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Belén Esteban, el referente editorial
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Peio H. Riaño

Animales de compañía

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Peio H. Riaño

Belén Esteban, el referente editorial

Directo desde Barcelona. A un lado de la pantalla Jorge Javier, al otro, ella vestida con una blusa azul cerrada. Debajo el rótulo de la victoria

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Directo desde Barcelona. A un lado de la pantalla Jorge Javier, al otro, ella vestida con una blusa azul cerrada. Debajo, el rótulo de la victoria: “Belén Esteban triunfa en el día de Sant Jordi con su libro Ambiciones y reflexiones”. Lo edita Espasa para Planeta. En la página web del programa se apunta que, además de reflexionar también se enternece: “A la copresentadora apenas le salían las palabras de la emoción”. Pero lo cierto es que durante los cuatro minutos que dura la conexión, la copresentadora del programa no calla, y en el clímax de la verborragia, mientras reconoce que ya no escribirá más, que ese es su libro, en el que cuenta lo que le pasó, se le cuela el secreto de la cocacola: “Nunca me había sentido orgullosa de mi libro y hoy me he sentido orgullosa”.

Entendemos que se refiere a que la fila infinita de telespectadores que colapsó la ciudad le pilló de sorpresa, y no que la editorial haya encargado a una tercera mano un libro en el que la princesa del pueblo no se reconoce. Quizá Esteban no ve con buenos ojos cómo le han quedado los dejes venezolanos, que crecen como el guión de una telenovela. Ha tardado casi cinco meses en aceptar su propia autobiografía, que desde el día del lanzamiento es el libro más comprado de este país.   

No hay tantos lectores en España como para levantar una industria editorial que no renuncia a dejar de hinchar su burbuja. Belén Esteban es el modelo, el referente, el ladrillazo editorial

Ella sólo es un títere, un personaje construido a imagen y semejanza de una persona cuya alta rentabilidad le convierten en el mejor producto editorial de las últimas décadas. El fenómeno llegaba a la mismísima cartera de Cultura, cuando Ángeles González-Sinde aseguraba, durante su cargo, que sentía “mucha simpatía” por la protagonista de Sálvame. A la máxima autoridad cultural del país le parecía que “pocas personas podemos vivir situaciones como la que ella vive” y que “una película sobre su vida seguro sería apasionante”. Al parecer, todo el que la mira traspasa su drama y ve en ella un negocio redondo. Un programa, un libro, una película, un anuncio de bingo, de paellas, sartenes… y carne de conejo.

Miguel Roig describe el porqué del fenómeno en el ensayo Belén Esteban y la fábrica de porcelana (Península) al definirlo como la presentación de un personaje fracturado emocionalmente, capaz de cambiar permanentemente y lograr, por medio de sus desórdenes sentimentales, el milagro del entretenimiento novelesco. Es una máquina de generar empatía con la audiencia, con los suyos.

placeholder Mario Vaquerizo.
Mario Vaquerizo.

Las casi 20 horas semanales de telerrealidad que Telecinco dedicó a alimentar a su mito son un beneficio inagotable para la empresa editora. “Si fuera un capitalista y quisiera montar una editorial, no contrataría nunca a un editor que no ve la tele”, explicaba a este periódico el editor de Caballo de Troya, Constantino Bértolo. Lo que denunciaba, con su sarcasmo habitual, era que el interés editorial se ha concentrado en productos con expectativas de venta. De venta en masa, de venta de oferta. Es decir, editoriales que ofrecen un producto que se debe consumir.

De la tele al libro

¿Quién, el lector? No, el telespectador. No hay tantos lectores en España como para levantar una industria editorial que no renuncia a dejar de hinchar su burbuja. Belén Esteban es el modelo, el referente, el ladrillazo editorial, que desde hace un par de años crece y crece los meses previos a Sant Jordi y la Feria del Libro de Madrid. Así es como la edición literaria tiende a achicarse y todo es consumo de masas.

Por citar sólo algunos de estos productos televisivos llamados a dar el pelotazo: Jorge Javier, Maxim Huerta, David Cantero, Mario Vaquerizo, Mónica Carrillo, Cristina Morató, Christian Gálvez, Luján Argüelles, Cristina Pardo, Dani Mateo, el Gran Wyoming, Nieves Herrero, Miguel Ángel Revilla, Carlos del Amor, Sor Lucía Caram, Irene Villa, Eduard Punset y su hija, Elpidio José Silva y Ferran Adriá. Y Belén, claro está.

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A la izquierda, Lara. A la derecha, Aznar.

La imaginación de las empresas editoriales, y de los editores que trabajan para ellas cocinando este tipo de meriendas, da para mucho más. Así lo hemos visto en las prospecciones que han hecho con las ruinosas biografías políticas (Aznar, Zapatero, González, Bono…), de las que se han aprovechado nuestros gobernantes con unos anticipos tan desorbitados y unas ventas tan ridículas que uno podría pensar que el beneficio de estos ejemplares se encuentra en los despachos y no en las librerías. España es más de celebridades que de políticos.

El interés editorial se ha concentrado en productos con expectativas de venta. De venta en masa, de venta de oferta. Es decir, editoriales que ofrecen un producto que se debe consumir

No se vayan todavía, aún hay más. Mesa redonda de un gran grupo editorial. Reunión para pasar el bache. Las celebridades y los políticos no tiran como esperaban. Nuevo despliegue de imaginación y se apuesta por las recetas. Según el último informe de Estadística de Producción Editorial, de el INE, la economía doméstica, la cocina y los trucos del hogar son los únicos títulos que han aumentado su presencia en el panorama librero nacional, desde 2008.

También hay un plan C. Misma mesa redonda de un gran grupo editorial. Antes no lo hemos dicho, pero ya imaginan que es en España, claro. La reflexión esta mañana es la siguiente: si a los españoles lo que más les gusta es ver la televisión y leer se la trae sin cuidado, hagamos libros que suenen a tele. Que no te enteres de que estás leyendo, que corran las páginas, que haya acción, que haya tramas y subtramas, muchos diálogos, que aquello no se pare. Así es como los editores encontraron a los guionistas, así es como los guionistas encontraron un buen lugar para hacer una buena obra: crear afición a la lectura.

Adiós a los lectores, una profecía autocumplida

La industria editorial no necesita lectores, necesita telespectadores. Y va a por ellos. Los libros que incorporan noticia escalan posiciones en el mundo de la preventa con mayor facilidad que los que sólo ofrecen literatura, más allá del apellido del autor. La comercialización del producto de Belén es mucho más fácil, porque además los comerciales que lo distribuyen por las librerías tienen más interés en colocarlo que de los que no esperan rendir cuentas. ¿Por qué? Funcionan a comisión.

El miedo a la cultura y a la literatura se ha multiplicado. Todo lo que no sean vidas reconocibles, todo lo que no se distingue como propio, lo que no se reconoce, no cuenta. Lo nuevo produce monstruos a la vista de los monstruos. Tampoco importa lo que se cuenta, importa lo que se ocupa. Las editoriales han dejado de trabajar con las ideas y las palabras, y el best-seller es la única oportunidad literaria que están dispuestas a conceder a la literatura. Los editores, editan con la calculadora en la mano y las cuentas se les han envejecido, porque no son capaces de apostar por nuevos autores ni escritoras. “Los editores han aceptado ser los voceros de los comerciales”. Quizá Belén salve a la industria, pero ¿quién salvará a los lectores?

Directo desde Barcelona. A un lado de la pantalla Jorge Javier, al otro, ella vestida con una blusa azul cerrada. Debajo, el rótulo de la victoria: “Belén Esteban triunfa en el día de Sant Jordi con su libro Ambiciones y reflexiones”. Lo edita Espasa para Planeta. En la página web del programa se apunta que, además de reflexionar también se enternece: “A la copresentadora apenas le salían las palabras de la emoción”. Pero lo cierto es que durante los cuatro minutos que dura la conexión, la copresentadora del programa no calla, y en el clímax de la verborragia, mientras reconoce que ya no escribirá más, que ese es su libro, en el que cuenta lo que le pasó, se le cuela el secreto de la cocacola: “Nunca me había sentido orgullosa de mi libro y hoy me he sentido orgullosa”.

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