Sexo, violencia y subversión: una historia de la música como nunca la habías visto

El último libro de Ted Gioia es una de las historias sobre la música más desenfadadas, llamativas e inteligentes que se pueden encontrar

Foto: Mick Jagger, en pleno concierto de The Rolling Stones. (Reuters)
Mick Jagger, en pleno concierto de The Rolling Stones. (Reuters)

Elvis Presley pasó de verse censurado por sus movimientos de cadera a ser recibido en la Casa Blanca del republicano Richard Nixon. Bob Dylan pasó de ser considerado la encarnación de la rebeldía juvenil revolucionaria a recibir el Premio Nobel de Literatura. En 2003, Mick 'morritos' Jagger fue investido caballero por Isabel II.

Se podría pensar que esta es la dinámica propia de la música pop: un día eres visto con recelo por los padres de familia que temen que tu música convierta a sus hijos en lascivos comunistas y, si vives lo suficiente, acabas siendo cortejado por el 'establishment' conservador. No es particularmente osado afirmar que ese ha sido el funcionamiento de la cultura popular durante los últimos 75 años. Un poco más arriesgado es lo que afirma Ted Gioia en su nuevo, fascinante y extraordinario libro 'La música. Una historia subversiva', recién publicado por la editorial Turner: que esa ha sido la dinámica desde que la música existe. Es decir, desde que existe el ser humano.

'La música', de Ted Gioia. (Turner)
'La música', de Ted Gioia. (Turner)

Gioia es uno de los grandes críticos musicales de su generación (nació en 1957), es autor de brillantes historias del jazz y el blues (ambas publicadas también en Turner) y tiene una prosa divertida y una capacidad de síntesis admirable. Lo demuestra este volumen, que en poco menos de 600 páginas explica la historia de la música desde que algún cazador prehistórico se dio cuenta de que la cuerda de su arco emitía un sonido, y lo convirtió en un predecesor del violín, hasta la era de los productores estrella de tecno que pinchan en Ibiza por asombrosas cantidades de dinero.

Gioia aborda, por ejemplo, la manera en que los pueblos antiguos reconocían las diferentes músicas que el viento hacía al soplar entre distintas clases de árboles y cómo trataban de imitarlas, las relaciones siempre complejas del sexo y la violencia con las canciones, cómo Pitágoras convirtió la música en una disciplina matemática o la forma en que las canciones —sobre todo las que llamamos himnos— nos arengan y hacen que nos sintamos parte del grupo con el que las cantamos.

De la marginación al respeto

Pero, más allá de estos hechos al mismo tiempo intuitivos y extraordinarios, Gioia enseguida pone a prueba su tesis: la música interesante es obra de marginados o esclavos, nace en sitios que la sociedad desprecia y poco a poco va abriéndose camino hacia la respetabilidad. Las elegantes canciones de los trovadores occidentales, dice, en realidad tienen su origen en los cánticos de los esclavos musulmanes en España. La Iglesia católica luchó con todas sus fuerzas contra la música polifónica, que consideraba demoniaca, pero luego la abrazó porque se dio cuenta de que no podía acabar con ella. Bach se convirtió en un símbolo del luteranismo y la nación alemana, pero era un tipo borde, mal visto por muchos de sus contemporáneos, que consideraban aberrante su música compleja, y que se casó con una joven casi adolescente con la que tuvo 20 hijos (en su época, corría el chiste de que “no paraba de darle al órgano”).

Durante mucho tiempo, se consideró que el jazz era fruto de la falta de civilización y el desenfreno sexual propio de la raza negra

Los elegantes melómanos que ahora acuden con vestidos de noche a ver una nueva representación de lo que parece una obra de entretenimiento brillante y boba, 'Las bodas de Fígaro', de Mozart, quizás olviden que en el momento de su estreno, tres años antes de la Revolución francesa, supuso una crítica brutal a la nobleza. Hoy, Beethoven es considerado un genio del Romanticismo cuya música inspira hasta a la Unión Europea (el 'Himno a la alegría' es su melodía oficial), pero en su época estos fueron algunos de los adjetivos que se usaron para describir su música: extraña, peculiar, arbitraria, extravagante, misteriosa, sombría y difícil. El jazz y el blues, como se sabe, nacieron entre los esclavos negros del sur de Estados Unidos y, durante mucho tiempo, se consideró que era fruto de la falta de civilización y el desenfreno sexual propio de la raza negra.

“Los adversarios de la innovación musical —dice Gioia— han sido tan insistentes y severos en la época moderna como en las sociedades antiguas y medievales. Cuando buscamos algo nuevo y emocionante en la música, recurrimos inevitablemente a los marginados que violan los tabúes con sus productos peligrosos e ilícitos”. Con el tiempo, los metemos en un distinguido teatro de la ópera, una sala de conciertos o los revestimos de las nuevas formas de respetabilidad que damos al rock, el folk o jazz. Algún día lo haremos con el trap o el reguetón.

Algún día, el trap o el reguetón serán tan respetables como el jazz o el rock

El libro de Gioia es brillante y su tesis resulta convincente, aunque es posible que, como sucede con todos los libros motivados por una sola tesis histórica, en ocasiones fuerce los hechos o los argumentos para que encajen en esa idea central y poderosa. Pero, incluso si fuera así, 'La música. Una historia subversiva' es una de las historias sobre la música más desenfadadas, llamativas e inteligentes que se pueden encontrar: no solo porque acude a fuentes como la neurociencia, la antropología o la paleontología (es emocionante leer que, en muchas cuevas, las pinturas rupestres se hallan donde la acústica era mejor, porque sus moradores cantaban ante los animales pintados), o porque no hace distinciones pedantes entre la llamada música clásica y la llamada música popular, sino también por su escritura culta y desenfadada (muy bien traducida por Mariano Peyrou), su humor y su enorme erudición, y la capacidad para encajar la música en su contexto histórico y cultural.

“La música no es solo una banda sonora que se escucha de fondo durante la vida, sino que pasa en numerosas ocasiones a un primer plano, llegando incluso a alterar ciertas tendencias sociales y culturales que podrían parecer inmunes a algo tan esquivo e intangible como una canción”. Si está de acuerdo con esta afirmación, es probable que la música sea muy importante para usted. Y si lo es, este libro es un espléndido regalo que hacerse a uno mismo.

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