El viaje de ayahuasca de Miley Cyrus

La joven estrella regala un álbum de melodías pop lisérgicas. El típico doble tostón de toda la vida pero que, por extraño que parezca, es uno de los discos más realistas del año

Foto: La cantante Miley Cyrus
La cantante Miley Cyrus

A estas alturas, si tienen algún interés en el pop, ya lo sabrán: Miley Cyrus ha grabado un disco con los Flaming Lips, grupo de culto de la psicodelia hipster. El resultado se llama Miley Cyrus & Her Dead Petz y no se vende en las tiendas, sino que lo ha colgado en la red social Soundcloud para que pueda escucharlo todo el mundo. ¿Cuáles son las claves para entenderlo? La cosa es más delirante de lo que parece.

Realismo mágico

El disco no es largo, sino larguísimo. En principio, 22 canciones, que Miley sometió a examen de su equipo habitual para que le dieran opinión. El veredicto unánime fue que el álbum resultaba demasiado extenso. La respuesta de Cyrus fue añadir otra canción más, donde su padre le grabó tocando tubas tibetanas. "Sí, estuve un poco pasivo-agresiva al añadir el corte extra", confiesa.

El álbum, hablemos claro, es el típico doble tostón de toda la vida. Si hay un adjetivo que encaja para describirlo es psicodélico (ideal para fans de las setas y de Mi pequeño Poni). Pero, por extraño que parezca, estamos ante uno de los álbumes más realistas del año. La explicación es que la vida cotidiana de Cyrus en 2015 es profundamente alucinógena. La principal inspiración de las canciones es que su perro fue devorado por unos coyotes mientras ella iba de gira. Abundan las referencias espaciales porque estuvo enamorada de un astronauta. Las imágenes oníricas de las letras tienen que ver con una joven de 22 años que vive entre marihuana de primera calidad, fiestas de drag queens y escenografías extravagantes para vídeos, conciertos y sesiones de fotos. Realismo mágico.

Vomitar delfines

Según cuenta en una divertida entrevista con el New York Times, hubo dos experiencias cruciales para la creación del disco. La primera fue la muerte de su perro Floyd, que superó gracias a un curandero chino. "Me introdujo en un estado donde mi perro se elevó desde mis pulmones y llegó hasta mi hombro. Le pude acariciar durante unas tres horas. Luego le dije que tenía que dejarse llevar y liberar su energía. En cierto modo, creo que esa energía fue a parar a Wayne Coyne, líder de los Flaming Lips. Lo que el perro significaba para mí, ahora lo significa Wayne", explica. 

Segunda experiencia clave: un viaje de ayahuasca. "Creo que la ayahuasca es curativa. Sólo la he probado una vez, pero quiero repetir. Me encantó lo que hizo por mí. Todos pensamos que somos buenas personas, pero yo quería saberlo de corazón, en lo más profundo de mi alma. Necesitaba averiguar si soy realmente el tipo de persona que creo ser. Cuando estaba en pleno viaje, en lo único en lo que podía concentrarme era en los animales. Vomité diferentes especies: una delfín, una foca, una jirafa.... muy loco. Todo eso ocurrió una semana antes del baile del Met (fiesta mayor de las celebridades estadounidenses). Cuando llegué allí les estuve diciendo a todos mis amigos que nada de esto -el mundillo de la fama- importaba". 

¿La nueva Madonna?

Visto el punto de partida, ¿qué tal está el disco? Exactamente como se imaginan. Suena como los Flaming Lips componiendo con el piloto automático mientras Cyrus canta lo primero que se le pasa por la cabeza (escuchen Karen Don`t Be Sad y The Floyd Song (Sunrise). Gran parte del resto tiene un aire al pop piscodélico de MGMT, pero sin sus grandes grandes estribillos. La producción de I`m So Drunk recuerda a los afilados Crystal Castles. Claramente la cosa va de más a menos, con unas primeras canciones que se dejan escuchar y un desplome considerable después de Cyrus Skies, frontera donde el disco se despeña por el barranco del tedio.

Cyrus sigue en fase de autoconocimiento y liberación, pero de momento no es Madonna, ni MIA, ni siquiera Stevie Nicks de Fleetwood Mac (a ratos el disco suena a pop-rock de radiofórmula de los setenta, escuchen Lighter, Pablow The Blowflish o Twinkle Song, entre otras).  ¿Conclusión? Miley Cyrus es una veinteañera con tiempo y dinero para hacer lo que le da la gana. Este álbum es un experimento mucho más interesante para ella que para nosotros. En su favor, hay que decir que lo grabó en su casa y solo costó 50.000 dólares, frente a los dos millones del anterior, el también fallido Bangerz. Y está guay que lo regale en vez de cobrar por él. 

La banda (sonora)
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