Libros: El hombre blandengue de España está harto de todo

El hombre blandengue de España está harto de todo

El Fary contra Perales. La lucha por la hegemonía sentimental de la Ley del Divorcio (1981) a 2018

Foto: El Fary y Perales. (Montaje: EC)
El Fary y Perales. (Montaje: EC)
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Como dijo una vez Confucio (y si no lo dijo, seguro que lo pensó): "En el periodismo, en la vida y en la sauna turca lo importante es hacer la pregunta correcta". En efecto, imagine que está usted en un karaoke, de madrugada, con una melopea severa. La pregunta certera no sería: "¿Qué demonios hago yo aquí?". Ni siquiera sería: "¿Por qué llevo una corbata en la cabeza?". El interrogante esclarecedor sería más bien: "¿Por qué estoy cantando '¿Y cómo es él?' (Perales) y 'Olvídame y pega la vuelta' (Pimpinela) como si me fuera la vida en ello? E hilando más fino: "¿Por qué varias generaciones de latinos hemos hecho lo mismo antes que usted y qué tipo de mensaje ha perforado nuestros cerebros al hacerlo?".

Fary Luther King

En 1984, El Fary puso patas arriba TVE con un discurso que —sin exagerar— podemos calificar como el 'I Have a Dream' del macho ibérico:

"Siempre he detestado al hombre blandengue, y además también he podido analizar que la mujer tampoco admite al hombre blandengue... La mujer es muy pícara, valga el sentido de la palabra, porque como bien he dicho en otras ocasiones, yo lo que más valoro en esta vida es la mujer. Sin la mujer la vida no tendría sentido... Pero la mujer es granujilla y se aprovecha mucho del hombre blandengue. No sé si se aprovecha o se aburre. Y entonces le da capones y todo... El hombre debe de estar en su sitio y la mujer en el suyo, no cabe duda, porque la mujer tiene esos derechos que yo respeto y más tenía que tener porque la mujer se lo merece todo... Pero, amigo mío, el hombre no debe nunca de blandear. Debe de estar ahí porque, entre otras cosas, creo que la mujer necesita ese pedazo de tío ahí. Al hombre blandengue le detesto. Ese hombre de la bolsa de la compra y el carrito del niño… Me parece bien… Pero ya te digo que la mujer abusa mucho de la debilidad del hombre".

El cantante cañí descargó esta tormenta de ideas con gesto imposible: entre el malestar y el desconcierto. El macho ibérico —como el león del Serengeti y el macaco de Indonesia— está en peligro de extinción, clamó El Fary en un discurso profético, cuyas réplicas han llegado a nuestros días. "El feminismo radical y profesional nos está ahogando", ha dicho Alfonso Ussía este mismo año. Es decir, lo de El Fary fue uno de esos momentos epifánicos sobre el que hay que volver una y otra vez para entender qué está pasando en España.

¿Quién era ese hombre blandengue del que abusaba la mujer granujilla hasta el punto de darle capones y todo? (¡Capones y todo! ¿Dónde está la ONU cuando se la necesita, eh, dónde está?) ¿Existió de verdad ese fulano blandoso? Pues bien: 34 años después de la rajada de El Fary, estamos en condiciones de demostrar que el Hombre Blandengue no era otro que el cornudo protagonista del '¿Y cómo es él?' de Perales. Lo que oyen.

Arréglate mujer

José Luis Perales reventó las listas de ventas en 1982 con la historia de un hombre que descubre que su mujer tiene un amante y que, tras ofuscarse en un interrogatorio en el límite del absurdo, procede a darle consejos para que le vaya bien en su nueva vida. Quizá ha cantado usted '¿Y cómo es él?' tantas veces —ebrio y a voz en grito— que el significado profundo de su letra ha perdido sentido, pero créame si le digo que en 1982 estos versos eran la revolución sentimental:

Arréglate mujer se te hace tarde
y llévate el paraguas por si llueve.
Él te estará esperando para amarte
y yo estaré celoso de perderte.

Y abrígate, te sienta bien ese vestido gris.
Sonríete, que no sospeche que has llorado.
Y déjame que vaya preparando mi equipaje.
Perdóname si te hago otra pregunta.

Portada.
Portada.

Lo cuenta Fidel Moreno en '¿Qué me estás cantando?' (Debate, 2018), una historia social de España a través de sus canciones que tiene mucha miga, aunque aquí nos vamos a ceñir a uno de sus capítulos, 'Nueva sentimentalidad', sobre la relación entre el pop y la Ley del Divorcio (1981). Moreno habla primero sobre cómo las letras de Mari Trini —​superventas de los setenta—​ se adelantaron a los nuevos modelos de género, para centrarse luego en José Luis Perales, un "hombre católico y entregado a su familia" que iba a dar en el centro de la diana de la nueva sentimentalidad casi por error. Cuesta ahora imaginarlo pero '¿Y cómo es él?' la tenía que haber cantado Julio Iglesias en lugar de Perales, al que le encargaron una canción para el nuevo disco de 'Yulio' y le salió tal pepinazo que su discográfica le dijo que se lo quedara.

Perales, de hecho, compuso la canción pensando en Julio Iglesias, que venía de protagonizar (1978) la madre de todos los divorcios (anulación por la Iglesia mediante) con Isabel Preysler, que dos años después se casaría con el marqués de Griñón. Sí, han oído bien: Perales tenía en mente exactamente eso mientras escribía "¿Y quién es él? ¿A qué dedica el tiempo libre?" (Respuesta: el marqués de Griñón, de profesión sus negocios). Pero más allá del chiste coyuntural, la letra de Perales triunfó por su universalidad y por saber captar el 'zeitgeist'.

Mirándote a los ojos juraría
que tienes algo nuevo que contarme.
Empieza ya mujer no tengas miedo,
quizá para mañana sea tarde,
quizá para mañana sea tarde.

¿Y cómo es él?
¿En qué lugar se enamoró de ti?
¿De dónde es?
¿A qué dedica el tiempo libre?
Pregúntale
¿por qué ha robado un trozo de mi vida?
Es un ladrón que me ha robado todo.

La canción reflejaba, según Moreno, "la imagen melodramática de un hombre abandonado que no duda en dar rienda suelta a una curiosidad excesiva combinada con una mansedumbre insólita ante lo inevitable. La represión masculina implicaba no ahondar demasiado en estos temas deshonrosos ni, desde luego, explicitarlos, ni ante la mujer ni menos aún ante el público, y a la vez, más que mostrarse razonable y conciliador, ante la infidelidad el hombre solía mostrarse violenta, hacia la otra persona o hacia sí mismo".

"La represión masculina implicaba no ahondar demasiado en estos temas deshonrosos ni dar explicaciones ni ante la mujer ni ante el público"

Cantando por Julio Iglesias ni hubiera sido lo mismo ni hubiera tenido la misma credibilidad. Julito estaba entonces en plenitud de sus poderes como 'playboy' latino, y aunque los cuernos eran una temática típica de su repertorio, era impensable que protagonizara una bajada de pantalones como la del protagonista de '¿Y cómo es él?'. Las letras de Iglesias eran más resentidas, y sobre todo más de: hacerse el despechado tras ser abandonado para, treinta segundos después y tras superar la ruptura amorosa a velocidad de vértigo, ponerse a ligar con la primera diva que pasara por allí haciendo sky acuático. Recuerden que Iglesias es el autor de uno de los mayores eufemismos de todos los tiempos: cuando confesó ser "casi fiel" en el amor en la apoteósica 'Soy un truhan, soy un señor'.

Confieso que a veces soy cuerdo y a veces loco
Y amo así la vida y tomo de todo un poco
Me gustan las mujeres, me gusta el vino
Y si tengo que olvidarlas, bebo y olvido.

Mujeres en mi vida hubo que me quisieron
Pero he de confesar que otras también me hirieron
Pero de cada momento que yo he vivido
Saqué sin perjudicar el mejor partido.

Y es que yo
Amo la vida y amo el amor
Soy un truhan, soy un señor
Algo bohemio y soñador.

Y es que yo
Amo la vida y amo el amor
Soy un truhan, soy un señor
Y casi fiel en el amor.

Fidel Moreno explica así por qué Perales era el hombre adecuado para '¿Y quién es él?': "Lo importante es que escenificó una nueva manera de ser hombre, y que Perales cumple mejor con ese cometido de lo que hubiera hecho Julio Iglesias, más dado a cumplir con el rol de mujeriego y más truhan. José Luis Perales representa la normalidad, un padre de familia sensato vestido como un jefe de sección de El Corte Inglés, un hombre con cara de 'yo no fui', un buenazo con el que es fácil que nos identifiquemos. 'Si le pasa a él, le puede pasar a cualquiera, me puede pasar a mí'. La aparente falta de carisma de Perales es lo que lo convierte en el cantante idóneo, en alguien convincente para representar al nuevo hombre, más sensible, inseguro y torpe, un hombre que ante el cambio de costumbres trata de hacer las cosas bien, intentando aceptar con dignidad lo inevitable".

"La aparente falta de carisma de Perales es lo que lo convierte en el cantante idóneo, en alguien convincente para representar al nuevo hombre"

Perales, en definitiva, tenía mucha más credibilidad para sacudir el imaginario colectivo con una canción que requería ponerse en la piel de un pobre diablo que acepta los cuernos con una mezcla de congoja y docilidad de perro pachón. La interpretación del cantante en este clip de 1982 es absolutamente inenarrable: sus caras de estupor a medida que avanza la canción, su escalofriante mirada de las mil yardas, la tragicomedia de la nueva masculinidad en carne viva. Perales lo clavó (e hizo historia del pop español).

Me voy a comprar tabaco (ahora vuelvo)

La canción de Perales tenía un punto teatral que explicaría en parte su brutal éxito en Latinoamérica (no se pierdan este vídeo de Marc Anthony besando los pies al cantautor español). Pero si de teatralidad pop y divorcios hablamos, es inevitable referirse a Pimpinela, cuyo análisis ocupa la parte final del capítulo del libro de Fidel Moreno. "En las hagiografías de Pimpinela, además de que Joaquín y Lucía Galán eran hermanos haciendo de marido y mujer, siempre se destaca su singularidad artística en la mezcla del teatro con la canción. En ese mezcla melodramática, y en la elección de momentos que representaban las pasiones y tormentos de la época, está el secreto de su éxito, y también la razón de que a los que fuimos niños en los ochenta nos fascine", escribe Moreno.

En 'Olvídame y pega la vuelta', gran himno melodramático de 1984, Pimpinela narraba las tribulaciones de una mujer abandonada por su marido... hasta que el marido vuelve a llamar a su puerta —dos años y un día después— pidiendo asilo con las clásicas excusas peregrinas de varón (dandi):

En busca de emociones un día marché,
de un mundo de sensaciones que no encontré
Y al descubrir que era todo una gran fantasía volví,
porque entendí que quería las cosas que viven en ti.

El muchachuelo, como es lógico, se llevaba la peta de su vida.

Sí, es difícil explicar mejor y en menos tiempo esa construcción cultural llamada crisis de los cuarenta: o cuando el esposo pierde los papeles, se rinde al jolgorio, cae extenuado y decide volver al redil con cara de aquí no ha pasado nada. [Nota sobre la crisis de los cuarenta: he aquí la única 'enfermedad' de la historia de la civilización occidental que considera que cuando uno abandona a su mujer y a sus hijos para irse a hacer surf a Australia lo hace contra su propia voluntad (enajenación mental transitoria y tal)].

Queremos hacer llegar un mensaje al protagonista masculino de 'Olvídame y pega la vuelta': vamos a ver, chorra-al-aire, una cosa es ir a comprar tabaco y volver dos, tres... cinco días después (le puede pasar a cualquiera: sales un momento de casa el jueves por la tarde, te encuentras "al Tuercas" en el estanco, decides tomarte una rápida con él... y cuando te quieres dar cuenta es martes y estás tirado desnudo en un polígono industrial en Alicante. ¿A quién no le ha pasado esto alguna vez, eh, a quién? Pues eso... Pero a lo que íbamos: una cosa es ESO y otra bien diferente salir a comprar tabaco, volver DOS AÑOS Y UN DÍA DESPUÉS y pretender que tu mujer vuelve a acogerte en su seno como si tal cosa. En fin...

En efecto, la era de los sinvergüenzas empezaba a quebrarse; aunque, como señala Fidel Moreno, la canción de Pimpinela tenía suficiente trasfondo como para ser interpretada también como un canto a la vida loca masculina y al victimismo femenino: "Me pregunto hasta qué punto el tema de Pimpinela, tan aprendido e imitado en nuestra niñez, nos ha influido posteriormente, asentando ese arquetipo de hombre, caprichoso, inconstante, aventurero y picaflor, y ese otro —en apariencia femenino, pero también a merced de varones dolientes— de víctima irreparable, marcada por el abandono y el rencor".

Hace dos años y un día que vivo sin él
Hace dos años y un día que no lo he vuelto a ver
Y aunque no he sido feliz aprendí a vivir sin su amor
Pero al ir olvidando de pronto una noche volvió.

¿Quién es?
Soy yo
¿Qué vienes a buscar?
A ti
Ya es tarde
¿Por qué?
Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti.

Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa
Y pega la vuelta
Jamás te pude comprender
Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios
Que no te desean
Estás mintiendo ya lo sé
Vete, olvida que existo, que me conociste,
Y no te sorprendas, olvídate todo que tú para eso
Tienes experiencia.

El macho blandoso

'¿Y quién es él?' sonó por tierra, mar y aire en 1982. No es difícil imaginarse a El Fary de ese año poniendo la radio, comprobando estupefacto que volvían a poner la de Perales y procediendo a arrojar la nevera por la ventana de su casa. El discurso del hombre blandengue empezaba a calar, pero las resistencias del HOMBRE a ceder poder al feminismo es más noticia de portada que nunca en 2018. El quilombo cultural continuará al menos hasta que al hombre blandengue que lleva la bolsa de la compra y el carrito del niño le llamemos simplemente hombre (sin añadidos blandosos deshonrosos), y dicho rol sea más sexy que el del macho ibérico (tan sexy como para hacer que Julio Iglesias se pegue con Perales por cantar '¿Y quién es él?').

PD: Háganse un favor: no se pierdan este vídeo de Marc Anthony y Jennifer López interpretando a dúo 'Olvídame y pega la vuelta' en los Grammy Latinos 2016... tras su divorcio. Tremendo terremoto, oigan... De nada.

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