Desencantado de la filosofía de Spotify, encantado de sus sueldos: 151.540 euros

La compañía sueca tiene pérdidas y los artistas no están contentos con lo que perciben desde la plataforma, ¿quién sale ganando además de los empleados?

Foto: El CEO de Spotify, Daniel Ek.
El CEO de Spotify, Daniel Ek.

¿Qué debe pensar un compositor cuando se le dice que la media de los sueldos en Spotify, desde un recepcionista al CEO, es de 151.540 euros anuales? Y son 1.610 trabajadores. “Joder. (Silencio) Para lo que recibimos de ahí...”, fue la respuesta cuando contactamos con uno de ellos para comentarle una información que viene acompañada de unas declaraciones desde la propia compañía para justificar un aumento salarial del 152% en los últimos cinco años: “Dependemos de gente clave para desarrollar grandes productos y servicios. Si somos incapaces de retener, atraer e integrar personal cualificado, nuestra capacidad de hacer crecer nuestro negocio podría estar en peligro y perderíamos en innovación”. También, entre otras decisiones de su “negocio”, está la de no incrementar el porcentaje de los royalties para los otros artistas... los músicos. Es su empresa y en su casa cada uno establece sus normas.

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Aproximadamente, tal y como se explicó la semana pasada en El Confidencial, cada vez que suena un tema de un determinado compositor en Spotify se traduce en 0,0064 euros de derechos, de los cuales suelen llegar al artista unos 0,0010 euros. Echando una cuenta rápida, sólo si un artista logra que sus temas suenen 151 millones de veces podrá estar en la media de los afortunados trabajadores de la firma sueca. ¿El error está en el porcentaje? Un 30% de lo percibido por publicidad y suscriptores premium se quedan en la compañía (incluyendo accionistas) con trabajadores en Estocolmo, Londres y Luxemburgo, el 70% restante se va fuera.

La cantante y compositor Taylor Swift.
La cantante y compositor Taylor Swift.

 

Si sacas disco: no vayas a Spotify, espera

Internet ha sido, para bien o para mal, un facilitador capaz de eliminar intermediarios y abaratar costes de cara al usuario. Igual que se pueden comprar unas zapatillas sin necesidad de ir a una tienda (vendedor y alquiler de un local), Spotify, entre otras plataformas, permite escuchar novedades también sin aparente encarecimiento del producto: del artista/compañía directamente al consumidor. Con 90 millones de usuarios activos -30 millones de ellos son de pago premium-, los ingresos de 2015 ascendieron a 2.000 millones, pero registrando unas pérdidas de 173 millones. Algo no cuadra porque, salvo los trabajadores, de momento no parece que nadie saque algo en claro de todo esto.

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Hace un año y medio, Taylor Swift retiró de Spotify su catálogo, incluyendo su por aquel entonces novedoso '1989', que estaba registrando ventas de 1,4 millones de copias en la primera semana. Esta decisión, anteriormente, también lo adoptaron otros artistas como Beyoncé, McCartney o Coldplay. ¿Por qué? Porque al artista, ya sea grande o pequeño, no le compensa tener un producto nuevo en Spotify ya que torpedea las ventas que tiene en otros canales donde le saca más rédito económico: venta física o iTunes, por ejemplo. Si Sportify sigue encorsetado con el porcentaje y trata por igual un tema de hace 50 años que una novedad podría convertirse en una plataforma para escuchar 'música clásica'. En una tienda no cuesta lo mismo un cd antiguo que una novedad.

Desencantado de la filosofía de Spotify, encantado de sus sueldos: 151.540 euros

Spotify, un espíritu 'libre' al 86,7%

A esta duda se suma cómo, en cierta manera, las grandes discográficas tienen agarrada de ahí abajo a Spotify con un accionariado del 16,3% que se distribuye de la siguiente manera: Sony BMG (5,8%), Universal Music (4,8%), Warner Music (3,8%) y EMI (1,9%), además de Merlin que también tiene una pequeña porción. ¿Cómo influyen en la sugerencia de temas en listas de reproducción sabiendo que por cada click van a ingresar 'doble'?

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Cuando Spotify se creó, pensé que era la plataforma idónea para que los artistas obtuvieran el ingreso económico justo por cada una de sus creaciones melódicas, pero si no da beneficios, los propios compositores no están satisfechos con los ingresos y las discográficas se han convertido en actores influyentes dentro de la compañía…

“Hay que estar porque, de momento, parece que hay que estar. Para que te vean. Pero económicamente no aporta nada y sigo pensando que prácticamente es poner tu música gratis. Como si te cogieran de la nevera tu comida. Otra cosa es YouTube, donde, al menos, sí que aporta algo (mayor volumen de usuarios, 1.000 millones, y sin necesidad de inyección económica por parte de ninguna discográfica). Aunque aquí hay otra serie de peleas… como que alguien no ponga un vídeo con tu música y mientras él tiene 100.000 visitas, el tuyo original tiene una ínfima parte. Ahí habría que solicitar los derechos de autor para regularizar todo y que cada uno perciba lo correspondiente”, concluye el artista. Quizás no vayan mal los tiros por ahí. Todos ganan y nadie pierde… no como en Spotify (salvo por los 1.610 trabajadores).

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