Elogio del movimiento
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Ricardo Menéndez Salmón

Iluminaciones

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Elogio del movimiento

Eloy Tizón publica 'Técnicas de iluminación', donde se muestra como uno de los escritores de referencia de su generación

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Eloy Tizón, autor de 'Técnicas de iluminación'.

Es conocida la intuición de Gustave Flaubert según la cual basta contemplar un objeto el tiempo suficiente para que se vuelva interesante. Esta idea ha calado en escritores de la talla de Jorge Luis Borges (quien afirmó que la historia de un piojo podía resultar tan fascinante como la de Alejandro) o Thomas Bernhard (que se jactó ante Peter Hamm de ser capaz de escribir quinientas páginas sobre un asunto tan antiliterario como la E mayúscula), y se ha concretado en la obra de varios de los mayores innovadores de la literatura contemporánea, desde Georges Perec, que organizó su gigantesca La vida instrucciones de uso como una especie de listado extenuante de la cosificación, hasta David Foster Wallace, que se despidió de los vivos con su extraordinaria El rey pálido, una apabullante investigación sobre la Hacienda norteamericana, epítome donde los haya del tedio y el aburrimiento.

En Técnicas de iluminación (Páginas de espuma), su retorno al relato tras siete años de silencio editorial en el género, Eloy Tizón retoma la tesis del maestro francés dándole un giro sutil, aunque decisivo. En uno de los textos más conseguidos de la colección, La calidad del aire, Tizón propone una muy bella glosa de la poética flaubertiana: “A poco que uno observe algo con cierta demora, ese algo se convierte de inmediato en una coreografía”.

Tizón regresa con Técnicas de iluminación al lugar que por derecho propio le pertenece, el de uno de los escritores más importantes de su generación

En un escritor tan meticuloso en el empleo de las palabras como el que nos ocupa, “coreografía” no puede ser un término adoptado de forma azarosa, pues etimológicamente significa escritura de la danza, y la danza es, por definición, movimiento. Y es que, a pesar de proclamarse Técnicas de iluminación, en mi ánimo el presente volumen ha terminado por titularse Técnicas de desplazamiento, toda vez que el corazón del libro y su unidad residen en la constante tensión entre quietud y movimiento a la que se ven constreñidos sus protagonistas.

Los diez relatos del libro son manifestaciones de un gusto por la fraternidad del detalle y la educación de la mirada, elementos definitorios de toda literatura que se precie. Saber mirar, para desde lo pequeño elevarse a lo grande, aceptando, como se sugiere en Nautilus, relato que cierra la cosecha, la importancia decisiva del fractal como modelo orgánico.

Y todo para conceder que, de un modo u otro, el mundo está sutilmente tejido por una red de significaciones que no necesariamente conducen a un sentido, pero que al menos nos sitúan en el camino de su búsqueda. La literatura, pues, como propedéutica para cursas las distintas asignaturas existenciales.

Los mecanismos narrativos que Tizón propone para esta aventura son los habituales en su trabajo: la excelencia del idioma y ese tono medido, que jamás cae en el patetismo ni en la humorada

Los mecanismos narrativos que Tizón propone para esta aventura son los habituales en su trabajo: la excelencia del idioma y ese tono medido, que jamás cae en el patetismo ni en la humorada, y que se asoma a la tragicomedia que es la vida con una feliz ausencia de retórica. En ese sentido, el primer relato del conjunto, el memorable Fotosíntesis, una (re)creación maravillosa y maravillada de Robert Walser y su universo deambulatorio, constituye la puerta de acceso idónea a un libro que confirma a Tizón como poseedor de una voz propia e innegociable, tan alejada de esa prosa de concurso que adorna a buena parte de los cuentistas españoles, y que lo reubica junto a los mejores cultivadores del género en nuestro país, caso de Cristina Fernández CubasLuis Magrinyà o Fernando Aramburu.

Escritor ajeno a la grafomanía, cuyo arco narrativo se ha venido moviendo con absoluta naturalidad entre la estampa veloz y la exigente y hermosa distancia de la nouvelle, Tizón regresa con Técnicas de iluminación al lugar que por derecho propio le pertenece, el de uno de los escritores más importantes de su generación, tanto por lo que cuenta como por el modo en que lo hace. Algo que, por sí solo, sería ya motivo de regocijo, pero que tras la lectura de este libro notable y sugestivo adquiere rango de noticia capital para nuestras letras.