De los últimos grises a los primeros maderos: retrato turbio del tardofranquismo

Javier Pastor presenta en 'Fosa común' el retrato quizá definitivo de una generación que, si fue demasiado joven para oponerse a Franco, ahora es demasiado vieja para simpatizar con Podemos

Foto: Los grises en plena tarea en Madrid 1969
Los grises en plena tarea en Madrid 1969

Viene Javier Pastor (Madrid, 1962) de una tradición esquinada y arrugadita, de prosas españolas algo áridas, que nunca contaron con el favor del público debido a una especie de intelectualización de la sordidez que se manifiesta por medio de una sintaxis cojitranca y hasta incorrecta. Juan y Luis Goytisolo, Luis Martín-Santos o el Julián Ríos de 'Larva' serían sus predecesores.

Si ya fue un sufrir leer en COU 'Tiempo de silencio', les reto a que prueben con 'Tiempo de destrucción', donde figura esta fenomenal frase gerundia: “Ella, saltando ágil, andando sobre las piernas de su cuerpo.” Parecida sinrazón del lenguaje he encontrado en 'Antagonía', de Luis Goytisolo: “Los atléticos atletas...”, verbigracia. Por acabar la contextualización de una poética, la de Pastor, apechuguemos con el ingenio insoportable que sobreabunda en 'Larva': “Reptando, reptilínea. Serpenteando, pediente abajo. Alargándose, como un fuelle, más rápida. Acordeondulan-do.”

Sic, sic, sic.

'Fosa común', una novela espectacular

'Fosa común', de Javier Pastor (Random House)
'Fosa común', de Javier Pastor (Random House)

Javier Pastor debutó con 'Fragmenta' a finales del siglo XX, y recibió algo de atención años después por 'Esa ciudad', una de las pocas novelas completamente ilegibles escritas en español en el presente siglo. Luego aligeró su barroquismo en 'Mate jaque'; y ahora, siete años después -tiempo más que suficiente para que alguno pudiera considerar acabada su carrera- alza el vuelo con 'Fosa común', una potentísima novela, difícil y descarnada, espectacular.

Dedicada a la que fuera su descubridora, Esther Tusquets, 'Fosa común' busca glosar una adolescencia a la sombra de las muchachas tardofranquistas, y entiende la memoria como un capricho devastador, esa tumba de todos donde el relato, siempre viciado, es al mismo tiempo innegociable.

Estamos en la Castilla de los poemas más sórdidos de Claudio Rodríguez (“Es Castilla, sufridlo”), en un tiempo militar y ensotanado: el protagonista es de familia castrense y a su tío lo secuestra ETA; además, estudia en un colegio de curas. Vemos la vida siempre en blanco y negro de un joven al que Franco se le muere en la televisión, sin mucho entusiasmo, como si fuera un aparte de la información metereológica; al que las chicas hacen el caso que hacen siempre las chicas, y cuya entrada en la universidad coincide con “las carreritas delante de los últimos grises y los primeros maderos.”

Vemos la vida en blanco y negro de un joven al que Franco se le muere en la televisión, sin mucho entusiasmo, como un aparte de la información metereológica

El autor recupera el habla adolescente de los nacidos en los años sesenta, así como todo un ajuar sociocultural que incluye marcas de ropa (“los Lee lavados, los Pulligan de punto, los golf de Castellanos”), cantautores (Víctor Manuel, Mikel Laboa, Claudina y Alberto Gambino ) y algún que otro eslogan disolvente: “A por ellos, como en Paracuellos”.

Es, en sus propias palabras, “el mundo pre-friki” de los años anteriores a La Movida.

La prosa, esta vez, se deja; aunque haya frases de la estirpe arriba mencionada, algo imposibles: “Los soldados de las caballerizas imparten en el camaranchón de guardia clases de envilecimiento”, así como juegos de palabras que Dios guarde: “laimotín”, “opusdeitarra”, “pupitres de tortura”...

Javier Pastor
Javier Pastor

"Les mato y me mato"

La novela evoluciona hacia un presente de autoficción y testimonio, y, poco a poco, vemos asomar al autor real del libro, un Javier Pastor que nos habla desde un palmario presente, donde se citan los disturbios de Gamonal, las novelas de Javier Cercas o algún artículo de John Carlin, y que permite también explicitar el material que se ha querido consignar en las páginas anteriores: “los setenta y la transición en Burgos.”

Y es este presente en el que la violencia de género es un asunto de Estado el que le sirve al autor para revisar con otros parámetros y una intención claramente simbólica (reducir aquellos años a un sólo hecho de sangre) el suceso escalofriante acaecido en Burgos a finales de 1975: el asesinato, por parte de un militar, de toda su familia; a saber: de su mujer, de sus dos hijas (de 14 y 13 años, respectivamente) y de sus dos hijos pequeños (uno de 10 años de edad; el otro, de sólo dos meses), después de lo cual él mismo se suicidó.

“Todos en casa me hacen la vida imposible. Les mato y me mato”, escribió el capitán Victorino Moradillos Alonso en un ejemplar del Diario de Burgos que encontró la policía en su domicilio, juntos a los seis cadáveres.

"Todos en casa me hacen la vida imposible. Les mato y me mato", escribió el capitán Moradillos en un diario que halló la policía en su casa, juntos a los seis cadáveres

En este tramo final de la novela, muy parecido en procedimientos e investigaciones a los “relatos reales” de Javier Cercas, Pastor busca tanto documentar el caso (que le toca personalmente, pues una de las chicas muertas fue su compañera de pupitre), como denunciar el silenciamiento de la masacre que pareció ordenar el Mando Militar, con la connivencia de periodistas, políticos e intelectuales. La minuciosidad de las pesquisas, junto con los documentos oficiales que describen la matanza, acaban funcionando en la dirección que busca el autor: retratar aquellos años finales del franquismo como años de “quiebra moral colectiva”.

'Fosa común', asperezas del lenguaje al margen, inaugura con muy bien pie el año literario en lengua española y, como suele decirse, no debería pasar desapercibida.

Mala Fama
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