El síndrome del impostor: ¿quién puede estar seguro de que tú eres tú?

Numerosas novelas y películas abordan el asunto de la identidad dudosa en un tiempo en que sólo Twitter, vía "cuenta verificada", se arroga el derecho de adjudicar el monopolio de un nombre

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Hay un DJ que se llama como yo y no saben cómo le deseo el fracaso. Que alguien con mi mismo nombre construya en paralelo una carrera exitosa en cualquier disciplina artística o creativa, y me saque de las búsquedas de google y de mi propia entrada en la wikipedia, es una de mis pesadillas menos soportables. No es que yo sea muy famoso, tengo una fama de hecho fácil de finiquitar, pero, después de más de cuarenta años en ello, qué quieren, le he cogido cariño a ser yo.

Estas procelas de la identidad llevan años reavivadas por el multiverso de las redes sociales, donde cualquier nombre tiene más de dos y más de diez perfiles, y hasta se estila el fake y la parodia, y tener tres cuentas, motivos todos ellos que han llevado a Twitter a inventar un visé azul, inscrito en una escarapela, para distinguir quién merece ser él mismo de quién merece ser, básicamente, la chusma. Así, por poner un ejemplo, Rafael Nadal es tenista y, si usted se llama Rafael Nadal y no es tenista, no es nadie. Seguramente el visé de Twitter es mucho más fascista que todo lo que, también alegremente, calificamos como fascista a diario en el propio Twitter. Hace nada Montero Glez ha sentenciado que a Javier Marías sólo le apoyan los fascistas. Ole ahí.

Martin Guerre

Javier Marías es un gran escritor y yo, por tanto, por pura concordancia, soy un gran fascista. Le apoyo. No le apoyo en todo lo que diga y haga, que lo mismo me da, sino en casi todo lo que escriba y publique en forma de novela, que les recomiendo.

Su último libro, 'Berta Isla', ataca un tema que por eso que me han leído ahí arriba resulta encontrarse incluso de actualidad: ¿quién puede estar seguro de que tú eres tú? Después de leer la novela, quinientas y pico páginas de disyuntivas y matices, me puse a preguntarle a mis amigos si serían capaces de reconocerme si acaso yo desapareciera durante veinte años y luego volviera y les dijera, eh, soy yo. Todos estaban seguros de que sí, pobres.

'La mujer de Martin Guerre'
'La mujer de Martin Guerre'

Javier Marías ha tomado como modelo o venero inspirador la historia real de Martin Guerre, que Janet Lewis noveló en 'La mujer de Martin Guerre' (Reino de Redonda) después de encontrarla en antiguos archivos judiciales -del siglo XVI, nada menos-. 'La mujer de Martin Guerre' es una de esas novelitas maravillosas a la manera de 'El coronel Chabert', de Balzac, o de 'Michael Kohlhaas', de Kleist. Es decir, el relato puntual de un conflicto fascinante.

A saber: Martin Guerre le dice a su mujer que sale un rato a airearse y, según pasan los días, no vuelve, y se cumplen semanas y se cumplen meses, y se redondean los años y, finalmente, once después, regresa. Sin embargo, la mujer de Martin Guerre no está segura de que sea él -ojo- porque es demasiado amable. Todo el mundo en la casa familiar y en la hacienda está encantado con la vuelta del amo, sin embargo, de modo que será sólo la mujer, con un único aliado, la que lidere un contencioso judicial para que el encantador Martin Guerre que duerme con ella sea desenmascarado, y se pueda seguir esperando al auténtico Martin Guerre, que es un machirulo. Una lectura feminista no es totalmente desaconsejable en este caso, amigas.

Impostores

Marías, que de tramas precisas y relojerías de la fábula pasa bastante, ha optado, como podrán adivinar sus lectores habituales, por dedicar la mayor parte de su novela al hueco de la historia, a ese momento en el que no pasa nada: la espera. Vemos a 'Berta Isla' esperar y vemos a Javier Marías hacerle páginas a su vida, casi todas ellas estupendas.

Es particularmente caudaloso y feliz el acervo de novelas y películas que han tratado este asunto doble del impostor, doble porque unas (como 'Los asesinos', de Hemingway, o 'Una historia de violencia', de David Cronenberg) nos muestran la impostura distante (el hombre que se va y empieza una nueva vida con otro nombre) y otras ('La mujer de Martin Guerre' o 'El impostor', de Bart Layton), se interesan en la impostura epigonal y próxima: el hombre que vuelve después de muchos años y dice ser alguien que quizá no es.

En ese gran documental que es 'El impostor', una familia acepta como hijo a quien dice serlo aunque ni siquiera se parezca físicamente

Nuevamente, ¿quién puede estar seguro de que tú eres tú? En ese extraordinario documental que es 'El impostor', una familia acepta como hijo a quien dice serlo aunque ni siquiera se le parezca físicamente. ¿Les puede el deseo de recuperar a quien creían muerto o quizá ocultan algo?

Gracias a Dios, hoy tenemos Twitter. Twitter sabe que tú eres tú con total seguridad, a condición de que hayas ganado Roland Garros o presidido un país. El resto, incluidos aquellos que tienen la decencia democrática de no solicitar el visé con escarapela, todos fascistas. O sea, nadie.

Mala Fama

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