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Al fin una peli explica bien cómo era el Mundo Antiguo
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Ramón González Férriz

El erizo y el zorro

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Al fin una peli explica bien cómo era el Mundo Antiguo

El cine ha mostrado a los héroes griegos como jóvenes, bellos y moralmente perfectos. 'El regreso de Ulises' muestra un retrato más fiel y humano de lo que eran personas imperfectas que supuestamente vivieron en la Edad de Bronce

Foto: Ralph Fiennes y Juliette Binoche en un fotograma de 'El regreso de Ulises'. (Uberto Pasolini, 2024)
Ralph Fiennes y Juliette Binoche en un fotograma de 'El regreso de Ulises'. (Uberto Pasolini, 2024)
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La cultura popular moderna ha hecho cosas muy raras con el mundo griego antiguo. Angelina Jolie tenía 29 años cuando, en la película Alejandro, interpretó a Olimpia de Piro, la madre de Alejandro Magno; este estaba interpretado por Colin Farrell, que tenía 28. Troya, una versión libre de la Ilíada, convirtió la guerra más sanguinaria y trágica de la mitología griega en una especie de desfile de modelos de lencería protagonizado por los bellísimos Brad Pitt, Orlando Bloom y Diane Kruger. Kirk Douglas tenía poco más de 35 años cuando interpretó a Ulises en la película del mismo nombre, y Silvana Mangano, que era Penélope, 24; si aceptamos el marco temporal que establece la Odisea, él tenía que haberse marchado a la guerra con 15 años y ella se quedó embarazada de Telémaco con 4.

Así pues, la cultura popular ha tendido a representar a los héroes clásicos más bellos y más jóvenes de lo que cabe esperar que fueran en la realidad, si es que alguna vez existieron. Pero hay algo más llamativo aún: normalmente los ha hecho mejores de lo que fueron. Los protagonistas de la literatura o la mitología clásica, sobre todos los griegos, no eran buenas personas, sino seres caprichosos y volátiles. Aquiles, el protagonista de la Ilíada, rompía la coalición militar de Grecia porque le habían quitado a su esclava sexual, y solo volvía a la lucha para vengar la muerte de su mejor amigo, y probablemente amante, Patroclo; además, violaba principios básicos de la religión, como garantizar un entierro digno incluso a los enemigos.

Ulises era, dicho de una manera filológicamente poco precisa, un cabrón: en la guerra hacía trampas que incluso los romanos consideraron luego indignas de un soldado honorable, le puso los cuernos una y otra vez a su mujer y abandonó varias veces a sus hombres.

No importa demasiado: el cine está para entretenernos y no para ilustrarnos. Pero el historial de chapuzas y tergiversaciones que la cultura popular ha hecho con el mundo griego antiguo es tal que me ha sorprendido mucho la película El regreso de Ulises, del director italiano Uberto Pasolini, que puede verse en Filmin. Posiblemente, es la que mejor ha entendido, y la que transmite de manera más honesta y precisa, cómo era el mundo en el que vivieron esos hipotéticos héroes y guerreros. Espóiler: no tenía ningún glamour.

Un mundo crudo y bestial

La película de Pasolini reconstruye solamente los últimos capítulos de la Odisea. No cuenta las aventuras de Ulises —los líos con las diosas, el asesinato del Cíclope, el episodio de las sirenas— , sino el momento en el que, después de veinte años de ausencia, llega a Ítaca para recuperar el trono y a su mujer, Penélope. Ulises, interpretado por Ralph Fiennes, que tiene 62 años y el cuerpo de alguien fuerte, pero no joven, se sabe viejo y está cansado. Y se siente culpable. Ha matado a mucha gente, ha sido infiel y tramposo, y es consciente de que es abusivo esperar que, tanto tiempo y tantas traiciones después, su mujer —una espléndida Juliette Binoche de 60 años, bella pero agotada y casi derrotada— y su hijo le acojan como si no hubiera pasado nada.

Los héroes clásicos estaban llenos de imperfecciones morales, no eran en absoluto iconos sexuales y vivían amargados por la culpa

Si Ulises quiere recuperar su viejo trono es, probablemente, porque desea una vejez segura, no más aventuras. Ítaca no es una isla fastuosa, sino un pedrusco en mitad del mar Mediterráneo en el que viven, sobre todo, porqueros, pastores y perros. El palacio real es apenas un castillo de piedras amontonadas. Nadie lleva cascos amenazantes ni armaduras, sino túnicas sobrias y taparrabos de lana. La película entiende bien algo que la mayoría olvida: puede que la Odisea fuera el texto fundacional de la cultura clásica, pero sus acciones, si es que existieron, tuvieron lugar unos 800 años antes de que nacieran Platón o Aristóteles. Se trata de una historia que sucede en la Edad de Bronce. Por decirlo de manera poco precisa, tan cerca de la prehistoria como de Cicerón.

Es posible que El regreso de Ulises no sea una gran película. Pero es extrañamente refrescante. En la batalla ideológica actual se vuelve a hablar con insistencia de que las raíces de nuestra civilización se encuentran en la literatura y la filosofía grecolatinas. Vuelve una idea de la masculinidad que, en ocasiones, parece querer emular la beligerancia y la temeridad de los mitos clásicos. Pero la mayoría de esas evocaciones están mucho más inspiradas por las representaciones pop de la cultura clásica que por la propia cultura clásica. Esta película modesta y honesta nos cuenta la historia de una manera mucho más parecida a la realidad: quizá debamos volver a los valores clásicos, pero debemos saber que sus héroes estaban llenos de imperfecciones morales, no eran en absoluto iconos sexuales y vivían amargados por la culpa y el arrepentimiento. Ah: y ni ellos mismos respetaban lo que ahora llamamos "valores clásicos".

La cultura popular moderna ha hecho cosas muy raras con el mundo griego antiguo. Angelina Jolie tenía 29 años cuando, en la película Alejandro, interpretó a Olimpia de Piro, la madre de Alejandro Magno; este estaba interpretado por Colin Farrell, que tenía 28. Troya, una versión libre de la Ilíada, convirtió la guerra más sanguinaria y trágica de la mitología griega en una especie de desfile de modelos de lencería protagonizado por los bellísimos Brad Pitt, Orlando Bloom y Diane Kruger. Kirk Douglas tenía poco más de 35 años cuando interpretó a Ulises en la película del mismo nombre, y Silvana Mangano, que era Penélope, 24; si aceptamos el marco temporal que establece la Odisea, él tenía que haberse marchado a la guerra con 15 años y ella se quedó embarazada de Telémaco con 4.

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