Dragó y Abascal desvelan 'sin querer' la identidad del verdadero creador de Vox
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Carlos Prieto

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Dragó y Abascal desvelan 'sin querer' la identidad del verdadero creador de Vox

El escritor convierte su libro sobre el político en un descomunal egotrip

placeholder Foto: Santiago Abascal y Fernando Sánchez Dragó. (EFE)
Santiago Abascal y Fernando Sánchez Dragó. (EFE)

Dragó: ¿Nunca has corrido un encierro?

Abascal: No, ni lo haré. Y ahora, menos.

Dragó: ¿Por qué?

Abascal: Porque tengo cuatro hijos.

Dragó: ¡Pues vaya! Yo también los tengo y he corrido delante de los toros, en Pamplona y en Soria, hasta los sesenta y cinco añitos.

Hay muchos momentos mágicos en el libro/entrevista de Fernando Sánchez Dragó a Santiago Abascal, pero el más significativo quizá sea cuando le echa en cara no haber corrido nunca un encierro, pues demuestra que estamos ante un gran equívoco cultural: ‘Santiago Abascal. España vertebrada’ se está leyendo como un libro sobre el líder de Vox, cuando lo que refleja en realidad es el ‘sanchezdragonismo’ en estado puro.

Foto: Arrabal, en su salsa. Opinión

Dragó riega el texto de comentarios sobre sí mismo del tipo: “Mi telegénica popularidad, mis cuarenta y cinco libros”. O: “¿Conoces el libro de conversaciones entre Boadella y yo? Luego te lo daré. Te va a encantar”. O: “¿Sabes cómo nació el movimiento feminista? Te lo pregunto porque las feministas no lo saben. Lo financió, a comienzos del siglo pasado, la Fundación Rockefeller” (correcto: mansplaining épico).

Abascal es el Actor Secundario Bob en una función producida, dirigida e interpretada por el profesor Dragó:

Abascal: Antes de empezar, Fernando, una pregunta: ¿sabes que en la habitación que me has asignado hay esvásticas?

Dragó: Mi querido Santi, la esvástica es un símbolo común a todas las culturas de la tierra, menos la semítica. Hitler se adueñó de ella y la cambió de sentido. Las esvásticas budistas e hinduistas, que son las que hay en tu cuarto, son verticales y levógiras. La de los nazis es dextrógira y tiene una desviación de cuarenta y cinco grados. Pasó de ser un símbolo solar a ser un símbolo satánico. El lauburu de tu tierra es también una esvástica, pero de líneas curvas. ¿Aclarado?

Abascal: Y abrumado...

La esquizofrenia

El libro es ante todo una lucha titánica en la mente de Dragó, que se debate entre pelotear sin parar al líder de Vox (“He conocido y tratado muchísimos políticos… el punto de ignición de su actividad política siempre era el anhelo de poder. En ti, y no lo digo por darte coba, no lo veo. Por eso me atrajo tu figura. La base de tu credibilidad… radica en que estás decidido a llevar adelante tus ideas sin ninguna componenda”) o mostrarse más alto, más listo y más de Vox que él. En un ejercicio de esquizofrenia total, Dragó logra hacer ambas cosas a la vez… sin freno y sin pudor.

Dragó adelanta por la derecha al líder de Vox. Abascal es la derechita cobarde de este libro

Y es que, como se encarga de recordar el escritor, una cosa es que él admire a Abascal como hombre de principios, y otra no reconocer que antes de Abascal… estaba él: “A la postre, no soy yo quien defiende las ideas de Vox, sino que es Vox quien defiende las mías, pero yo -disculpen que lo diga- empecé a formularlas mucho antes de que Abascal lo hiciese. De ello hay amplia constancia audiovisual y escrita”.

Sí, amigos, Fernando Sánchez Dragó inventó Vox. Gracias Santiago Abascal por venir a mi homenaje.

Uno se imagina a Dragó entrevistando a Einstein y diciéndole: "Mira, chico, la teoría de la relatividad la invente yo, pero mi perro se comió el papel donde apunté E=MC2".

A Lee Harvey Oswald, Dragó le diría: "J.F.K. ya estaba muerto cuando usted le tiroteó: yo le había disparado antes con una cerbatana".

Y a Fernando de Magallanes: "Cuando tú vas [a las Molucas], yo vuelvo".

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En resumen: no hay evento humano que Él no haya hecho antes. Sánchez Dragó fue el primer hombre en atravesar el Polo Norte (a lomos de un yak) y en coronar el Everest (desnudo). Fue el primer macho ibérico en practicar sexo tántrico con todas las mujeres de una capital de provincia. Dragó curó a 59 paralíticos en El Escorial antes de Cristo. Dragó levantó una piedra de 270 kilos con la mano derecha (mientras alzaba con la izquierda a un estupefacto Iñaki Perurena). Dragó es Campeón de Asia de Atrapar Moscas con Palillos (con los ojos vendados). Dragó inventó la filosofía oriental, la física cuántica y el techno de Detroit. Y esto es solo el principio de sus proezas. Dragó, Dragó, Dragó.

A nivel político, estamos ante un texto (muy) de nuestro tiempo: un festival de a ver quién la dice más gorda en el que Dragó adelanta por la derecha al líder de Vox una y otra vez: le pide mandar los tanques a Cataluña y aliarse con Putin, pero el político le sugiere que igual no son las ideas más sensatas. A Dragó le gustaría eliminar la Seguridad Social, el sufragio universal y el IRPF, y que España se convirtiera en el mayor paraíso fiscal de la tierra, pero el líder de Vox se pone de perfil ante dichas propuestas. Abascal, en definitiva, parece un perroflauta a su lado. Abascal, ¡ay!, es la derechita cobarde de este libro.

Pero la batalla mundial por hacer la propuesta reaccionaria más exagerada se ha puesto muy dura: Dragó solo sería uno más en la disputadísima Liga del Bocachanclismo. A cambio, donde sí consigue ser el número 1 es en egocentrismo. Y tiene su mérito: en una época en la que las redes sociales han llevado la venta de uno mismo hasta el ridículo y más allá, nadie da mayores niveles de ‘egoglucemia’ que Fernández Sánchez Dragó. Un mito. Respeto máximo.

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