Carta de amor a Isabel Díaz Ayuso (con copia a Espe y al Gran Wyoming)

La dadaísta candidata del PP a la Comunidad de Madrid se lo juega todo al "que hablen de mí, aunque sea mal". Por qué ser la reina de las pifias no siempre es mala idea

Foto: Isabel Díaz Ayuso, icono pop
Isabel Díaz Ayuso, icono pop

Cada vez que Isabel Díaz Ayuso (IDA) abre la boca, sube el pan. En eso estamos todos de acuerdo. Ahora bien: ¿Es eso el fin de IDA como parece a primera vista? He aquí una de las grandes dudas de la reñida campaña a la Comunidad de Madrid: si salir todos los días en los papeles (en modo bufo) perjudica a Ayuso, como parece dictar el sentido común; o si esta propaganda gratuita le ayudará a rascar unos pocos votos con su creciente popularidad perversa. El que hablen de ti, aunque sea mal.

Media España está en vilo tratando de responder a estas preguntas: ¿Está IDA un poco -ejem- ida? ¿Es eso algo necesariamente malo? ¿Hay alguien al mando? ¿Acaso importa?

La candidata
La candidata

Que el resultado del PP no va a ser bueno parece fuera de discusión. La duda es saber si la suma de las derechas logrará retener por los pelos la mayoría absoluta, y si IDA podría ser presidenta pese a sus desbarres. Ya saben: lo importante no es el proceso, sino el resultado; si Díaz Ayuso llega a presidenta, bien podremos asegurar que fue gracias a sus simpáticos disparates (y si pasa lo contrario, afirmaremos lo contrario, que para eso hemos venido aquí a opinar a lo loco).

Ha nacido una estrella

IDA se ha convertido en la gran estrella de la campaña. Una turbamulta de periodistas le sigue a todas partes a la caza de su próxima declaración surrealista. Pese a este marcaje, lo más significativo que ha dicho los últimos días ha pasado desapercibido. Fiestas de San Isidro. IDA responde a un test madrileñista para ‘El Intermedio’. Al margen de decir que las gallinejas están hechas de, ¡ay!, pollo, y que ella es más de Depeche Mode que de chotis, IDA soltó el siguiente comentario (de apariencia inocente, pero de gran inteligencia y profundidad 'warholiana'):

Tratarme bien, que os veo, Wyoming, que os veo, cuando acabe la campaña me vais a echar de menos

“Tratarme bien, que os veo, Wyoming, que os veo, cuando acabe la campaña me vais a echar de menos”. El Gran Wyoming admitió entonces que gracias a las pifias de IDA rellenaban cinco minutos diarios de programa.

He aquí un punto de inflexión en la carrera de IDA: Díaz Ayuso empieza a ser consciente de su personaje. Se le había ido de las manos, pero le gustaría poder controlarlo, y oye, igual hasta le puede sacar rédito: Ayuso reconoció a Wyoming (con humor) haberse convertido en una máquina de generar chuflas, y al hacerlo, el espectador no puede evitar empatizar con ella por primera vez en la campaña.

No es que Ayuso deba hacer ahora pifias adrede y por estrategia (no está tan loca), sino que, llegados a este punto absurdo, con su campaña virando hacia la catástrofe, ¿por qué no intentar aprovecharlo a su favor? Díaz Ayuso, icono pop. ¿El ejemplo a seguir? Esperanza Aguirre, de tonta del bote a dama de hierro.

En 1996, España se tomaba a pitorreo a Aguirre como ministra de Educación y Cultura… por su tendencia a las declaraciones erráticas.

Aguirre: "Entendí que 'Caiga quien caiga' me proporcionaba una popularidad enorme y la posibilidad de darme a conocer"

“El caso era aprovechar cualquier desliz para atacarla y mostrarla como una mujer inculta y absurda. La mayoría de las veces se la descalificaba personalmente, no por su gestión al frente del ministerio", recordaba Ignacio González, brazo derecho de Aguirre, en la biografía de la lideresa: 'Esperanza Aguirre. La presidenta', de Virginia Drake (2006). Mis palabras "se intentan vender como meteduras de pata... como si estuviera confundida, para dar a entender que no tengo conocimiento o capacidad de gestión", se queja ahora Ayuso. ¿Vidas paralelas?

Aguirre se convirtió entonces en la gran estrella involuntaria de otro programa del Gran Wyoming: ‘Caiga quien caiga’ (CQC). Pero en lugar de intentar escapar, Espe decidió meterse en el personaje. "[Los reporteros de 'CQC'] me perseguían siempre, me querían pillar en todo y yo me lo tomaba a broma, pero mis jefes de prensa no hacían más que advertirme que saliera por otra puerta. Yo no les hacía caso, porque entendí que 'CQC' me proporcionaba una popularidad enorme y la posibilidad de darme a conocer, algo que hubiera costado muchísimos millones lograr", explicaba Aguirre en su biografía. Una nueva Espe guasona y costumbrista. La Aguirre desenvuelta que se haría luego popular comenzó a gestarse ese día. Años después -tras algo de suerte y no pocas maniobras políticas aviesas- Aguirre cristalizó como lideresa neocon. Eso sí: está por ver que IDA no acabe despeñada antes de poder replicar semejante odisea.

La candidata del PP a la CAM
La candidata del PP a la CAM


Ayuso se queja de que no es la única que dice tonterías durante la campaña municipal y autonómica, y algo de razón tiene: Manuela Carmena no para de soltar paridas sobre magdalenas y aquí no pasa nada; ocurre que Carmena está en pleno momento Tierno Galván: diga lo que diga, a todo el mundo parece hacerle mucha gracia. O el costumbrismo municipalista hecho carne. Pero si Carmena mezcla la confusión conceptual con lo cursi, IDA es una maestra de la argumentación dadaísta (su insensata idea de que los atascos son lo más de lo más es digna del Cabaret Voltaire).

Se puede describir a Ayuso de diferentes maneras, pero quizá ninguna mejor que la patentada por la compañera Ángeles Caballero. “La candidata a presidir la Comunidad de Madrid es la Alba Carrillo de la clase política. Lista, o acaso pizpireta, locuaz, temeraria. Tiene el encanto de las guapas con pinta de locas, de las que igual te ponen a emprender una semana después del parto para librarte del yugo feminazi y no ‘colectivizar los sentimientos’, como te añora los atascos en la Gran Vía. Es un caramelo para los periodistas, pero tiemblo al pensar qué podría hacer con un presupuesto público”.

En el PP, de hecho, no parecen estar para muchas más bromas: la campaña de Díaz Ayuso ha entrado en perfil bajo los últimos días, con suspensión de eventos programados y debates. ¿IDA bajo tierra? ¡Liberad a IDA, malditos!

En defensa de IDA hay que decir que el volantazo electoral de su jefe no le ha ayudado mucho: Pablo Casado pasó de ofrecer ministerios a Vox a decir (poco más o menos) que el PP sería la tumba del fascismo. Un cambio de rumbo no imposible, pero sí difícil de asimilar de golpe. Es como si Aznar dejara de pronto la política para dedicarse al humor. O como si Rafal Nadal dejara el tenis para escribir un ensayo sobre el fetichismo de la mercancía en Marx. Está bien cambiar en la vida, eh, pero poco a poco.

Se supone que Casado no eligió a la semi desconocida Ayuso por su experiencia, sino por ser derecha sin complejos (es decir, por su bocachanclismo). Pero la política española cambia más rápido que el tiempo en las Azores: si hace tres semanas se llevaba la derechita echada al monte, ahora se lleva la gestión tecnocrática… Pero lo nuevo no acaba de nacer, lo viejo no acaba de morir, y entre medias... IDA nos observa con una inquietante mirada de las mil yardas...

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