Libre, radical y oscuro Philip Roth: nada menos que todo un hombre

Sabíamos que la vida dura más que la bibliografía; qué se siente en esos años últimos de envejecer sin literatura es lo único que ha dejado sin contarnos Philip Roth, muerto hoy a los 85 años

Foto: Philip Roth con la actriz Claire Bloom, antes de casarse. (Getty)
Philip Roth con la actriz Claire Bloom, antes de casarse. (Getty)

La vida de Philip Roth sin Philip Roth ha durado ocho años. En 2010 publicó 'Némesis', su última novela, anunció su retirada de la escritura y empezó quién sabe si una espera o unas vacaciones, un tiempo, en todo caso, de no ser por escrito. Que la vida dura más que la bibliografía ya lo sabíamos; qué se siente en esos años últimos de envejecer sin literatura es lo único que ha dejado sin contarnos Philip Roth. Quizá, para un escritor, no publicar siempre es infancia, la sensación de que estaba todo por decir.

Es difícil establecer cuándo se convirtió Philip Roth en el mejor escritor del mundo, o, valga, en el autor que a todos nos gustaba, cuyas novelas sonaban siempre clásicas, fórmulas innegables de algo parecido al cauce maestro de la narrativa. No he visto nunca una unanimidad, admiración, aplomo lector o fe del gusto mayores en esto de los libros que la de tantos escritores, críticos, lectores y libreros por la obra de Philip Roth. La palabra maestro no le quedaba pequeña, le quedaba a medida.

El mejor libro malo del año

Philip Roth nació en 1933 en Newark, donde vivirían tantos de sus personajes protagonistas. En 1959 escribió, según sus palabras, “el primer texto bueno”: 'El defensor de la fe', un relato. Tenía a Thomas Wolfe y su monumental 'El ángel que nos mira' como su modelo, a Saul Bellow y Bernard Malamud como su listón literario y judío, y a Henry James como su inalcanzable particular.

Afrontó pronto esa novela ancha y múltiple que en su país llaman -y en ningún otro- “la gran novela americana”. 'Deudas y dolores' (1962) fue sólo el primer intento, “el mejor libro malo del año”, según sus propias palabras.

Ya entonces el sexo mandaba en su vida, era un hombre infiel, tendente a la aventura y al abandono sucesivo. En 1964, según su biógrafa, Claudia Roth Pierpont, salió brevemente con Jackie Kennedy.

Mi vida como hombre fue un fracaso particularmente profundo

El éxito le llegó hablando de sexo, de hecho. En 1969 publicó 'El lamento de Portnoy', que la revista 'Life' consideró un best seller anticipadamente. Onanismo judío en la consulta de un psiquiatra: todo estaba ahí, umbilical y desvergonzado.

Vendió 210.000 ejemplares en 10 semanas, y hay grabaciones donde el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, habla sobre Roth y su tóxica influencia en la sociedad.

Su desbordante masculinidad se convirtió en el rasgo casi único de su imagen pública. La revista 'The Village Voice' incluyó a Roth junto a Henry Miller, Norman Mailer y Saul Bellow en un cartel de Se Busca, con el lema: “¿Por qué odian a las mujeres estos hombres?” Sin embargo, Roth llegó a afirmar: “Mi vida como hombre fue un fracaso particularmente profundo”.

Es difícil establecer cuándo se convirtió Philip Roth en el mejor escritor del mundo

'La contravida' (1986) “lo cambió todo”, leemos en 'Roth desencadenado', su biografía. Después de la decepción de 'Deudas y dolores', Roth se puso a escribir sin plan alguno, pero con un laboriosidad inaudita, dos páginas al día, varios borradores. “El libro cobra verdaderamente vida en la reescritura”, dijo. En su lugar de trabajo en Conneticut, Roth tenía colgado un abecedario: había que levantar todo un mundo con ese muestrario del lenguaje.


Lo demás, una obra maestra detrás de otra; o lo que es mejor: un libro que daba gusto leer después de otro. La trilogía sobre su alter ego Nathan Zuckerman, 'Operación Shylock', 'El teatro de Sabbath' o 'La mancha humana' (que quizá le dio el último espaldarazo a su fama mundial).

En 'Lecturas de mí mismo', sin embargo, escribió: “Pese a la popularidad de 'El mal de Portnoy', el número de norteamericanos que pueden haber leído, con verdadera atención, la mitad de mis libros, en contraposición a los que han leído uno o dos, no puede superar los cincuenta mil, como mucho.”

Lo veía negro, Roth (“En cualquier parte, mencionas un libro y la gente empieza a hablar de películas”), pero no por eso dejaba de defender la literatura libre y radical, oscura si era necesario, viva: “La pregunta que se debe formular al escritor no es: ¿por qué se comporta tan mal?, sino ¿qué gana al llevar esta máscara?”

Mala Fama

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