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Wert, un ministro sin cultura
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Peio H. Riaño

Animales de compañía

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Peio H. Riaño

Wert, un ministro sin cultura

Los del cine se levantaron del almuerzo en Moncloa con el compromiso de una solución a sus problemas de financiación, gracias a una reforma urgente de la Ley. Así ocurrió

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Se perdió el primero, el segundo y los postres. No estaba invitado a la comida, porque había que arreglar lo del cine y el ministro de Educación, Cultura y Deporte, en tres años y medio, no ha tenido para el sector ni una ración de legumbres secas. En todo este tiempo, ni José Ignacio Wert ni José María Lassalle han ofrecido a la tropa un mal plato de triste menestra que llevarse a la boca. Sí ha ofrecido sobredosis de desplantes a la industria a la que debería haber defendido, con la chapuza de la Ley de Propiedad Intelectual (que hay que reformar en un año), con el batacazo de la Ley de Mecenazgo, con sus viajes a Londres en los Goya y sin capacidad política para saldar una deuda escalofriante con el cine.

Tal y como informó este periódico, Wert y Lassalle, probablemente la pareja más tragicómica que haya conocido la política española, fueron apartados de la cita que varios representantes de la industria (Daniel Calparsoro, Antonio Resines y Juan Gordon) montaron en Moncloa con el Presidente, gracias a la intervención de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal.

Lassalle va diciendo por los pasillos que 'la complejidad de un asunto como este no se resuelve en un almuerzo de dos horas'

El cine, harto de esperar en la cuerda floja, movía ficha y ofrecía -directamente- al Ejecutivo una buena noticia en plena campaña electoral. Había que resolver la deuda histórica con el cine y reformar la ley de una vez por todas. Más de tres años habían dejado escapar la pareja, Laurel y Hardy, sin mover un solo dedo, desviando la atención con un enfrentamiento estéril y público con el Ministerio de Hacienda. Así han pasado los días en los despachos de la Plaza del Rey, encerrados por dentro para no ser molestados por lo que ocurría afuera. El Ministerio hizo un ERE a la Cultura.  

placeholder José Ignacio Wert y José María Lassalle. (EFE)
José Ignacio Wert y José María Lassalle. (EFE)

Los del cine se levantaron del almuerzo con el compromiso de que en menos de dos semanas tendrían la solución a sus problemas de financiación. Y en Moncloa cumplieron con la menestra. El último Consejo de Ministros ha anunciado la reforma de la norma que devuelve la vida al cine y que mantenía a la industria paralizada. El nuevo texto aclara que las ayudas se recibirán antes del rodaje y no, después, en función de la recaudación. Con esta decisión, los productores podrán volver a los bancos a endeudarse para empezar las nuevas producciones

Wert está en otras batallas. Y Lassalle trata de legitimar su carrerón al frente de los intereses culturales restando importancia al esfuerzo de la industria cinematográfica. Por los pasillos asegura que “la complejidad de un asunto como este no se resuelve en un almuerzo de dos horas”. Es probable que al número dos de Cultura le interese rebajar valor al hecho de que el cine ha esquivado a sus interlocutores con Mariano Rajoy para solucionar los problemas que los interlocutores han creado. Tanto el Ministerio como la Secretaría de Estado de Cultura han guardado una postura inmovilista e indiferente ante las trabas causadas a la mayor industria cultural de este país. 

La solución al capítulo de la financiación del cine desvela la insolvencia del actual equipo responsable de Cultura en el Gobierno. Las peleas internas entre el ministro y el secretario han provocado dramáticos daños colaterales. Las luchas entre secretarios de Hacienda y Cultura sólo han servido para exculpar la falta de capacidad negociadora del último. Una vez descubierta públicamente la incapacidad, el esfuerzo ha sido presentarse -ayudados desde los amigos en medios- como responsables circunspectos, cariacontecidos, e incluso, dolidos, porque “la realidad” les ha impedido cumplir con los deseos que habían escrito en un papel. Si la política son gestos para el consumo, los de éstos han tratado de ser amargos para ser incuestionables. Pero la melancolía siempre llega tarde. 

Se perdió el primero, el segundo y los postres. No estaba invitado a la comida, porque había que arreglar lo del cine y el ministro de Educación, Cultura y Deporte, en tres años y medio, no ha tenido para el sector ni una ración de legumbres secas. En todo este tiempo, ni José Ignacio Wert ni José María Lassalle han ofrecido a la tropa un mal plato de triste menestra que llevarse a la boca. Sí ha ofrecido sobredosis de desplantes a la industria a la que debería haber defendido, con la chapuza de la Ley de Propiedad Intelectual (que hay que reformar en un año), con el batacazo de la Ley de Mecenazgo, con sus viajes a Londres en los Goya y sin capacidad política para saldar una deuda escalofriante con el cine.

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