Venezuela como puedas

De la gasolinera de Pepe Blanco al avión de Ábalos: cuando la fontanería sale mal

El 'encuentro' entre el ministro y la número dos de Maduro en un avión en Barajas desata la tormenta costumbrista perfecta

Foto: José Luis Ábalos (EFE)
José Luis Ábalos (EFE)

No hay quien pueda con el costumbrismo en España.

Lo sabían Berlanga, Pepe Blanco y los de las tarjetas black. Lo sabe ahora José Luis Ábalos, acusado de verse en Barajas con la número dos de Maduro... en un avión a medianoche. Todo ello tras verse en secreto con el ministro venezolano de turismo en la terminal. El costumbrismo es una bola cómica de calamidades que arrasa todo a su paso.

El pato del rescate bancario lo acabaron pagando unos señores por comer cochinillo en un reservado. Primero, porque es más fácil escandalizarse con una cuenta de restaurante de 400 euros que con una cifra incomprensible de 60.000 millones. Segundo, por el escenario.

Del mismo modo, Pepe Blanco ha pasado a la historia de la política española como el tipo que se reunió en una gasolinera con un empresario gallego, que le acusó luego de cobrar comisiones ilegales. ¡Como si le hubiera acusado de cantar desafinado! Si te reúnes con alguien en una gasolinera en un pueblo perdido de Lugo, luego no llores si la gente piensa que algo tendrás entre manos.

“Blanco y Dorribo se vieron en una gasolinera por una cuestión privada”, alegó en su día Elena Valenciano. ¡Una cuestión privada! ¡Mira tú por dónde! Ábalos también acudió a Barajas "a título privado".

Dos cabalgan juntos

Blanco y Ábalos. Los dos han sido ministros de Fomento y secretarios de organización del partido. Ministro de Fomento, presupuestos holgados, fontanero mayor del reino. ¿Casualidad? Por supuesto. Ninguna relación.

Que igual el Gobierno se puede reunir cuando le venga en gana con representantes del Gobierno venezolano. Faltaría más. Con luz y taquígrafos.

Si lo que quiere el Gobierno es hacer fontanería fina, sin duda es mejor evitar los escenarios costumbristas extremos

Pero si lo que quiere el Gobierno es hacer fontanería fina, sin duda es mejor evitar los escenarios costumbristas extremos.

Si la gasolinera perdida de Blanco no podía traer nada bueno, ¡qué decir de un avión privado venezolano en la madrugada de Barajas! ¡Ya no importa lo que haya pasado ahí! ¡Como si Ábalos y la número dos de Maduro estuvieron jugando al cinquillo y haciendo congas! ¡Hasta la Madre Teresa de Calcuta imaginaría que ha ocurrido algo terrible en ese aeroplano!

También puede ser que a Ábalos le liaran, que solo entrara en el avión a poner orden, pues la número dos de Maduro, la vicepresidenta Delcy Rodríguez, no podía pisar suelo español por las sanciones de Bruselas. Pero eso tampoco le deja en buen lugar, salvo que un vodevil aéreo nocturno sea un buen lugar para un ministro.

Que Ábalos haya dado ya una cantidad absurda de versiones diferentes del astracán, no es que no ayude, es que es más grave que el encuentro en sí, o cuando atrincherarse genera un efecto bola de nieve. Porque vamos a ver, José Luis, si no has hecho nada malo, ¿para qué mientes?

José Luis, por dios, que es de primero de costumbrismo político... ¡Bájate de ese avión caribeño ahora mismo! ¡O súbete y tira hacia las islas Mauricio hasta que escampe!

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