La dimisión del canciller de Austria destapa un sumidero en España
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Carlos Prieto

Animales de compañía

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La dimisión del canciller de Austria destapa un sumidero en España

Sebastian Kurz pierde la cancillería por intercambiar publicidad institucional por cobertura mediática amable. Si le suena de algo, quizás es porque pasa a diario frente a usted

Foto: Un manifestante con careta de Sebastian Kurz, frente a la sede de su partido. (Reuters)
Un manifestante con careta de Sebastian Kurz, frente a la sede de su partido. (Reuters)

Tiene mérito perder la cancillería de un país por cambiar publicidad institucional por cobertura mediática favorable. Es como ser vetado en un karaoke por cantar borracho y desafinado. Prácticas tan arraigadas que uno había olvidado que pudieran incomodar a alguien...

Pero eso es lo que le ha pasado al político austriaco Sebastian Kurz, gran esperanza blanca de la derecha europea, destronado por una costumbre tan arquetípica que, en vez de escandalizarnos, quizá debería hacernos reír o mirar hacia otro lado...

¡Un político intercambiando favores con un periodista! ¡Vamos, hombre! ¿Dónde está el escándalo? ¡Cuéntame algo nuevo!

El 'affaire' austriaco, en tres fases:

1) Kurz quería ser califa en lugar del califa. Cuando 'solo' era ministro de Exteriores, maniobró para liderar su partido (OVP), encargando encuestas prefabricadas para hinchar su popularidad.

2) Pactó con los dueños de un tabloide ('Österreich', de Media Group, uno de los grandes grupos mediáticos del país) difundir las encuestas en artículos lisonjeros a cambio de publicidad ministerial.

3) Kurz llegó a canciller, pero la Fiscalía anticorrupción desveló la trama publicitaria y acaba de dimitir.

Foto: El político austriaco Sebastian Kurz. (Reuters)

En efecto, nadie podrá acusar a Kurz de inventar la rueda, pero la Fiscalía le acusa de gastar 1,3 millones de euros de dinero público para sus intereses personales. Lo nunca visto en política, pero suficiente para tumbar a un canciller... austriaco.

La política no se engrasa sola; la industria mediática tampoco, pero las relaciones heterodoxas entre ambos campos requieren de una discreción (lo que pasa en los reservados de los restaurantes, se queda en los reservados de los restaurantes) que ha saltado por los aires en Austria, con la filtración de correos electrónicos en los que Kurz y sus colaboradores (ministros, demoscópicos, periodistas) celebraban el intercambio de favores.

Un escándalo mediático irresistible. Irresistiblemente familiar...

'Celtiberia show'

Cuando Iván Redondo era el fontanero del presidente José Antonio Monago en Extremadura, se reunió con directores de medios locales para hacerles una sugerencia: si trataban con amabilidad a su jefe, la Junta sería generosa con la publicidad institucional. Lo contó aquí uno de los asistentes a esas comidas.

En los años extremeños de Redondo, el gasto en publicidad institucional se multiplicó por 47, reveló un informe interno publicado en El Confidencial.

Foto: Sebastian Kurz. (Reuters)

Según los datos del informe, el reparto publicitario no se hizo en función de las audiencias, sino de las afinidades políticas (el periódico que vendía tres veces menos se llevó un 130% más en publicidad que su rival, menos permisivo con el Gobierno Monago).

O la publicidad institucional como herramienta clientelar y disciplinaria al mismo tiempo.

Lo de siempre

Extractos de 'El director', polémicas memorias de David Jiménez sobre su etapa al frente de 'El Mundo':

1) “Los Acuerdos, como se conocían los pactos negociados con las grandes empresas al margen de las cifras de audiencia o el impacto publicitario, habían salvado a la prensa durante la Gran Recesión. Era un sistema de favores por el que, a cambio de recibir más dinero del que les correspondía, los diarios ofrecían coberturas amables, lavados de imagen de presidentes de grandes empresas y olvidos a la hora de recoger noticias negativas”.

Mientras al ciudadano le chocan escenas donde políticos y empresarios engrasan la maquinaria, para los periodistas son 'business as usual'

2) "Desayuno con el presidente de una multinacional energética... —¿Hay algo que pueda hacer por ti? Me quedé en silencio, sin saber si debía pedir que redujera la factura de la luz de San Luis, un millón de euros adicionales en publicidad o información confidencial sobre los expolíticos —incluidos los expresidentes Felipe González y José María Aznar— que habían cobrado de los consejos de administración de empresas energéticas. —Hmmm... Nada, gracias —dije tras un largo silencio… Durante el viaje de regreso me pregunté si no había hecho el gilipollas".

'El director' suele gustar más a civiles que a periodistas. Algunos periodistas dicen que a David Jiménez le falta autocrítica para sostener tanto idealismo, pero sobre todo se quejan de que el libro no cuenta nada que no se supiera en la profesión: "¡Un periódico intercambiando favores con políticos y empresarios! ¡Vamos, hombre! ¿Dónde está el escándalo? ¡Cuéntame algo nuevo!".

Foto: Sebastian Kurz

En efecto, mientras al ciudadano medio le chocan las escenas del libro en que periodistas, políticos y empresarios engrasan la maquinaria, para los periodistas son 'business as usual'.

Pero claro: cuando uno alcanza tal grado de cinismo periodístico hacia todo lo que le rodea, puede acabar defendiendo con ardor el honor mancillado de Sebastian Kurz. ¡Un político intercambiando favores con un periodista! ¡Vamos, hombre! ¿Dónde está el escándalo? ¡Cuéntame algo nuevo! ¡Dónde vamos a ir a parar! ¡Acabáramos!

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