La sorprendente escena del filme perdido sobre Corinna, Juan Carlos, Letizia y Felipe

ETB resucita un documental francés sobre la crisis de la monarquía al calor de las controvertidas grabaciones sobre las finanzas del Rey emérito

Foto: La periodista y el guardaespaldas, escena del filme francés sobre la monarquía.
La periodista y el guardaespaldas, escena del filme francés sobre la monarquía.

¿Mala baba o simples reflejos informativos? ETB ha repescado esta semana un documental francés —’El ocaso de un rey’ (2013)— sobre la crisis de la monarquía en España. El filme, producido por Canal + Francia, ya había sido emitido por la televisión pública vasca en 2014.

ETB ha decidido rescatarlo por partida doble —pase en el segundo canal de Euskal Telebista y a la carta a través de la webcoincidiendo con la polémica por la publicación de unas grabaciones en las que Corinna zu Sayn-Wittgenstein, ex amiga entrañable del monarca emérito, asegura, entre otras cosas, que Juan Carlos tiene dinero en Suiza obtenido a golpe de comisión.

¿Tiene sentido recuperar este documental más allá del morbo de la coyuntura? ¿Se ha quedado obsoleto o puede aportar algo para esclarecer la confusa situación actual?

Aquí hay tomate

‘El ocaso de un rey’, conducido por la conocida periodista francesa Caroline du Saint, surgió tras el estrepitoso accidente de Juan Carlos I mientras cazaba elefantes en Botsuana por su cuenta y riesgo (abril de 2012).

Sin declaraciones, sin cuentas que rendir, la familia real permanece al margen a riesgo de perder su contacto con el pueblo


Un equipo de la televisión francesa se afincó en Madrid, se acreditó para seguir los actos de la Casa Real e investigó la situación durante unos meses. Cubrieron los problemas judiciales de Urdangarin, entrevistaron a José Luis Rodríguez Zapatero (que hizo una defensa entusiasta de la monarquía), siguieron la pista al malestar ciudadano por la cacería real, escucharon la pitada contra los príncipes Felipe y Letizia en el Liceo de Barcelona, especularon sobre la obsesión de Letizia con su imagen, y realizaron una significativa visita a la casa de El Pardo donde Corinna vivió unos años a cuenta de no se sabe quién: el guardés dice no saber nada de esa rocambolesca historia, pero el primer vecino que pasa por ahí cuenta a cámara que en el pueblo era un secreto a voces que la amante del monarca vivía ahí.

El documental, en definitiva, no cuenta nada que no se haya ido sabiendo poco a poco en España, pero sí aporta dos elementos significativos: el tono —más crítico con la falta de control sobre la Casa Real que al que estamos acostumbrados— y sobre todo una escena de trastienda que funciona como metáfora de la actual olla a presión real.

Escena: Caroline du Saint cubre un acto público del príncipe heredero Felipe: visita a una exposición fotográfica. Un acto cultural, completamente blanco, para dejarse ver y fotografiar. Pero, ¡ay!, la periodista francesa se salta el protocolo y pregunta al príncipe sobre el caso Urdangarín. El equipo de seguridad de la Casa Real entra en pánico y desaloja precipitadamente a todos los periodistas y fotógrafos. Un miembro de la seguridad real (visiblemente alterado) aparta a Caroline du Saint del grupo, la lleva a un lugar discreto y le mete un rapapolvo (sin darse cuenta de que el cámara de Canal + sigue grabando disimuladamente). Diálogo:

Periodista: ¿Por qué no puedo hacer preguntas?
Guardaespaldas: Porque constitucionalmente [Felipe] no puede hablar. Lee la Constitución, prepáratelo.
Periodista: ¿Dónde está escrito en la Constitución que no pueda hablar?
Guardaespaldas: Porque es la familia real, no hace declaraciones.

Los viejos buenos tiempos

Y ahora viene la metáfora: los tiempos en los que un asunto real controvertido era zanjado por cualquier Gobierno en modo guardaespaldas histérico blandiendo la Constitución se han acabado. Lo ha demostrado estos días el caso Corinna: el silencio ya no sirve como cortafuegos.

En efecto, la primera reacción del Gobierno a las grabaciones de Corinna fue la tradicional: circulen, aquí no ha pasado nada. No había nada que explicar porque las grabaciones son “antiguas” y “afortunadamente no afectan al jefe del Estado, Felipe VI”, según Isabel Celaá, ministra portavoz. Pero 48 horas después, llegó el recule: Félix Sanz Roldán, director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), comparecerá a puerta cerrada en el Congreso para dar explicaciones. Control de daños... dentro de un orden: la Mesa del Congreso no quiere que Hacienda informe sobre los dineros del Rey emérito. Con Corinna, el Gobierno va “un pasito pa'lante y un pasito pa'atrás”, como la canción de Ricky Martin, y a ver si escampa. Al ritmo de una situación contradictoria de por sí: el chantaje de Villarejo con las grabaciones de Corinna es muy turbio, sí, pero el pacto no escrito que protegía informativamente a la monarquía está tan achicharrado que mirar hacia otro lado genera ya más irrisión que otra cosa.

Conclusión de Caroline du Saint tras ser reprendida por el segurata real en el filme: “Sin declaraciones, sin cuentas que rendir, la familia real permanece al margen a riesgo de perder su contacto con el pueblo”.

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