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Cómo romper con tu mejor amiga y sobrellevar su éxito
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Ramón González Férriz

El erizo y el zorro

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Cómo romper con tu mejor amiga y sobrellevar su éxito

Se publica una crónica de la amistad y la posterior ruptura de dos escritoras muy distintas, Joan Didion y Eve Babitz. Lo que podría parecer una mera sucesión de chismes es una adictiva reflexión sobre la amistad

Foto: 'Babitz y Didion', de Lili Anolik. (Penguin Random House)
'Babitz y Didion', de Lili Anolik. (Penguin Random House)

En 2004, cuando tenía 70 años, Joan Didion escribió el libro El año del pensamiento mágico. Este contaba una historia terrible: mientras su hija Quintana estaba en coma por complicaciones de una neumonía, su marido murió de un ataque al corazón. Poco después, Quintana se cayó y a resultas de la caída, tuvo que ser operada de un hematoma cerebral. Luego, mientras Didion se encontraba en mitad de la gira de presentación, Quintana murió con solo 39 años.

Didion tenía tras de sí una larga carrera como escritora. Había triunfado como periodista en los años sesenta, escribiendo crónicas muy críticas sobre el auge del hippismo y la contracultura, y sobre la turbulenta política estadounidense. Era una pequeñoburguesa de buena familia, una conservadora que había sabido crear una imagen pública misteriosa y tímidamente atractiva. También triunfó con sus novelas, trabajó escribiendo guiones para Hollywood y, en un giro inesperado, en los años ochenta le dio por escribir sobre la política latinoamericana.

Pero todo eso quedó difuminado por el fulgurante éxito de El año del pensamiento mágico, que la convirtió, ya anciana, en voz de un feminismo reflexivo y doliente, pero fuerte. Poco después, con ochenta años, se convirtió en un icono al protagonizar una campaña de gafas de sol de la marca de lujo Céline. Con el paso de los años había ido dejando atrás su conservadurismo para abrazar a la izquierda. Muchas mujeres de mi generación la consideraron un modelo a seguir.

Eve Babitz era hija de la aristocracia cultural de California —su padre ponía música a películas de Hollywood y de joven se acostumbró a frecuentar a personajes como Igor Stravinsky y Marcel Duchamp— y también triunfó en los años sesenta. Como Didion, fue una cronista de la América contracultural, pero desde el lado contrario. Babitz contó abiertamente su vocación promiscua —fue amante del cantante de los Doors, Jim Morrison, del aspirante a actor Harrison Ford y de una sucesión de músicos, periodistas y artistas— y era adicta al desorden y el drama. Era una figura relativamente menor, pero encarnaba una versión descarada y hedonista de la liberación femenina. Su tono no era recogido y reflexivo, como el de Didion, sino excesivo, sensacionalista y teatral. Pero ambas eran amigas. Muy amigas. Sin embargo, su relación acabó mal. ¿Por envidia? ¿Por divergencia de caracteres? En el siglo XXI, mientras Didion se convertía en una peculiar estrella de la literatura y el estilo chic, casi nadie se acordaba de Babitz. Una pequeña editorial recuperó su obra, que también fue apreciada por algunas jóvenes autoras, pero envejeció sola en una casa sucia cuya hipoteca a veces dejó sin pagar. Seguramente, nadie en España sabía quién era.

Foto: babitz

Ahora, cinco años después de la muerte de ambas —su historia es tan paralela que las dos murieron en diciembre de 2021— se traduce el libro Didion y Babitz (Penguin Random House), en el que la periodista estadounidense Lily Anolik traza una especie de biografía paralela de ambas. Es un libro un poco estrafalario y muy desigual. Pero lo cierto es que es adictivo. Transmite una genuina fascinación por esos dos personajes tan contradictorios y ayuda a entender cómo funcionan la amistad, la ambición y la envidia en el mundo cultural. Sobre todo en un mundo cultural como aquel, en el que el dinero y la fama eran relativamente comunes.

De la amistad al odio

Didion y Babitz es, en parte, un talentoso monumento al chisme literario. ¿Era el marido de Didion homosexual y además estaba enamorado de Babitz? ¿Babitz abandonó su época de flirteo constante con las estrellas del rock porque se llevaban las chicas delgadas y ella, como reconoció con una autocrítica humorística pero también dolida, tenía el culo grande? ¿Odiaba Didion el cine pero a pesar de ello trabajó en Hollywood porque sabía que era el camino a la fama? ¿Por qué dos mujeres tan liberadas tenían tantos reparos con el feminismo tradicional?

Foto: 10-ensayos-para-esta-primavera

Todo esto puede parecer intrascendente, y en ciertas ocasiones ciertamente lo es. Pero Anolik —cuyo estilo es pirotécnico y en ocasiones desmesurado como el de Babitz— es una escritora muy hábil que va tirando del lector mediante preguntas un poco más serias sobre las razones más profundas de la amistad entre dos personas muy distintas, cómo la ambición se entromete en las relaciones humanas y la manera en que la vejez —triunfante la de Didion, miserable la de Babitz— da un sentido completamente distinto a la juventud y la madurez.

¿Es Didion y Babitz un libro brillante? No lo creo. Pero yo lo cogí con escepticismo, creyendo que leería apenas una decena de páginas antes de dejarlo, y me lo leí en tres días. Ahora estoy leyendo los libros de Didion que no había leído y la reciente edición en español de lo mejor de la obra de Babitz, titulada Yo era un encanto (también en Penguin Random House). Si un libro, por desigual que sea, consigue eso, es que algún mérito tiene.

En 2004, cuando tenía 70 años, Joan Didion escribió el libro El año del pensamiento mágico. Este contaba una historia terrible: mientras su hija Quintana estaba en coma por complicaciones de una neumonía, su marido murió de un ataque al corazón. Poco después, Quintana se cayó y a resultas de la caída, tuvo que ser operada de un hematoma cerebral. Luego, mientras Didion se encontraba en mitad de la gira de presentación, Quintana murió con solo 39 años.

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