TRANSformación

Ignorantes, elevamos a verdad absoluta nuestra presencia hegemónica sin reparar en el otro, en su justa naturaleza

Foto: 'Alex. Barcelona', en ‘Presente/futuro', de Gorka Postigo, 2019. La Fresh Gallery.
'Alex. Barcelona', en ‘Presente/futuro', de Gorka Postigo, 2019. La Fresh Gallery.

A veces pasa que te miras a un espejo y no te ves, no te sientes. Hay veces, incluso, que aquello que ves y te mira duele, mata. Hay quienes, a su pesar, se convierten en Narcisos rotos, agujereados; que estiran sus brazos y buscan la luz, otra, la que les devuelva entera la ilusión, su ser. Existen identidades transformadas y cuerpos transformadores. Realidades distintas. Naturalezas vivas, siempre bellas. Todos hemos sido alguna vez extraños en nuestro propio yo. Todos vivimos sujetos al cambio. Despertar a la diferencia es hacerlo al amor, a la vida; y nada es tan grande como alcanzar tus deseos. De pequeño, además de actor, lo que yo deseaba era ser feliz. Lo soy. Mucho. Hay quienes no pueden serlo. Porque no saben. Porque nadie les enseñó. Porque no les dejan. “Ser o no ser”, se preguntan. Siempre hay que ser. Lo que se quiera. Lo que se sueñe. Lo que se es.

Hay espejos deformantes y miradas deformadas; sueños rotos. Ignorantes, elevamos a verdad absoluta nuestra presencia hegemónica sin reparar en el otro, en su justa naturaleza. La otredad nos inunda y, arrogantes, nos creemos secos. O peor, saciados. Nada como cerrar los ojos; nada como no querer ver. Pero es preciso mirar. Urgente. El futuro que comienza cada día, que de golpe se vuelve pasado, quiere avanzar. Este mundo de mitades necesita paz; también bocas abiertas que rían, que hablen. Necesita memoria. No se puede quedar en los miedos. Ni en la ignorancia. A este mundo lo que le sobra es olvido. Y violentos.

Alan Castillo y Zack Gómez, en 'Transformación'. Texto y dirección de Paloma Pedrero, CDN. (marcosGpunto)
Alan Castillo y Zack Gómez, en 'Transformación'. Texto y dirección de Paloma Pedrero, CDN. (marcosGpunto)

Al fondo de un cajón, una tarde, en una fotografía olvidada, Topacio “se reencontró consigo misma”. Una imagen “inusual” de cuando tenía tres años. Vestida de organdí blanco. Con un tocado rosa. Me hizo partícipe. Aún se podía besar. Me explicó que esa era ella; quizá en un medio hostil, tal vez fruto del azar. O del deseo. Pero ella. Un instante que, seguro, fue mal visto, tapado. Censurado. Lo mal visto solo depende de los ojos. Los de Gorka Postigo, de su mano, han fijado para siempre la palpitante vida de quienes siendo distintos son plenamente iguales; en la cotidianeidad de sus días, rodeados de normalidad. Efervescentes en su juventud insubordinada, en su niñez radiante. Retratos, como el de Topacio, que son mucho más. Fragmentos de una lucha, de un camino. Experiencias radicales de libertad. Ventanas abiertas.

Alex Silleras en 'Transformación'. Texto y dirección de Paloma Pedrero. (marcosGpunto)
Alex Silleras en 'Transformación'. Texto y dirección de Paloma Pedrero. (marcosGpunto)

Lo que Paloma Pedrero nos abre es otra ventana. Grande. Igualmente subversiva. Necesaria. Llena de realidad. 'Transformación' es mucho más que teatro. Es activismo, exploración. Un relato que habla de la dictadura de una anatomía que no sientes, que no te representa; de una sociedad que te esconde, de la que objetas. “Yo fui insumiso desde que nací”, dice Leo, “no soportaba que me recogieran el pelo en una coleta”. Hay esperanza en cada palabra, en cada gesto, en la extrañeza de lo que es normal; en esos lazos de familia que lo acaban sosteniendo todo. Allí puestos, escrutados los tres chicos que siempre fueron chicos se revelan, se imponen, construyen un todo real donde “la culpa no es de nadie. No de los diferentes. Tampoco de los que no comprenden”. Un tipo de resistencia frente al abuso impregnada de belleza, de generosidad; en medio de un sistema “creado para el desamor”.

A Laure-Micael (Zoé Heran) le cortan el pelo en un momento de la película 'Tomboy', Céline Sciamma, 2011.
A Laure-Micael (Zoé Heran) le cortan el pelo en un momento de la película 'Tomboy', Céline Sciamma, 2011.

No existen los cuerpos equivocados, solo existe el desarraigo. Y el desamor. Naces y nadie te explica que hay más modelos, otra verdad; y en toda tu vulnerabilidad eres transportado por caminos que otros dibujaron, que te son impuestos. Que no siempre encajan. En 'Tomboy', Laure salta el profundo abismo del género y se convierte en Micael. Con solo cortarse el cabello. “No mucho para que mamá no se dé cuenta”. En un juego infantil. Céline Sciamma transforma lo que podría ser un drama existencial en una sucesión de secuencias poéticas, de silencios que obligan a reflexionar. Con planos cortos. En un suburbio de apartamentos pequeños, todos iguales; de ideas pequeñas, iguales. A pesar de no engañar a nadie, de haber sido más él que nunca, a Micael le obligarán a disculparse, a desandar. Vestido de niña. Travestido de lo que no es. Y no porque no le quieran. Simplemente porque no ven, porque no le ven.

Toni Morrison escribió que “las definiciones pertenecen a quienes definen, no a quienes son definidos”. Cuestión de palabras. De espejos. De reencuentros. De miradas. De TRANSformación.

*'Presente/futuro'. Gorka Postigo. La Fresh Gallery, 2018.

'Transformación'. Texto y dirección: Paloma Pedrero. Centro Dramático Nacional.

Hasta el 9 de noviembre en el Teatro María Guerrero.

'Tomboy'. Dirección: Céline Sciamma, 2011.

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