De Piketty a Varoufakis, los economistas son las nuevas estrellas del rock

La economía internacional era hasta hace poco una mezcla de coñazo y engorro incomprensible para la mayoría de los ciudadanos. ¿Y los economistas?

Foto: De Piketty a Varoufakis, los economistas son las nuevas estrellas del rock

La economía internacional era hasta hace poco una mezcla de coñazo y engorro incomprensible para la mayoría de los ciudadanos. ¿Y los economistasnbsp;Unos señores muy aburridos (como mínimo). Pero llegó 2015, el año en el que todo o nada podría cambiar para siempre, y ocurrió un pequeño milagro cultural: economistas convertidos en iconos pop. 

Primero  vino a España Thomas Piketty, autor del ensayo fenómeno El capital en el siglo XXI (FCE, 2014), y se armó algo parecido a la beatlemanía. Piketty no fue perseguido por adolescentes, sino por medios de comunicación y políticos progresistas: Pablo Iglesias (Podemos) y Pedro Sánchez (PSOE) se disputaron los arrumacos dialécticos del economista francés, con Iglesias ganando la batalla a los puntos, entrevista en La Tuerka incluida (recuerden: Piketty ha pasado de defender la candidatura electoral del socialista Hollande a cargar contra el presidente francés por su falta de alternativas a la austeridad).

El perfil editorial de éxito: académico con ganas de influir en política publica ensayo (superventas internacional) que denuncia los excesos financieros

El siguiente terremoto económico pop ha ocurrido esta semana con el triunfo de Syriza en Grecia y el nombramiento de una nuevo ministro de Finanzas para negociar (a cara de perro) con la Troika: Yanis Varoufakis, autor del ensayo El minotauro global (Capitán Swing, 2012) y una de las cabezas visibles del movimiento de economistas internacionales contra la austeridad. Desde hace unos días, como se pueden ustedes imaginar, hay tortas entre los medios de comunicación del planeta por entrevistar a Varoufakis. Y desde hace unos días las ventas de El minotauro global se han vuelto a disparar...

A vueltas con el capital

Así que tenemos a dos economistas con evoluciones parecidas: académico con ganas de influir en política publica ensayo (superventas internacional) que denuncia los excesos financieros (Piketty pone el foco en el aumento histórico de la desigualdad y Varoufakis en el austericidio) y se convierte en referente popular.  

Lo primero que habría que preguntarse es si todo este revuelo está justificado. Dato: se han vendido ya 1,5 millones de ejemplares en todo el mundo de El capital en el siglo XXI, todo un hito para un ensayo de macroeconomía. ¿Está el libro de Piketty a la altura de su leyenda? César Rendueles, autor de Sociofobia, responde a la cuestión tras leerse el voluminoso texto: “Bueno, sí y no. El trabajo empírico que ha hecho es muy importante, su análisis cuantitativo de las tendencias a largo plazo de la desigualdad es realmente impresionante. Por otro lado, me parece que a cualquier lector heterodoxo de ciencias sociales le suenan muchas de las tesis que Piketty deriva de ese análisis: las raíces políticas del crecimiento de la desigualdad, el ascenso de una élite de superasalariados, las limitaciones de las economías capitalistas para mantener altísimos niveles de crecimiento, los problemas de la sobreacumulación de capital... Al margen de sus indudables méritos, creo que su obra ha tenido tanto impacto porque ha sabido encontrar un lenguaje crítico capaz de interpelar a quienes se mueven en el mainstream económico”.

César Rendueles asegura que el éxito de Piketty y Varoufakis es un síntoma del agotamiento conceptual de la economía académica dominante

El siguiente interrogante tiene que ver con el significado cultural de que dos economistas como Piketty y Varoufakis se hayan puesto de moda. Rendueles despacha así la cuestión: “En ambos casos, más allá de las distintas perspectivas teóricas de Piketty y Varoufakis, su éxito es un síntoma del agotamiento conceptual de la economía académica dominante. La economía ortodoxa tiene una importantísima responsabilidad en la crisis que padecemos. Es una máquina de guerra al servicio de las élites que ha logrado disimular su alta graduación ideológica con un maquillaje matematiforme. Tanto Piketty como Varoufakis adoptan un enfoque científicamente muy riguroso pero en el que tienen prioridad las dimensiones históricas y políticas de los fenómenos que estudian”.

Vuelve el hombre

Al margen de lo que pueda pensar uno de sus ideas políticas y al margen también de su capacidad como negociador en Bruselas (algo que está por ver), pocos dudan del carisma de Yanis Varoufakis, que a ratos tiene más pinta de estrella del rock que de economista, un estatus alcanzado por una mezcla de factores: su lenguaje directo para denunciar los males económicos (toda una novedad en un campo dominado hasta hace poco por los tecnicismos incomprensibles), su aspecto de acabar de salir de un concierto y, claro, su discurso contra la austeridad (al alza en los últimos tiempos).

Varoufakis en Atenas. (EFE)
Varoufakis en Atenas. (EFE)

Un ejemplo de lo clarito que habla Varoufakis tomado de una entrevista concedida a El Mundo días antes de las elecciones: “Cuando en 2010 nos declaráramos en bancarrota nos dieron el préstamo más grande de la historia a condición de que redujéramos nuestros ingresos. No es necesario ser economista para entender que eso no funcionaría: si uno está en bancarrota significa que sus ingresos no son suficientes para pagar sus deudas, y si para tratar de solucionarlo se le da un préstamo que lo que hace es aumentar su deuda y a condición encima de reducir aún más los ingresos es imposible. Un niño de ocho años entiende que es un acto criminal… Fue un ejercicio de cinismo y antieuropeísmo absoluto, para tomar las pérdidas de los bancos y hacerlas recaer sobre los ciudadanos europeos, para salvar los bancos a expensas de los contribuyentes. Y el cinismo llegó al grado de hacer pasar eso como un acto de solidaridad”.

Y por si alguien pensaba que su actitud cambiaría en cuanto pisara moqueta ministerial, Varoufakis dio el viernes un sonoro portazo a la Troika en su primer encuentro con un emisario de la UE. Regla número uno de una negociación a cara de perro contra un adversario que te supera en fuerza: empezar enseñando los dientes. 

Hibai Arbide, periodista y abogado afincado en Atenas que ha cubierto las elecciones griegas como freelance, ha visto cómo el carisma de Varoufakis crecía paulatinamente en el país heleno por diversas causas. Las enumeramos por orden de importancia.

La primera tiene que ver con lo “influyente” de su discurso: “Hasta entonces la izquierda griega, como la del resto de Europa, vivía instalada en un euroescepticismo proveniente del Tratado de Maastrich. Cargado de tanta razón moral como poca eficacia económica, política y electoral. La influencia de Varoufakis fue fundamental para fijar una nueva posición respecto a la moneda común. Tras él, muchos economistas europeos defendieron el impago dentro del euro”, cuenta Arbide sobre cómo el cambio de rumbo de Syriza, de coquetear con la salida del euro a dar la batalla en Bruselas, llevó el debate sobre la deuda a la primera plana informativa y amenaza ahora con quebrar el rumbo de la austeridad. 

¿Un pijo revolucionario?

La segunda causa tiene que ver con la frenética actividad de Varoufakis como ensayista y bloguero.

La tercera (ya en clave más interna y costumbrista) está relacionada con su posición social/visibilidad en la sociedad griega: “Su mujer, Danae Straou, es una conocida artista y profesora de una facultad de Bellas Artes. Es de buena familia y a sus exposiciones acuden señoras de la alta sociedad helena. Tienen una casa en Aegina, una isla cercana a Atenas, en la que se codean con buena parte de los bohemios de clase media/alta. Aquí casi todo el mundo conocía a Varoufakis, incluso gente que no sabe de economía”, explica Arbide. Al hilo de este último dato, un cínico podría pensar que Varoufakis es un pijo progre jugando a la revolución. Pero también se podría interpretar de un modo totalmente diferente: la clase es un sujeto político basado en alianzas entre estratos diferentes. En otras palabras: Varoufakis va en serio, Varoufakis quiere jarana.  

El cuarto factor que explicaría el carisma griego de Varoufakis es el más frívolo, si se quiere, pero es innegable y nos permite acabar el artículo con una metáfora: “Varoufakis está muy bueno, es un sex-symbol, algo que no abunda en la izquierda europea”, zanja Arbide. Y ahora viene la metáfora: la economía (antiausteridad) vuelve a ser sexy en Europa.  

Animales de compañía
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios