millones de toneladas. Es decir, se está exportando gran parte de la producción ganadera industrial, respondiendo únicamente a las demandas del mercado y dejando a su paso numerosos impactos socio-ambientales tanto en los lugares de cultivo de la soja, como en los territorios rurales que concentran las instalaciones de ganadería industrial.

Alternativas a la soja en la ganadería

La sustitución de la soja importada por fuentes de proteína autóctona para piensos es inviable en el corto y medio plazo, y supondría la perpetuación de un modelo productivo con graves impactos. Avanzar hacia la sostenibilidad del sistema agroalimentario requiere, además de reducir los consumos de proteína animal y apostar por los cultivos de legumbres autóctonas para alimentación humana, la transición a sistemas productivos ganaderos extensivos y agroecológicos, adaptados a los recursos y particularidades de cada territorio. La ganadería extensiva abarca diferentes modelos de aprovechamiento de los recursos naturales, principalmente mediante pastoreo, accediendo con el ganado a zonas generalmente no aptas para usos agrícolas. Para hacerla viable, se han desarrollado diferentes formas de trashumancia que facilitan la movilidad del ganado en busca de los recursos disponibles en cada momento y en cada lugar. La ganadería extensiva ha conformado durante siglos infinidad de ecosistemas y paisajes culturales de alto valor natural, como la dehesa, los pastizales de montaña, corredores ecológicos o la inmensa y valiosa red de vías pecuarias.

En los sistemas productivos ganaderos, la transición hacia la sostenibilidad supone pasar de la aplicación del paquete tecnológico estándar en todo el mundo (soja, maíz, razas de ganado selectas, confinamiento y medicamentos), a un modelo agroganadero adaptado a cada territorio y centrado en el aprovechamiento de recursos marginales, que no compitan con la alimentación humana en el uso global del suelo: sacar al ganado de los establos y que aproveche a diente pastos, praderas y montes; siempre adaptándose a los ciclos naturales del pasto. Además, necesitamos un programa sólido de reintroducción de variedades de leguminosas de cultivo adaptadas a nuestros suelos y clima, con especial atención a variedades integradas en las rotaciones con otros cultivos. Así, además de incrementar las producciones autóctonas de proteína vegetal, se mejora la fertilidad de los suelos y se reduce la huella climática de la agricultura.

La adaptación de las ganaderías a la disponibilidad de recursos para la alimentación animal pasa por una importante reducción de la cabaña ganadera, ajustando la especie animal a las condiciones de cada territorio. La transición ecológica es por tanto básicamente lo contrario a dedicar los 1.750 millones de euros de los fondos Next Generation EU que solicita la industria del porcino al Gobierno de España. Dichos fondos deben orientarse a una transformación profunda del sistema agroalimentario hacia un modelo agroecológico que produzca alimentos saludables, remunerando adecuadamente a los productores y quepa dentro de los límites planetarios.

Mientras los mercados y las políticas públicas impulsan el modelo ganadero industrial basado en la soja, las ganaderías extensivas encuentran importantes retos para alcanzar la viabilidad económica y social. Enfrentan dificultades para acceder a pastos, cerrar ciclos productivos y comercializar en el territorio. Además, requieren fuertes inversiones para volúmenes bajos de producción, en un mercado que no diferencia precio y calidad. El importante esfuerzo físico, económico y de gestión que hacen ganaderos y ganaderas extensivas debe ser reconocido y recompensado en las políticas públicas, con el reconocimiento y valoración económica y social de los servicios ambientales que realizan, y también en el mercado, a través de políticas fiscales adecuadas y la sensibilidad y responsabilidad en el consumo. Recordemos que debemos consumir #MenosYMejor, y que #NoEsLoMismo la ganadería industrial que la extensiva.

Elisa  Oteros, Abel Esteban y Mar Calvet pertenecen al Área de Agroecología y Soberanía Alimentaria de Ecologistas en Acción y a la Cátedra de Agroecología y Sistemas Alimentarios de la Universitat de Vic

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