Contra la izquierda: seamos realistas, pidamos lo posible

El último libro de Jordi Gracia muestra cómo, al menos en España, es la socialdemocracia quien no cesa de preguntarle angustiosamente a su alma qué debería ser y cómo renacer

Foto: Pedro Sánchez el pasado 8 de marzo en la manifestación por el día internacional de la Mujer Trabajadora. (EFE)
Pedro Sánchez el pasado 8 de marzo en la manifestación por el día internacional de la Mujer Trabajadora. (EFE)

En inglés existe una expresión, “soul-searching”, que significa literalmente preguntarle a tu alma. Se podría parafrasear como el proceso de análisis personal -un poco angustiado- que permite conocer las propias motivaciones y los verdaderos sentimientos. Quizá las circunstancias actuales sean idóneas para que la derecha española lleve a cabo ese examen que, al menos en apariencia, no parece haber creído necesario en los últimos siete años en el poder (2011-2018), y ni siquiera en los siete anteriores cuando estaba fuera de él (2004-2011).

Es probable que no se trate solo de la derecha española. Aunque se habla con frecuencia de la falta de identidad intelectual de la socialdemocracia que, consideramos, la mantiene alejada del poder, el conservadurismo tradicional en Europa no parece estar mucho mejor. Como recordaba la semana pasada Ignacio Molina en Agenda Pública, Les Républicains en Francia y Forza Italia se hallan en horas muy bajas, el centro derecha portugués está fuera del poder, “la democracia cristiana no gobierna hoy en ni uno solo de los países del Benelux” y la que fuera la “todopoderosa CDU de Merkel”, en Alemania, se encuentra en una posición de debilidad inédita en esta década. Los conservadores británicos mantienen el gobierno, pero este es un caos y parece que su único objetivo sea sobrevivir un día más a las negociaciones de un Brexit envenenado. Por no hablar del Partido Republicano estadounidense, que a pesar de la victoria ha renunciado a una buena parte de su ideología tradicional. Parece que el conservadurismo está tan deshilachado y falto de capacidad de atracción como la socialdemocracia.

Pero, al menos en nuestro país, es la socialdemocracia quien no cesa de preguntarle angustiosamente a su alma qué debería ser y cómo renacer, de qué manera volver al poder y qué hacer con él. Lo pensaba leyendo 'Contra la izquierda. Para seguir siendo de izquierdas en el siglo XXI', un libro de Jordi Gracia recién publicado por Anagrama. Aunque tiene solo 82 páginas, se da la circunstancia de que empecé a leerlo con el PP gobernando España y lo acabé con Pedro Sánchez en la Moncloa. Y eso cambia las cosas. Porque, a fin de cuentas, el poder lo cambia todo.

Lo que no es izquierda

La reivindicación izquierdista de Jordi Gracia es, en muchos sentidos, una reivindicación de la socialdemocracia clásica. Gracia reconoce que “la gravísima crisis económica que aún pervive ha empujado una y otra vez hacia la derecha a la socialdemocracia”, y que “los cambios sociales la crisis, la emergencia de la nueva izquierda y la conciencia democrática de las nuevas generaciones han dejado a la socialdemocracia clavada en el centro ideológico, con una inquietante propensión al centro derecha”.

'Contra la izquierda'
'Contra la izquierda'

Pero, al mismo tiempo, entiende que una parte importante de las señas de identidad de la nueva izquierda no son en realidad de izquierdas: no lo es “el fundamentalismo de la corrección política”, “no es de izquierdas el paternalismo que expulsa de la esfera pública el discurso culto por si suena demasiado elitista”, “no lo es tampoco sabotear las leyes que no gustan”, ni la “imputación indiscriminada de acoso sexual”, ni “defender lo imposible porque esa retórica abona la perpetuación del orden fundamental”. Ser de izquierdas hoy, dice Gracia, “es un misterio”.

Para Gracia, ese “misterio” debe resolverse volviendo a una izquierda un poco más irónica, un poco más pesimista, un poco más recelosa. Reconociendo que “hoy el horizonte político real de la izquierda es modesto y hasta antiquimérico, pero es el único verosímil. No hay programa de máximos alguno en la izquierda, porque defenderlo es un fraude ético e intelectual; paradójicamente, su programa de mínimos es su mejor programa de máximos contra la prepotencia del poder económico y global”. Por supuesto, para muchos este proyecto ―la izquierda es especialista es discutir su esencia, un “soul searching” cercano a veces al masoquismo― supone un regreso a la traidora socialdemocracia que, según algunos, compró por entero el proyecto de la “tercera vía” encarnado por Clinton, Blair, Shröder, y quién sabe si también por Felipe González como telonero de lujo y Obama como glamuroso epílogo.

Si en España el nuevo PSOE en el gobierno replicara la actitud del PP, estaríamos ante un drama doble. Pero démosle una cierta confianza

Pero estos políticos supieron entender la tensión entre orden y progreso que hay en todas las sociedades modernas, utilizar esa interpretación para hacerse con el poder y diría que ―más allá de que uno admire o no sus gobiernos― aspiraron a transformar, con una mezcla de osadía y prudencia, las sociedades que gobernaron. Si en España el nuevo paso de la izquierda por el gobierno replicara la actitud del PP, la de ocupar el poder más que gobernar, estaríamos ante un drama doble. Es cierto que el PSOE tendrá pocas opciones. Pero, sea como sea, démosle una cierta confianza.

¿Más osadía y menos prudencia?

Sin embargo, puede que el problema sea otro, que va más allá de la coyuntural crisis de la democracia cristiana y de la socialdemocracia tradicionales. La alternancia de estas dos familias ideológicas ha traído a Europa las mejores décadas de prosperidad y apertura (limitada). Pero ¿han dejado de ser útiles? ¿Son sus principios una antigualla y serán superados por quienes entienden que es tiempo de más osadía y menos prudencia, y prometen desorden a corto plazo para conseguir un mayor progreso a largo plazo?

Jordi Gracia escribió este panfleto cuando la izquierda estaba fuera del poder y, diría, tenía pocas esperanzas de que volviera pronto

No faltan ideas para una respuesta afirmativa ni para una negativa. Simplemente, hemos dejado de saber cómo circulan las ideas o, por decirlo de otro modo, si el marco ideológico en el que crecimos sigue siendo útil o no. Creo que la reivindicación de adaptarlo a los nuevos tiempos económicos y sociales, que es lo que hace Gracia, tiene sentido más allá de las posibles discrepancias. Lo que no sabemos es si dentro de diez años los reformistas de ahora seremos unos vencedores resignados e insatisfechos o unos derrotados nostálgicos.

Jordi Gracia escribió este panfleto cuando la izquierda estaba fuera del poder y, diría, tenía pocas esperanzas de que volviera pronto. En las nuevas circunstancias, no saben hasta qué punto tengo ganas de leer un panfleto de derechas equivalente, escrito por los conservadores de su quinta y cultura. Porque debería haberlos.

El erizo y el zorro

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