Las tendencias de 2019: de la tragedia de Facebook al miedo al apocalipsis

En 2018 han emergido las tendencias que dominarán el mundo en el nuevo año que empieza

Foto: Beksinski
Beksinski

Cada año es un prólogo de los posteriores, pero el que ahora termina parece que será especialmente así. En 2018 han emergido las tendencias que dominarán 2019: las redes sociales seguirán complicando la convivencia, la izquierda y la derecha tradicionales deberán reconocer que tienen que reinventarse, el populismo de derechas vivará una gran auge, el periodismo continuará contando la vida como su fuera un partido de fútbol y, como hasta ahora, temeremos y desearemos por igual el apocalipsis.

Estas son mis predicciones. Feliz año nuevo.

El año en que Facebook se dará cuenta de la magnitud de su tragedia

En 2018 descubrimos que Facebook es el nuevo tabaco: proporciona placer a nuestro cerebro, tiene ciertas utilidades, pero es indiscutiblemente malo. De manera escalonada, hemos ido recordando -porque en realidad no se trata de una novedad- que la red social ha potenciado sus elementos más adictivos, ha violado la privacidad de muchos de sus usuarios, ha contribuido a fomentar el extremismo político y tiene además poderes monopolísticos. Si 2018 fue el año del shock, puede que 2019 sea el de las primeras, lentas y paulatinas respuestas políticas y culturales. Hace tiempo que Facebook pierde usuarios activos, en parte como protesta a todas estas revelaciones, en parte porque a los niños que se convierten en adolescentes no les parece muy guay sumarse a una red social a la que pertenecen sus padres. Pero además Facebook Inc. ha perdido un 42 por ciento de su capitalización bursátil en la segunda mitad de 2018. Lo cual fastidia a la red social un poco más que las cuestiones éticas que hasta ahora ha dejado de lado, más preocupada por crecer en minutos de uso -y por lo tanto en ingresos publicitarios- que por hacer un producto más sano. ¿Cambiará Facebook este año? Seguramente no demasiado. Pero den por hecho que, definitivamente, ahora sí será cuestionada con más dureza. Los golpes en el pecho que se dará Mark Zuckerberg por los errores cometidos se oirán en la luna.

Facebook ante la tragedia. (Reuters)
Facebook ante la tragedia. (Reuters)

La derecha y la izquierda seguirán intentando postergar un cambio necesario

Esta no es una predicción a un año, sino a una década. Pero 2019 será importante en ese proceso. Durante muchísimo tiempo hemos pensado, celebrado, lamentado y certificado la crisis de la socialdemocracia. Se han escrito millones de palabras contradictorias para explicar el fenómeno: que la socialdemocracia llevaba a cabo exactamente las mismas políticas que la derecha y se había convertido en neoliberal; que seguía anclada en un ideario vinculado a un mundo industrial, masculino y no globalizado que ha dejado de existir; o que ha puesto demasiado énfasis en las identidades -la de los gays, las mujeres, las minorías- y se ha olvidado de sus electores tradicionales. En España, se le reprocha que el continuo coqueteo con los nacionalismos para conseguir mayorías parlamentarias le ha hecho perder sus esencias. Todas esas teorías discordantes pueden tener algo de cierto. Pero la derecha tradicional -llamémosla democracia cristiana, centroderecha o conservadurismo- se ha ido al garete sin que apenas nos diéramos cuenta. En su forma más ortodoxa, ya solo gobierna en Alemania. En Italia ha sido barrida, en España es posible que Vox y Ciudadanos la absorban, en Francia es testimonial, en Austria gobierna con la extrema derecha, en Reino Unido -donde siempre había presumido de prudencia y pragmatismo- puso en marcha el proceso de Brexit del que ahora no sabe cómo salir y en Estados Unidos, Trump ha transformado radicalmente muchos de los rasgos ideológicos de su partido en solo tres años.

La izquierda ha dedicado mucho esfuerzo a entender la crisis de la socialdemocracia y a intentar salir de ella. En general, no ha servido de mucho. En parte por eso, es probable que la derecha adopte una vía más rápida para tratar de superar su gran crisis: imitar el mensaje de quien le amenaza desde su derecha (véase el punto cuatro).

Donald Trump, el liquidador de la derecha clásica estadounidense
Donald Trump, el liquidador de la derecha clásica estadounidense

El deporte (además de las historias de amor entre ricos, las desgracias con suspense y la contemplación del puro poder) seguirá siendo el lenguaje más internacional

Chartbeat, una organización que investiga el consumo de medios de comunicación, ha llevado a cabo un estudio sobre los temas que durante el año pasado más despertaron la atención de los lectores en todo el mundo (aunque la muestra tiene un sesgo favorable a los países anglosajones y europeos, y eso hay que tenerlo en cuenta. ¿Qué interesó al planeta durante 2018? La Copa del Mundo de fútbol en Rusia, pero también la boda real británica (1.1 millones de horas de lectura agregada en los medios online), la tragedia de los jóvenes jugadores de fútbol atrapados en una cueva tailandesa (3,4 millones de horas) y, por supuesto, Trump.

No son datos que deban frustrar a los periodistas: la mezcla de deporte, amor monárquico, una desgracia con suspense y un política algo histérica es un buen reflejo de lo que son los periódicos. No necesariamente lo que nos gustaría que fueran, pero síun refuerzo de la idea de que las cosas que se vuelven virales tienen elementos narrativos extremadamente clásicos. No esperen que eso cambie. Una buena historia sigue siendo una buena historia. Para mi incorregible sorpresa, a mucha gente le sigue pareciendo que no hay mejor historia que el fútbol.

Los jugadores franceses celebran su victoria en el Mundial de Rusia. (EFE)
Los jugadores franceses celebran su victoria en el Mundial de Rusia. (EFE)

Cuanto peor funcione el capitalismo, mejor le irá a la derecha

Quizá usted crea que la derecha es la defensora del capitalismo -más o menos salvaje- y la izquierda es partidaria de una revolución para cambiar el sistema o, más comúnmente, de corregirlo, matizarlo y darle una conformación más justa, aunque pueda resultar menos eficiente. Es posible que tenga razón. Pero no lo dé por sentado. El capitalismo sigue siendo el sistema más funcional, beneficioso y progresista que existe, pero cuanto peor funciona -y estaremos de acuerdo en que ahora no lo hace de maravilla-, más beneficiada sale la derecha. Hay quien cree que, en momentos de incertidumbre, la gente prefiere el autoritarismo conocido de cierta derecha en lugar de los sueños utópicos de la izquierda más radical, que de hecho siempre acaban mal, o del reformismo voluntarista de la izquierda o la derecha más juiciosas, que siempre parecen poca cosa. De nuevo, puede ser. Pero prepárese para ver cómo en 2019 la derecha a la derecha del conservadurismo capitaliza todas las angustias legítimas provocadas por la creciente desigualdad, el estancamiento de los sueldos y una inmigración que en realidad, en Europa, desciende. Todo eso hará que el punto dos se complique cada vez más.

Santiago Abascal celebra los resultados de Vox en las elecciones andaluzas. (EFE)
Santiago Abascal celebra los resultados de Vox en las elecciones andaluzas. (EFE)

El miedo al apocalipsis será uno de los grandes temas de 2019

Una viñeta de la revista estadounidense New Yorker publicada recientemente mostraba a dos manifestantes, cada uno con una pancarta. En la del primero se leía un lema habitual entre los radicales, tanto religiosos como políticos: “El fin está cerca”. La del segundo, seguramente un centrista aburrido y cansado de tanto alboroto político e ideológico, decía: “¿Es que esto no va a acabar nunca?”. Gracias a varios juegos de palabras, la broma tenía más gracia en inglés, pero refleja muy bien el estado de ánimo de las sociedades ricas. Los populistas de distintas clases prometen el fin del sistema actual y la toma del poder al asalto, pero esta nunca llega (y cuando lo hace se descafeína rápido, como en el caso de Trump o de Salvini; aunque este hecho no los hace menos peligrosos). En el mundo cultural, las trompetas suenan desde siempre: ya nadie lee, suelen decir los apocalípticos, ya nadie va a los museos, ya nadie escucha música clásica, los jóvenes son más tontos que nosotros y no prestan atención a lo que de verdadero valor tiene la cultura. ¡Sólo la novela puede explicar nuestro ser y ahí andan los jóvenes, viendo memes en el teléfono! Estos temores pueden tener algo de cierto, pero son una lata recurrente. El mundo, la civilización y los valores de occidente pueden terminar el año que viene como pudieron acabarse en 1985 o en 1719: voceros de ambas cosas no han faltado nunca. Pero no hay que hacerles demasiado caso. Con una salvedad: el apocalipsis es el modelo de negocio preferido por los medios. Decía antes que nada vende tantos periódicos, o suscita tantos clics, como el fútbol, las bodas de aristócratas, la política histérica o las tragedias en las que sufren inocentes. Me corrijo. Lo que vende de verdad es el apocalipsisis. Y 2019 tiene, en ese sentido, una pinta estupenda: para empezar, todo el mundo está de acuerdo en que la economía irá a peor.

El erizo y el zorro
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