El calentón de Neil Young contra la casta

El legendario rockero denuncia la dictadura de las grandes corporaciones en 'The Monsanto Years'

Foto: Neil Young durante un concierto. (Cordon Press)
Neil Young durante un concierto. (Cordon Press)
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Starbucks. Monsanto. Los burócratas de Washington. Neil Young está desatado contra la casta corporativa que nos controla. Acusa directamente a la empresa que más ha contribuido al fomento de los organismos genéticamente modificados (OGM). Resumen rápido: Monsanto quiere agricultura industrial, Young pequeñas granjas familiares, las de toda la vida. Por eso su nuevo trabajo es un álbum conceptual, que denuncia el poder de este gigante y su papel en el deterioro de las condiciones de vida en los entornos rurales.

También ataca a la mayor cadena de cafeterías del mundo en A Rock Star Bucks a Coffe Shop. Las letras van a degüello: "Quiero una taza de café/pero no si está echa con semillas genéticamente modificadas/ no me gusta empezar el día ayudando a Monsanto". Luego sube el pistón: "Desde los campos de Nebraska/ hasta los bancos de arena de Ohio/ los granjeros no serán libres de plantar lo que quieran/ el poder corporativo domina las granjas americanas/ con políticos fascistas y gigantes químicos caminando de la mano", canta cabreado. En otras palabras: saca tu culo de mi huerta.

'No me gusta empezar el día ayudando a Monsanto'

Deseo de ser piel roja

¿La canción más dura? Big Box, donde arremete contra Wal Mart, gigante de los supermercados, que paga tan poco a la mayoría de sus empleados que siguen siendo pobres a pesar de tener trabajo. ¿La más bonita? Wolf moon, que por algo ha sido escogida para hacer el vídeoclip. Se trata de una pieza sencilla y desarmante, donde Young se pone en modo "piel roja", dando las gracias a la naturaleza por todo lo que nos ha dado, desde la belleza de las nubes hasta las semillas que crecen de forma natural. Es una letra agridulce, que también alude al cambio climático, con frases como "cada vez hay menos peces en el mar" y "más trozos de hielo flotando".

Esa misma línea, People Wanna Hear About Love contrapone un melodía dulce con ejemplos de abusos corporativos, pobreza global y sobornos a políticos. ¿Estamos ante uno de los grandes discos de Neil Young? La respuesta es no. The Monsanto Years carece de la rabia majestuosa de Living With War (2006), donde arremetía contra el imperialismo de EEUU, pero tampoco es tan flojo como Fork in the Road (2009), alegato en favor de los coches eléctricos.

 

Disco familiar

Este nuevo trabajo es fruto de un calentón. Young quería algo simple y fresco, por eso se rodeó de los jóvenes que tenía más a mano. Su grupo de apoyo es Promise of The Real, banda de uno de los hijos de su amigo Willie Nelson (Young incluye también a otro de los retoños de la estrella country, un asunto casi familiar, dado que en casa le llaman "tío Neil").

Según cuenta la revista Rolling Stone, las sesiones fueron de lo más informal, hasta el punto de que los hermanos Nelson tocaron algunos días vestidos de granjeros o de ejecutivos de Monsanto, para echarse unas risas. "Recuerdo un día en que Neil apareció disfrazado de juez, con unas gafas y una peluca gigante. Se puso a tocar la batería con el típico mazo de los juzgados. Atender a la guitarra mientras miraba sus pintas fue el momento más surrealista de mi vida", comparte Micah Nelson. The Monsanto Years puede dar la impresión de que el grupo se lo ha pasado mejor grabando estas canciones de lo que va a disfrutar el público escuchándolas. No estamos ante un álbum memorable, pero sí ante un trabajo digno, donde Young compone con piloto automático, pero salva la papeleta gracias a su oficio y clase de siempre. Las letras dejan claro que sigue teniendo el corazón en su sitio.

 

Críticas crueles

La prensa musical se ha mostrado especialmente dura. "Una colección de canciones que no aportan nada que no se pudiera contar en un par de posts o en un puñado de tuits", opina la web universitaria AV Club. "Los conceptos se presentan a medio cocinar, las letras son torpes hasta lo risible y la melodías parecen compuestas en menos tiempo de lo que lleva tocarlas", sentencia con sadismo The Quietus. "El álbum hunde riffs decentes en unas letras didácticas hasta lo inescuchable", lamenta New York Daily News.

La crítica rockera siempre ha odiado las canciones políticas, por considerarlas poco sutiles y sofisticadas. En este caso, tienen parte de razón, ya que al acabar el disco no te apetece volver a escucharlo, sino poner a todo trapo el arrollador Living With War. En ese disco, una de las cimas de su carrera, Young confirmó que es de los pocos iconos de la contracultura que sigue teniendo músculo político, frente a la deriva narcisista y estetizante de Bob Dylan, Lou Reed o The Rolling Stones, entre otros. Lo admirable de Young es que él nunca se consideró parte de una vanguardia social, como tanta gente en los sesenta y setenta, que se sentían superiores por practicar el amor libre, vivir en comunas y tomar LSD. El cantautor canadiense siempre defendió los valores igualitarios desde la óptica de la gente común, ya fuera el granjero agobiado por la hipoteca o la familia de clase trabajadora que pierde un hijo en el frente. Esta sigue siendo la fuerza de su discurso, la capacidad de conectar con cualquiera. Young es un gigante de la música popular y hay que quererle mucho por seguir plantando cara a las élites.  

La banda (sonora)
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