De la apertura al totalitarismo: una gran crónica de la represión en China
Gracias al éxito de sus libros, Jung Chang ha sido la voz crítica con el comunismo chino más conocida en Occidente. Ahora regresa con un volumen de memorias en el que cuenta su historia personal y el regreso de lo peor de la dictadura
Plaza de Tiananmén, en Pekín. (Getty/Lintao Zhang)
En 1991, dos años después de que el mundo se quedara estupefacto ante la represión de las protestas en la plaza de Tiananmén de Pekín, Jung Chang publicó uno de los libros con más influencia política de las últimas décadas, Cisnes salvajes.
En él contaba la historia de China a través de tres mujeres de su familia. Su abuela nació en 1909, cuando aún gobernaba el último emperador chino, en un mundo típicamente prerrevolucionario: le vendaron los pies para impedir que crecieran, su padre la entregó como concubina a un señor de la guerra para mejorar la situación familiar y vivió recluida la mayor parte de su juventud. Su hija —la madre de Chang— se hizo comunista siendo adolescente y participó en la guerra revolucionaria, en la que conoció a su esposo; él acabó siendo un alto funcionario comunista, aunque ambos se fueron desengañando y sufrieron penas de cárcel y humillaciones públicas. Finalmente, Chang creció siendo también una fiel comunista, hasta que con catorce años su vida cambió radicalmente cuando fue testigo de la brutalidad de las juventudes rojas. Después, vería el crecimiento grotesco del culto a Mao y la muerte de su padre en 1975, con poco más de cincuenta años, a causa de la represión sufrida y la angustia por la deriva totalitaria del régimen que él mismo había contribuido a crear. Así que en 1978, abandonó el país, se instaló en Londres y, tras unos años ayudando a empresas occidentales a invertir en una China que parecía haber dejado atrás lo peor del maoísmo, publicó el libro.
Este mezclaba con mucho talento las historias personales con los acontecimientos históricos, el retrato de las singularidades de la cultura china y la brutalidad de su política. Vendió 15 millones de ejemplares en 40 lenguas, y aunque se prohibió en China, circularon allí miles y miles de copias ilegales. Pese a que Chang insistía en que el régimen se había abierto al mundo y reducido la represión, se convirtió en la voz crítica con el comunismo chino más reconocible en Occidente.
Desde entonces, Chang ha seguido publicando libros sobre la historia y la cultura de China, como una biografía de la última emperatriz regente del país, otra de Mao —que generó una inmensa controversia— y una historia de la revolución a través de tres de sus protagonistas, las hermanas Soong. Y ahora ha vuelto con unas memorias, Vuelan los cisnes salvajes(Lumen), que son una secuela de Cisnes salvajes. En parte, reelaboran la misma historia, pero van más allá de esta. Por un lado, cuentan el choque cultural que supuso su llegada a Reino Unido y su paulatina integración en un país democrático. También son una reflexión sobre el impacto de la fama. Pero, por encima de todo, se trata de un documento estremecedor sobre cómo, tras la llegada deXi Jinpingal poder, se ha endurecido la represión y ya no es posible tener esperanzas de que a corto plazo el país se convierta en una democracia.
De la relajación a la brutalidad
Tras la publicación de Cisnes salvajes, Jung Chang se benefició de la "relativa relajación en China en la década de 1990, gracias a que el país necesitaba desesperadamente a Occidente para su economía". Aunque prohibieron sus memorias, las autoridades le permitían viajar al país para documentar sus nuevos libros, algo que cuenta en pasajes que muestran su talento para mezclar la historia general y la biografía personal. También le dejaban visitar a su familia. Pero uno de los rasgos principales de las dictaduras es la arbitrariedad, de modo que en ocasiones la embajada le denegaba el visado o, si podía entrar en el país, le imponía la compañía de agentes de policía que pretendían tomar nota de con quién se reunía o de qué hablaba. En algunos momentos, su miedo ya no era tanto si le dejarían entrar sino si, una vez dentro del país, le permitirían marcharse.
Sin embargo, su mayor preocupación en esos años, en los que su madre envejecía en el interior del país y se volvía vulnerable a pesar de una fortaleza asombrosa, era lo que el régimen podía hacer a su madre y al resto de su familia en represalia por lo que ella hiciera o dijera en Occidente. Nada escapa al Estado totalitario, que cree que no solo debe pagar el individuo que le ofende sino quienes le aman. "Mi madre sentía el peligro que entrañaba mi trabajo con mucha más intensidad que yo", dice. Pero como contó en Cisnes salvajes, era una mujer de acero. "Nunca me pidió que dejara de hacerlo o que me moderara".
Cubierta de 'Vuelan los cisnes salvajes', de Jung Chang.
Vuelan los cisnes salvajes son unas brillantes memorias, la historia entremezclada de una mujer, una familia y un país. A diferencia de lo que sucedía en 1991, hoy tenemos muchos documentos que demuestran el carácter dictatorial del régimen chino y la manera en que es capaz de reprimir, silenciar y humillar, por lo que resulta menos sorprendente que su predecesor. Quizá tampoco sea un libro con esa ambición. Pero Chang es una escritora sensible y hábil y esta obra es una actualización muy meritoria de la deriva represora de China en tiempos de Xi y, para quien no haya leído otros libros de la autora, una estupenda introducción.
En 1991, dos años después de que el mundo se quedara estupefacto ante la represión de las protestas en la plaza de Tiananmén de Pekín, Jung Chang publicó uno de los libros con más influencia política de las últimas décadas, Cisnes salvajes.