Norman Foster, rey de los descampados madrileños
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Carlos Prieto

Animales de compañía

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Norman Foster, rey de los descampados madrileños

De los millonarios contratos fantasma para diseñar la Ciudad de la Justicia en tiempos de Aguirre a los paseos secretos con concejales de Urbanismo en tiempos de Carmena

Foto: El acuerdo entre Foster y Aguirre
El acuerdo entre Foster y Aguirre

Hubo un tiempo en que todo era 'España va bien'. Y otro en el que todo fue 'España va mal'. Uno de los iconos del cambio de humor ciudadano fue Santiago Calatrava, que pasó de genial arquitecto a risible Pepe Gotera en apenas unos meses.

La situación estaría ahora mismo en tablas: la narrativa de la recuperación ha regresado con fuerza y los arquitectos estrella vuelven a enseñar la patita, aunque el pasado acecha. Una situación esquizofrénica reflejada hoy en el arquitecto Norman Foster.

El parlamento autonómico celebra estos días una Comisión sobre el endeudamiento de la Comunidad de Madrid. El foco está en el despilfarro de la Ciudad de la Justicia. 100 millones de euros volatizados en un naufragio: de los catorce edificios proyectados se construyó uno (y sigue vacío).

Todo empezó el día (2006) en el que Esperanza Aguirre y Norman Foster firmaron el contrato del macroproyecto. Contrato, por cierto, fantasma. La CAM ha pasado varios años dando largas con este asunto: el contrato con Foster se ha perdido, decían, aunque 'El País' publicó este agosto la siguiente investigación: Aguirre pagó 10,6 millones de euros a Foster por diseñar dos edificios (la Audiencia Provincial y el Tribunal Superior de Justicia de Madrid) que nunca llegaron a construirse. ¿Les sueña extraño? Pues es normal: España es una potencia mundial en el prestigioso campo de abonar cantidades disparatadas a arquitectos estrella por edificios que nunca llegan a construirse/usarse; lo que, si lo piensan, es una forma tan idiota como otra cualquiera de dilapidar dinero público.

La comedia de la transparencia

Resulta que el contrato Foster/Aguirre ha aparecido ahora en plena presión política de la Comisión parlamentaria. Y aunque el documento no estipula la cantidad que cobró el arquitecto, el secreto oficial del sueldo de Foster (10,6 millones de euros) saltó ayer definitivamente por los aires de la mano de Javier Rodríguez Fernández, antiguo apoderado de la Ciudad de la Justicia, que cantó la Traviata en la comisión parlamentaria.

"El listado de arquitectos daba vértigo, entiendo que podría haber un edificio singular, pero no todos", dijo el apoderado sobre un proyecto en el que pillaron cacho otras luminarias de la arquitectura internacional, de Zaha Hadid a Richard Rogers.

La Comisión de la deuda desveló que Foster cobró 10,6 millones por dos edificios que no se construyeron

Y ahora un poco de hemeroteca humorística para poner el asunto en contexto. Extractos de la crónica de EFE cuando Aguirre, entonces presidenta de la CAM, selló el acuerdo con el superarquitecto:

“Foster calificó de 'audaz y simbólica' la iniciativa de reunir las 19 sedes actuales de los órganos de Justicia madrileños en un sólo campus, que estará ubicado en Valdebebas, y aseguró que a la hora de proyectar los dos edificios tendrá en cuenta los valores de 'transparencia y democracia'”. “Transparencia”, sí, lo dijo Foster mientras firmaba un contrato fantasma, y se quedó tan ancho.

Ahora vamos con Espe:

“La nueva construcción 'agilizará los tiempos tanto para los ciudadanos como para los profesionales del derecho y ayudará a que la administración de la Justicia sea todo lo eficaz que demandan los ciudadanos', agregó Aguirre”. Es decir, puro humor negro retrospectivo: un descampado para agilizar los tiempos de la justicia. El descampado más caro del mundo, para más señas. A tope.

Paseo y peloteo

Pero eso ocurrió hace ya unos años, y Foster circula ahora alegre y bajo palio por la realidad paralela y simultánea de la recuperación. El mes pasado, el arquitecto y el nuevo concejal de Urbanismo de Madrid, José Manuel Calvo, visitaron en secreto el frontón Beti Jai, patrimonio histórico abandonado junto al Paseo de la Castellana, expropiado por el Ayuntamiento anterior, y que la actual consejería de Cultura pretende restaurar respetando su singularidad.

Pero, ¡ay, el paseo entre Foster y Calvo salió a la luz, y el concejal lo justificó así: todo era absolutamente normal porque Foster tiene un palacete en la misma manzana del Beti Jai. Ya, claro, y yo vivo frente a un huerto urbano y Calvo no viene a pasear conmigo de la mano cuando a mí se me antoja... Tan normal tan normal que si a Foster y a Calvo no les llega a cazar un fotógrafo paseando por el descampado, nadie se hubiera enterado.

Así que una de dos: O Calvo es un digno seguidor de la carísima tradición de pelotear y dar trato preferente a los arquitectos estrella. O Calvo agarró de las solapas a Foster entre las ruinas del Beti Jai y le pidió cuentas sobre su errático contrato secreto con la Ciudad de la Justicia. Hagan sus apuestas.

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