Greñas, cuernos y Black Sabbath: el libro más divertido que leerás sobre el heavy metal

O’Neill publica una historia de este género musical que es al tiempo una sátira de las inacabables discusiones sobre ciertos detalles que sus seguidores mantienen entre cervezas

Foto: Concierto de Black Sabbath. (EFE)
Concierto de Black Sabbath. (EFE)

El heavy metal nació el 13 de febrero de 1970: el día en que apareció el primer disco del grupo de Birmingham Black Sabbath. Birmingham, en el norte de Inglaterra, era una zona industrial, y los cuatro componentes de Black Sabbath eran veinteañeros de clase obrera que habían trabajado en fábricas de la zona (algunas, curiosamente, dedicadas a la extracción y producción de metal) y en un matadero. “A estos cuatro chavales la vida les deparaba un futuro de duro trabajo en fábricas, borracheras importantes en pubs locales y poco más. La música era su válvula de escape. Una huida de la rutina. Un atisbo de algo distinto, tal vez de una vida lejos de la cadena de producción”. El heavy era una forma perfecta de escapismo.

Un escapismo necesario para mucha gente. A finales de los sesenta la evolución del pop había sido enorme, pero el mundo no había cambiado tanto como esperaban muchos de quienes lo practicaban y escuchaban. El sueño hippy estaba muerto. Inglaterra ya había salido de la posguerra más dura y era un lugar próspero, pero los padres de esos chavales habían participado en la Segunda Guerra Mundial o la habían sufrido. La contienda era un recuerdo constante en sus casas y habían visto sus efectos cuando, de niños, jugaban entre las ruinas de edificios bombardeados -Birmingham fue una zona particularmente dañada por los aviones alemanes. Además, la vida de estos jóvenes en barrios obreros violentos no tenía nada que ver con el supuesto flower power, sino más bien con la violencia y un futuro en el que era perfectamente posible la guerra nuclear. Algunos de sus miembros eran católicos, habían sido educados en la existencia del demonio y hasta habían practicado el ocultismo de una manera que a ellos mismos les dio miedo. El heavy metal también podía ser una manera de expresar ese miedo no solo material, sino sobrenatural.

'Historia del Heavy Metal'. (Blackie Books)
'Historia del Heavy Metal'. (Blackie Books)

Todo esto lo cuenta Andrew O’Neill en 'La historia del heavy metal', que acaba de publicar en castellano la editorial barcelonesa Blackie Books. O’Neill es un cómico que representa desde hace tiempo un monólogo sobre la historia del heavy metal, que conforma la base de este libro. Se nota: el libro es divertido, erudito, una reivindicación de la identidad heavy pero, al mismo tiempo, una sátira de su humor y de las inacabables discusiones sobre ciertos detalles del género que sus seguidores mantienen entre cervezas.

Según cuenta O’Neill, hubo muchos grupos que pueden ser considerados precursores del heavy, pero de ninguna manera -O’Neill parodia muy bien el dogmatismo de algunos heavys, pero incurre en él de manera autoconsciente e irónica-, heavys. No eran heavys Deep Purple, ni Cream ni Led Zeppelin, aunque todos ellos, y hasta los Beatles, aportaran elementos al género que inauguró Black Sabbath. Aunque compartieran muchas cosas, el heavy era la música que contaba “el doloroso fin del idealismo de los sesenta y el nacimiento de una época marcada por el cinismo”.

Sexo, droga y heavy metal

Los heavys continuaron con parte de la estética hippie, pero le añadieron elementos más duros, como la ropa de las bandas de moteros y la iconografía de la Segunda Guerra Mundial que tanto había marcado su infancia. La idea era hacer una música pesada -como dice su nombre-, dolorosa y a la vez escapista, pero también un poco ostentosa, con grandes muestras de dominio instrumental. (Como en tantas ocasiones, el término “heavy metal” nació como un insulto de los críticos de rock del establishment que desdeñaban esa música de obreros, pero sus intérpretes acabaron asimilando el nombre con orgullo). Muchos de sus primeros intérpretes -Judas Priest, Motörhead, Iron Maiden, Venom- se sentían incapacitados para hacer letras con demasiada carga política porque, simplemente, no sabían de política, pero se fueron sofisticando y algunos asumieron los mensajes políticos del punk, que nació no mucho después en esa misma década. Pero, por supuesto, además estaban la diversión, la droga, las cantidades inverosímiles de alcohol y el sexo. Algunos se estaban convirtiendo en estrellas.

O’Neill reconoce que el heavy es una identidad macarra, machista y excluyente. Pero... ¿qué más se le puede pedir a una identidad?

Aun así para O’Neill, que cuenta todo eso con un candor humorístico, el heavy es sobre todo “sentimiento”. “La clave no está en buscar lo extremo a nivel sonoro, sino ese profundo peso emocional que te comunica la música. Es algo más abstracto que se siente en el alma”. Vestirse como un heavy, destrozarse las vértebras haciendo headbanging -el baile que consiste en agitar violentamente la cabeza al ritmo de la música-, hacer los cuernos con la mano, la propensión a desarrollar enfermedades auditivas por escuchar la música demasiado alta o determinadas técnicas para la guitarra eléctrica y el bajo son una identidad. Una identidad que, entre bromas, O’Neill reconoce que puede ser macarra, machista, purista o excluyente. Pero a fin de cuentas una que proporciona diversión y consuelo. ¿Qué más se le puede pedir a una identidad?

O’Neill ha creado en Spotify una playlist con las canciones que van apareciendo en su libro. Son 85 temas que he escuchado una y otra vez mientras leía el libro y la sensación ha sido la misma que cuando, siendo ateo, he ido a misa: no entiendes la mitad de lo que está pasando, pero te das cuenta de que ahí hay algo muy importante para mucha gente y que serías un idiota si no te lo tomaras en serio. El libro entra en disquisiciones humorísticas, pero muy serias, sobre las diferencias entre los subgéneros del heavy como el black metal, el dark metal, el trash metal o el speed metal, las diferencias entre el heavy británico y el californiano o las virtudes del heavy escandinavo, que a los profanos nos suenan exactamente igual que las discusiones teológicas. El libro es algo desordenado, y se dirige más a su parroquia, para quien el heavy se coloca en el centro de la existencia, que a quienes solo tenemos curiosidad y le dedicaremos un tiempo limitado. 'La historia del heavy metal' es un libro muy divertido y sofisticado en su defensa de una identidad que pasa por garrula. No creo que nadie que no sea heavy lo lea y salga corriendo a comprarse una camiseta negra o decida dejarse el pelo largo y hacerle un altarcillo a Satán. Pero, al mismo tiempo… La verdad es que Black Sabbath están muy bien.

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