¿Quién soy yo para decirte que debes leer obligatoriamente este libro?

'Tener una vida', primera novela del joven desconocido Daniel Jándula, deslumbra a nuestro colaborador y le lleva a preguntarse por el sentido de toda prescripción literaria

Foto: Daniel Jándula. (Candaya)
Daniel Jándula. (Candaya)

Llevo días esperando a que mi novia se lea este libro y me diga si es bueno o no. En mi casa el mansplaining es ley, solo que al revés. Como mi novia está muy ocupada, no sé todavía si 'Tener una vida' (Candaya) es buenísimo o yo soy un imbécil. Es verdad que las dos cosas a la vez también pueden darse.

Daniel Jándula (Málaga, 1980) llegó a mi casa por correo postal. Ya saben: a uno le envían libros. Y deben saber más: yo estoy a otro nivel como lector, seguramente soy el lector definitivo, pues ya ni necesito leer una sola página para reconocer la buena literatura. Quiero decir que fue ver este libro, su brevedad, y leer el título, 'Tener una vida', y asumir enseguida que me iba a gustar. Que luego me haya gustado, como diría Borges, era fatal.

El libro empieza así: “En la pared del salón de mi casa hay un agujero que no deja de crecer.” El agujero crece durante 122 páginas, más o menos al ritmo de la fascinación que como lector he sentido por el relato que se conformaba ante mis ojos. La última frase del libro no la puedo citar -sería una jugarreta-, pero me atrevo a decir que es uno de los cierres más brillantes que he leído en mucho tiempo.

Vamos, que me leí el libro de un tirón, me gustó casi en cada página, la frase final me hizo repensar lo leído y encima he estado varios días paladeando la fantasiosa fábula que propone. Luego me entró el pánico: ¿y si recomiendo este libro y resulta ser en realidad una birria? Uno también tiene sus días tontos como lector. De ahí las prisas por que se lo leyera también mi novia, pues en literatura bastan dos lectores de tu parte para ser -lo crean o no- invencible.

Lectoras

Curiosamente, el propio Jándula escribe en 'Tener una vida 'sobre la inteligencia de las novias en esto de leer: “Lidia solía decir que es preferible una persona que no lee nada a alguien que cree haber leído más que nadie. Dicho de otro modo: la gente que no lee es perjudicial, pero los que leen pueden ser todavía más perjudiciales en función de los libros que escogen.”

'Tener una vida' (Candaya)
'Tener una vida' (Candaya)

¿Dónde está aquí el agujero, se preguntarán? Lo cierto es que 'Tener una vida' mezcla en sus poco más de cien páginas varios géneros, siendo el fantástico (un agujero en la pared y un hombre que lo mira después de perder un avión que pocas horas después desaparece en pleno vuelo) el que vertebra el libro. Hay también romanticismo (la novia, que es ex novia), memoria histórica (una escena alrededor de los agujeros de bala en el Congreso de los Diputados, que tan bien casan con el agujero de la primera frase; o esta afirmación: “Nosotros no acabamos con la dictadura, sólo la agotamos”), amén de rasgos claramente posmodernos (fragmentación, lenguaje científico, excursos pintorescos sobre prospecciones en los años 70 o sobre la “cámara anecoica”), y todo ello entonado con modestia, con una de esas voces menores, desapasionadas y hasta tristes que encontramos en un Robert Walser o un Mario Levrero -este último invocado desde la contracubierta de la novela.

Los libros que tienes que leer

Ahora toca que vayan a la librería, compren el libro, lo lean y me vengan a quejarse. ¿Es amigo tuyo? ¿Cuánto te pagan? ¿Te publica Candaya? A todo: no. Recuerdo un programa de Fernando Sánchez Dragó en el que, hacia el final, los colaboradores recomendaban cada uno un libro. Una vez, Dragó vio que el libro del colaborador que tenía más a mano estaba dedicado de puño y letra de su autor. Así que fue abriendo todos los libros recomendados en ese programa y comprobando que no había uno solo que no estuviera dedicado a mano y con cariño por su autor a la persona que finalmente lo estaban recomendando.

¡Qué bonito es favorecer a un desconocido con talento! ¡Qué pureza tan deliciosa la que se deriva del elogio a fondo perdido!

Anoto esto porque mi mayor temor o reparo o prevención a la hora de convertir a Jándula en un best-seller de culto es una especie de vértigo moral: ¡qué bonito es favorecer a un desconocido con talento! ¡Qué pureza tan deliciosa la que se deriva del elogio a fondo perdido! Quizá tiene uno tantas ganas de elogiar a fondo perdido que va regalando los elogios sin mayores contenciones.

Ya saben que las series de televisión tienen que verlas, pues cada semana hay un titular por ahí que dice “las series que tienes que ver”. Los libros, por su parte, son menos impositivos: se recomiendan casi pudorosamente. Pero si yo no puedo obligarles a leer un libro, me sabe a poco recomendárselo. O todo o nada.

Así que lo mejor es que le pregunten a su novia, como he hecho yo. Si no tienen novia, vale un novio con gafas. Y si no tienen pareja, no lean ningún libro nunca más, que le dan mala imagen a esto de la literatura.

Mala Fama

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