Rosalía católica y los toros molan. La cultura pop se vuelve conservadora
Tras una década de progresismo, la cultura está asumiendo temas y géneros que se asociaban con la derecha. No solo en España. También en el mundo anglosajón está en declive el dominio de los temas 'woke'
Portada del disco 'Lux' de Rosalía. (Instagram/@rosalia.vt)
La semana pasada, Rosalía presentó su nuevo disco en Madrid. Se titula Lux. En la portada la cantante aparece con una indumentaria que recuerda a un hábito, algunas canciones llevan títulos como "Reliquia" y "Mío Cristo", y en una de ellas canta el coro de la Escolanía de Montserrat. Aunque Rosalía siempre ha jugado con la iconografía religiosa, esto supone un salto enorme respecto a sus dos discos anteriores, cuya estética oscilaba entre el polígono y la diva queer. También la semana pasada se estrenó la película más singular del cine español reciente, Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, que cuenta la historia de una brillante adolescente que decide abandonar los estudios para convertirse en monja de clausura.
La religiosidad en España no ha parado de caer durante las últimas décadas, hasta el punto de que solo la mitad de la población se declara católica. Pero ahora, por primera vez en mucho tiempo, se ha producido un ligero repunte de la gente que dice ser creyente. Es probable que la aparición simultánea de un disco y una película de temática religiosa sea una mera casualidad. Aunque también es posible que forme parte de una tendencia general que empieza a advertirse en España y en otros países occidentales: quizá la cultura no se haya vuelto conservadora, pero muchos temas y actitudes conservadores han vuelto a la cultura y se mezclan de manera natural con su orientación básicamente progresista.
Quizá la cultura no se haya vuelto conservadora, pero muchos temas y actitudes conservadores han vuelto a la cultura
Véase el caso del toreo. Aunque se encuentra en declive por razones demográficas y económicas, gracias a películas como Tardes de soledad, de Albert Serra, o a la iconografía que rodeó la retirada de Morante de la Puebla, su imagen se está transformando rápidamente. Más allá de los problemas morales que uno tenga con este espectáculo, los toros se han transformado en algo cool, una encarnación de la aventura y el riesgo en tiempos tecnológicos e higiénicos. El torero representa ahora ese romanticismo conservador obsesionado con darle un sentido trascendente a la vida. Quizá por todo ello, durante esta temporada la plaza de toros de Las Ventas ha tenido un millón de espectadores, su mejor registro en una década.
El giro conservador
Pero no se trata solo de España. Hasta este año, la imagen de Taylor Swift era la de una chica que acumulaba ligues y rupturas, incapaz de sentar cabeza. Al fin, este verano se comprometió con su novio. En la foto que publicó del momento de la pedida, en mitad de un frondoso jardín, él aparecía arrodillado ante ella, que vestía de Ralph Lauren —la marca emblemática de los pijos conservadores americanos—, dándole un anillo de medio millón de dólares. Era la promesa de un matrimonio tradicional perfecto.
De acuerdo con una encuesta reciente, el country, un estilo que no es exclusivamente conservador, pero que con frecuencia refleja valores conservadores, es hoy el género más popular de Estados Unidos, por delante del hip hop; hasta Beyoncé ha grabado un brillante disco country. Para pasmo de los británicos, también en Reino Unido es el género que más crece. La publicidad se ha sumado a este auge conservador: el ya célebre anuncio de vaqueros American Eagle, protagonizado por Sydney Sweeney, se convirtió brevemente en un emblema del conservadurismo por su reivindicación desprejuiciada del atractivo sexual de Sweeney y el ambiguo elogio de sus genes.
Taylor Swift. (Doug Peters)
Nada de esto significa por fuerza un cambio en las ideas políticas de los artistas. Rosalía se ha manifestado en contra de Vox y Swift y Beyoncé votaron a Kamala Harris. Serra dice que no le interesa la política y Tangana -otro artista que ha recuperado estéticas tradicionales- ha afirmado que "la idea de que posicionarse [consiste en] elegir un bando me repele, porque, encima, vaya bandos". Pero es evidente que la cultura se está abriendo a un universo y una estética tradicionalmente conservadores, y reivindicando expresiones que parecían irremediablemente envejecidas, como los toros. Es probable que esto sea una reacción natural tras una década en la que la cultura ha estado muy dominada por el progresismo; es como si de repente los artistas se liberaran porque perciben que ahora las críticas por abandonar la ortodoxia son menos poderosas y no van a destruir su carrera. Puede ser simplemente que nuestros millennials, la cohorte que ahora domina la cultura popular moderna, se han hecho mayores y empiezan a tener las preocupaciones propias de la mediana edad. Pero tal vez sea algo más profundo: el reflejo de que, en efecto, el mundo en general se está volviendo más conservador y cada vez más gente quiere refugiarse en valores y experiencias estéticas tradicionales.
No significa por fuerza un cambio en sus ideas políticas. Rosalía se ha manifestado en contra de Vox y Swift y Beyoncé votaron a Kamala Harris
Era inevitable que algo así sucediera en algún momento. Y si uno consigue abstraerse de la trifulca política general, presenciar esta transformación es fascinante. Primero lentamente, pero ahora ya de manera acelerada, la cultura popular está cambiando de dirección y abrazando temas y géneros que había marginado. Y fusionándolos con la modernidad más extrema. Esa es la manera en que debe funcionar la cultura.
La semana pasada, Rosalía presentó su nuevo disco en Madrid. Se titula Lux. En la portada la cantante aparece con una indumentaria que recuerda a un hábito, algunas canciones llevan títulos como "Reliquia" y "Mío Cristo", y en una de ellas canta el coro de la Escolanía de Montserrat. Aunque Rosalía siempre ha jugado con la iconografía religiosa, esto supone un salto enorme respecto a sus dos discos anteriores, cuya estética oscilaba entre el polígono y la diva queer. También la semana pasada se estrenó la película más singular del cine español reciente, Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, que cuenta la historia de una brillante adolescente que decide abandonar los estudios para convertirse en monja de clausura.