A mí tampoco me gusta el béisbol. Pero este libro es (casi) filosofía
'Moneyball' cuenta cómo un técnico revolucionó el mundo del deporte al adoptar un sistema de juego basado en las matemáticas. Pero sobre todo plantea si se puede explicar todo el comportamiento humano mediante la ciencia
Un jugador de béisbol en imagen de archivo. (EFE/Sáshenka Gutiérrez)
Billy Beaneera un joven jugador de béisbol muy prometedor. Ya en el instituto era mejor que chavales bastante mayores que él y tenía el físico perfecto: alto y delgado, pero con potencial para desarrollar músculo. Todos los cazatalentos de los grandes equipos parecían enamorados de él. Estaba destinado a ser uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.
Y en 1980, uno de los grandes equipos de Estados Unidos, los Mets de Nueva York, le hizo una gran oferta, equivalente a medio millón de dólares actuales, para que renunciara a ir a la universidad y, con solo 17 años, saltara directamente a la liga profesional. Beane aceptó. Los medios y los aficionados estaban expectantes. Y luego… Bueno, luego resultó que Beane era un jugador mediocre. Empezó a dudar de su propio talento y cada vez que cometía un error parecía hundirse un poco más. Saltó de un equipo a otro. Muchos se preguntaban qué había pasado para que esa promesa nunca hubiera triunfado. A los veintisiete años, cuando muchos otros jugadores están en plena madurez, entró en las oficinas del club y dijo que quería dejar de ser jugador para convertirse en miembro del equipo técnico.
El escritor Michael Lewiscontó la historia de Billy Beane en su bestseller Moneyball. El arte de ganar con todo en contra, que dio pie a una estupenda película en la que Brad Pitt interpretaba el papel de Beane, y que hace unos meses ha publicado por primera vez en español la editorial Península. Pero en lugar de centrarse en su etapa como jugador fracasado, Lewis cuenta su muy controvertido periodo como director técnico de un equipo pequeño, los Oakland Athletics, en el que intentó responder al equívoco que casi hunde su propia vida: si los ojeadores habían creído que él sería una estrella, era simplemente porque estos, los supuestos sabios del deporte, no tenían ni idea. Se dejaban llevar por ideas románticas sobre la el físico de los jugadores o su capacidad para ilusionar a los fans.
Como técnico, él aplicaría un criterio totalmente distinto: juzgaría el talento por medio de fórmulas matemáticas y estadísticas que permitieran ver en números concretos el rendimiento de los jugadores. Eso le llevó a fichar a muchos que los demás equipos ignoraban o despreciaban y convirtió a los Athletics, que disponían de un presupuesto mucho más pequeño que los grandes clubes, en el equipo revelación durante varias temporadas. Pero también rompió en dos el mundo del béisbol, entre quienes creían que el deporte se basa en la magia y quienes, como él, pensaban que es una mera cuestión de números y ciencia.
Cubierta de 'Moneyball', de Michael Lewis.
Michael Lewis es el autor de libros memorables como La gran apuesta —sobre la crisis financiera, convertido también en una película con Brad Pitt— o Deshaciendo errores —sobre la vida de dos psicólogos israelíes que hicieron enormes descubrimientos sobre la conducta humana—. Escribe con una increíble fluidez y retrata de manera incomparable a personajes reales con motivaciones complejas y fallos de carácter. Pero Moneyball demuestra que uno de sus mayores talentos consiste en hacerte devorar libros cuyo tema, en principio, no te interesa. Muchas páginas de este están dedicadas a aspectos del béisbol que no entiendo —no he visto un partido en toda mi vida—, pero a pesar de ello seguía leyendo porque era evidente que la historia importante no es la superficial, que habla de bateadores, home runs, estrategias de defensa o cosas incomprensibles como “bases por bolas”, sino una más profunda: ¿debemos utilizar la ciencia para entender las cosas que siempre se han basado en las emociones? ¿Dice más de un jugador la manera en que refuerza nuestra pasión por un deporte y un equipo o la fórmula matemática “Carreras creadas = (Hits + Bases por bolas) x Bases totales / (Turnos al bate + bases por bolas)”, que planteó uno de los padres de la estadística aplicada al béisbol?
Pero Lewis, como decía, también es un maestro explicando las motivaciones personales. Beane quiere basarse en la razón, pero es impulsivo e iracundo (rompe cosas cuando se enfada porque las cosas no salen como quiere), y en el fondo su impulso es personal, porque su fracaso como jugador “era el producto de una concepción errónea de qué es lo que distingue” a una estrella, dice Lewis. Paul DePodesta, el joven economista que fue su mano derecha y que elaboraba las fórmulas para detectar el talento, quiere imponer su pasión científica para dejar en evidencia a los viejos cazatalentos que se sienten los guardianes de las esencias del deporte y se basan en la intuición y la experiencia y desdeñan las matemáticas. Y estos, naturalmente, creen en su sabiduría, se sienten el centro del deporte y no quieren desaparecer a manos de niñatos enganchados a la pantalla del ordenador.
Moneyball, pese a tratar de un tema que a la mayoría nos resulta abstruso, es un libro maravilloso que plantea una pregunta capital de nuestro tiempo: ¿puede explicarse una pasión con un Excel? Seguramente sí, pero: ¿estamos seguros de que queremos hacerlo?
Billy Beaneera un joven jugador de béisbol muy prometedor. Ya en el instituto era mejor que chavales bastante mayores que él y tenía el físico perfecto: alto y delgado, pero con potencial para desarrollar músculo. Todos los cazatalentos de los grandes equipos parecían enamorados de él. Estaba destinado a ser uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.