Del libro al audiolibro (y al 'podcast'): ¿dejaremos de 'leer' para 'escuchar'?
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Ramón González Férriz

El erizo y el zorro

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Del libro al audiolibro (y al 'podcast'): ¿dejaremos de 'leer' para 'escuchar'?

Que el audio no requiera una dedicación exclusiva a la hora de consumir información es una bendición y el sueño de todo adicto

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Cuando el escritor estadounidense Malcolm Gladwell anunció que su nuevo libro había sido concebido para ser escuchado, y que saldría antes en formato audio que en texto, hubo un pequeño terremoto en el sector editorial. Desde hace décadas, en Estados Unidos el audiolibro es un formato de mucho éxito, pero la jerarquía que ocupaba en la industria estaba clara: era un producto derivado, secundario, con respecto al libro para leer. Esa posición no va a invertirse rápidamente. Pero la experiencia de Gladwell y de otros es indicativa de una transición: ¿vamos a consumir más información escuchada que leída?

Periodistas como Gladwell o Michael Lewis —escritores de no ficción, famosos por ser muy buenos contadores de historias reales, que mezclan de forma amena el periodismo y los estudios de psicología y ciencias sociales— casi han dejado de escribir en revistas y periódicos. Tienen 'podcasts' en los que narran directamente lo que en el pasado habrían sido largos reportajes; algunos de sus episodios llegan a tener varios millones de oyentes. Ezra Klein, uno de los periodistas jóvenes más célebres de Estados Unidos, fichó hace poco por el 'New York Times'; escribe artículos en el periódico, pero su producto principal es un 'podcast' de entrevistas. La revista británica 'The Economist', y otras que siguen su ejemplo, tiene una versión en audio de la revista, en la que actores con una espléndida dicción leen todos los artículos de cada número.

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Estos formatos tienen muchísimo sentido, dada la forma en que vivimos ahora. Poder seguir consumiendo información mientras conduces, limpias la casa o haces gimnasia es una bendición para quienes somos adictos a ella. En general, hacer cosas que no te gustan es mejor si mientras escuchas 'podcasts' o audiolibros. Sobre todo, porque estos se permiten algo que la radio generalista no puede hacer: dedicar muchos minutos a un mismo tema —las entrevistas de Klein duran más de una hora, por ejemplo— sin cortinillas, con poca publicidad y con la misma ambición de profundidad que si estuvieran escritos. Además, hay algo extrañamente cordial en oír la voz de los autores. Los libros de Gladwell son fríos, analíticos y un poco detectivescos; en su 'podcast', sin renunciar a esos rasgos, se exhibe más a sí mismo. “El audio es un medio emocional”, dijo hace poco cuando le preguntaron por esa diferencia. Quizá sería absurdo esperar que sus ideas solo nos llegaran por ese medio, pero ¿quién no querría tener a sus autores preferidos hablándole al oído mientras va en el metro?

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¿Y España?

El sector del audio empieza a ser una realidad en España. Este periódico está experimentando con los 'podcasts'. Para quienes nos hemos cansado de leer sobre la pandemia, 'Descifrando el virus', dirigido por Ángel Villarino y Antonio Villarreal, ha sido la mejor manera de oír a especialistas sobre el tema, atender a explicaciones contrapuestas y experiencias personales: yo no habría dedicado 18 horas a leer reportajes sobre el virus —el 'podcast' tiene 18 episodios de unos 60 minutos de duración—, pero el formato audio ha permitido que consumiera muchas de ellas mientras hacía otras cosas. 'XRey', el 'podcast' de Álvaro de Cózar sobre la abdicación del rey Juan Carlos y su trayectoria previa, es un producto estupendo y ha tenido un éxito enorme. Audible, la división de Amazon dedicada al audio, anunció hace unas semanas sus resultados en España. Son tan buenos que hay que considerarlos con escepticismo, pero en todo caso parece que el consumo aumenta: en seis meses de presencia en el país, la empresa afirma haber servido tres millones de horas de escucha, y que estas crecen más de un 30% al mes. Según un estudio de Bookwire y Dosdoce (que también son parte interesada), en España las ventas de audiolibros superan los 10 millones de euros al año y su crecimiento es de un 30% anual.

Audible, la división de Amazon dedicada al audio, anunció hace unas semanas sus buenos resultados en España

La primera gran pregunta es si, además de entretenernos —por otro lado, la función principal de la lectura—, este formato permite la transmisión de argumentos e ideas, y si estos perduran en la memoria en la misma medida que a través de la lectura. Con una salvedad, me parece que sí: no creo que la información y sus efectos se asienten de manera más superficial cuando nos llegan por los oídos que por los ojos. (La salvedad es que el audio no se puede subrayar, y para mí subrayar es la mitad de la lectura). La segunda gran pregunta es si quienes escribimos deberíamos empezar a reciclarnos, a pensar en dedicarnos, sobre todo, a leer en voz alta lo que escribimos. No es una mala opción y, en muchos sentidos, es tentador: Gladwell afirmaba que en parte su paso al 'podcast' y al audiolibro se debía a que estos requieren trabajo en equipo, y que eso hace que el producto final sea mejor que un artículo o un libro que has escrito tú solo. También resulta agradable pensar que, en el audio, quizá tus oyentes sientan una mayor cercanía contigo, y por lo tanto desarrollen una fidelidad mayor. A fin de cuentas, también hay razones técnicas: cuando te suscribes a un 'podcast', cada nuevo episodio se descarga automáticamente en tu teléfono, cosa que aún no hemos sabido hacer con los artículos de periódico de un autor concreto.

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De modo que, para todos —quizá con la salvedad de los impresores—, el paso al audio es una buena noticia. No debería acabar con la lectura que, para algunos, no es solo un medio para acceder a la información, sino un generador de costumbres, de la butaca al café con el libro, a las que no querremos renunciar. Pero que el audio no requiera una dedicación exclusiva es una bendición y el sueño de todo adicto: seguir consumiendo ideas mientras te duchas, sacas al perro o tiendes la ropa. Bienvenido sea.

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