John le Carré sigue en forma a sus 88: vuelve el autor de novelas de espías más brillante

No es, lógicamente, la mejor novela de un escritor casi nonagenario -no es 'El espía que surgió del frío', ni 'El topo', ni 'El jardinero fiel'- pero sigue siendo estupenda

Foto: John Le Carré. (EFE)
John Le Carré. (EFE)

Nat es hijo de un escocés y de una rusa, y tiene cuarenta y siete años. Su matrimonio con Prue, una abogada de izquierdas idealista, aún funciona, pero le da miedo que deje de hacerlo ahora que vuelven a vivir juntos después de años separados. Él trabajaba en Europa del Este como espía y su tapadera era ser diplomático. Pero la Guerra Fría ha terminado. Ya no hay tanto trabajo en el Este. De modo que le mandan a casa. Es, se teme él, el primer paso antes de que le despidan. Como casi cualquiera a su edad, vive con miedo a recibir una llamada de recursos humanos.

Este es el punto de partida de 'Un hombre decente', la nueva novela de John le Carré, el autor de novelas de espías más brillante de todos los tiempos. Hoy sus personajes tienen vidas menos emocionantes que las de sus antecesores. En el espionaje hay más burocracia, los políticos se entrometen más, la tecnología está por todas partes. En el caso británico, además, no tienen ni idea de cómo van a trabajar con sus colegas de la Unión Europea una vez se produzca el Brexit. Por no hablar de la cooperación con los estadounidenses en tiempos de Trump y de su errática política exterior. Pero el tema que recorre sus novelas sigue siendo el mismo: la traición, y cómo la vanidad o la insatisfacción nos llevan a sumarnos a nuestro peor enemigo solo por perjudicar a quien hasta hace poco era nuestro mejor amigo; y la debilidad, lo que el miedo o el idealismo le hacen a nuestra cabeza.

'Un hombre decente'. (Planeta)
'Un hombre decente'. (Planeta)

Nat, finalmente, recibe la llamada de recursos humanos. Pero no es para despedirle, sino para darle un cargo mediocre, en el mismo Londres, en el que seguirá lidiando con los rusos. Pero ahora, en tiempos de Putin, tendrá que ocuparse de la invasión de Ucrania por parte del presidente ruso, o de los viejos demócratas que contribuyeron a derrocar el comunismo, convertidos ahora en mafiosos millonarios. Nat no está entusiasmado, pero al menos tiene trabajo, sigue siendo espía, y cuando no puede más juega a badminton en su club. Últimamente lo hace con Ed, un joven con quien queda todos los lunes, lo que le ha obligado a ponerse las pilas, porque el chico es bueno de verdad. Después del partido, toman unas cervezas y hablan de política. Ed odia el Brexit, odia a Boris Johnson, cree que Trump es un Hitler en potencia. Nat cree lo mismo, pero con algo menos de intensidad, con el relativismo que dan los años.

John le Carré ha publicado 'Un hombre decente' a los ochenta y ocho años. No es, lógicamente, su mejor novela -no es 'El espía que surgió del frío', ni 'El topo', ni 'El jardinero fiel'- pero sigue siendo estupenda. Su peor defecto es el maniqueísmo político: aun cuando se puede estar totalmente de acuerdo con unos personajes que abominan de la oleada populista de nuestro tiempo, hay en ellos algo absurdamente simplista, impropio de la sutileza del autor. “Gran Bretaña -dice Nat mientras ve cómo se prepara la visita de Trump a la Reina de Inglaterra que tuvo lugar hace apenas unos meses- está desenrollando la alfombra roja para un presidente norteamericano que ha venido a despreciar nuestros bien ganados vínculos con Europa y a humillar a la primera ministra que lo ha invitado”. Para Ed, Boris Johnson es “ese cabrón narcisista y elitista de Eton, que no alberga ni una sola convicción decente aparte de su propio ascenso social”.

Esencia y trama

Pero más allá de esta falta de sutileza -circunscrita, por suerte, a las ideas políticas de sus protagonistas-, lo estupendo de Le Carré es que sigue manteniendo su esencia y que la influencia de la política en la trama está mucho mejor resuelta. Las primeras páginas son lentas; en ellas se retratan unos personajes que aparentemente buscan cómo vivir, cómo relacionarse, que no cuentan demasiado, ni quieren saber demasiado, que intentan incluso no recordar para no mandarlo todo al cuerno. Pero una vez la intriga de espionaje se pone en marcha todo se acelera y la trama se convierte en pura intriga inteligente e irónica.

Los libros de Le Carré son algunos de los mejores retratos que se han hecho de ese viejo mundo: el idealismo, la infidelidad, la paranoia...

Dentro de poco más de una semana se cumplirán treinta años del principio del final del comunismo. Celebraremos la caída del Muro -alguno dirá que en realidad aquello fue un gran invento para impedir que el capitalismo penetrara en el Este-, lamentaremos brevemente la tragedia social que fue el comunismo -alguno dirá que fue el mayor logro social de la humanidad, aunque al final reconozca que no salió como estaba previsto- y pasaremos página para seguir con nuestra democracia liberal imperfecta -alguno dirá que aún es posible un comunismo que funcione-. Los libros de Le Carré son algunos de los mejores retratos que se han hecho de ese viejo mundo: el idealismo, la infidelidad, la paranoia y la verdadera persecución. Vale la pena volver a sus obras para asomarse, por un lado, a la eterna condición humana, pero también a las circunstancias concretas en las que esta se desarrolló durante décadas en muchos lugares cercanos.

'Un hombre decente' quizá no sea un retrato tan brillante de nuestro tiempo, pero sí es un reflejo de él, empezando por la rigidez ideológica de algunos de sus protagonistas. Le Carré siempre es Le Carré, domina los tiempos de la narración como pocos y es mucho más que un autor de novelas de espías; es un novelista brillante con una gran agudeza psicológica y un gran ojo para el detalle. Además, argumentalmente, 'Un hombre decente' es más clara que muchas de sus obras más logradas y tiene momentos de inesperado… no optimismo, eso sería decir demasiado, pero sí momentos de reconciliación, de satisfacción personal. A fin de cuentas, en esta estupenda novela alguien está intentando ser un hombre decente. Y eso, entre los espías que operan a las órdenes de Putin, el Brexit o Trump es un logro en sí mismo.

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