Mundial de Rusia: y el fútbol volvió a unir a España... hasta cuartos de final

El Mundial anima el verano de millones de personas, pero aún quedan muchas que se resisten a comprender la esencia del fútbol

Foto: La Selección española, en su primer partido del Mundial en Sochi contra Portugal. (EFE)
La Selección española, en su primer partido del Mundial en Sochi contra Portugal. (EFE)

Si no le gusta el fútbol, está de enhorabuena: lo suyo tiene cura. Hoy juega España y es posible que, si su comprensión y velocidad lectoras están suficientemente desarrolladas, llegue a tiempo de disfrutar del partido como uno más, como un español de verdad. Para ello, solo tiene que seguir estas simples instrucciones, entender dos o tres conceptos básicos y poner un poco de su parte: que el fútbol sea mayoritario no significa que usted sea inteligente.

Uno: elegir equipo

El fútbol no puede ser disfrutado —ningún deporte, de hecho, puede ser disfrutado— sin elegir bando. Es como la política española: si uno no es de derechas ni de izquierdas, pierde toda la gracia. De modo que usted debe elegir un equipo. Hace nada, dijo Arbeloa que no ser del Real Madrid era incomprensible, pues (sic) “es como renunciar voluntariamente a la felicidad”. En resumen: elija un equipo que alguna vez gane algo, entonces comprenderá cómo jode que pierda todo lo demás. Ese es el mayor beneficio que le dejará este deporte: perder. Comparado con perder la Champions, un aficionado del Atleti no ha tenido nunca ningún problema en toda su vida. Lo dijo Maturana: “Perder es ganar un poco”. Por eso, aficionarse al fútbol es elegir el mejor de los grandes problemas.

Dos: estar informado

Usted ya ha elegido ser del Real Madrid, del Sevilla o del Barcelona, y ahora se pregunta cuál es el siguiente paso. Pues informarse, hombre de Dios, mujer de Alá, mediopensionista de Montoro. La información es fundamental para pillarle el gusto a ver partidos de fútbol. Este deporte, bien entendido, es un cruce entre una teleserie mediocre, pero adictiva, y un programa del corazón. No importan tanto los conceptos 'falso 9' o 4-4-2 como saber de dónde viene cada jugador, qué rencillas guarda un equipo a otro, qué le dijo la verdulera del Atleti a la verdulera del Madrid y, sobre todo, qué dijo Arbeloa de cualquier cosa. Arbeloa marca los tiempos de la telenovela del fútbol.

Aficionados españoles, en un mirador en Kazán (Rusia), donde España se enfrentará a Irán. (EFE)
Aficionados españoles, en un mirador en Kazán (Rusia), donde España se enfrentará a Irán. (EFE)

Tres: normas básicas

Obviamente, algo hay que saber de fútbol para gozar de este deporte tan cuadriculado de reglas, estrategias y —ahora— videoarbitrajes. La norma fundamental es la siguiente: siempre es penalti, siempre es falta y siempre es gol si favorece a su equipo. Esta doctrina se aplica también en negativo: nunca es penalti, nunca es falta y nunca es gol si le perjudica. Negar lo evidente —decenas de cámaras de televisión hacen imposible que lo que ha sucedido haya sucedido de más de una forma— es quizás el placer supremo de este deporte.

Negar lo evidente —decenas de cámaras de televisión lo demuestran— es quizás el placer supremo de este deporte

Dense cuenta de lo delicioso que es contemplar a un jugador de tu equipo darle un puñetazo en la cara a un delantero rival y decir sin el menor rubor: “No ha sido nada”. ¡No ha sido nada! Ojalá la vida fuera así: una obcecación respetable, una locura discutible. Si usted aparca mal y roza un poquito el coche de otro, y se le ocurre decir que no ha sido nada, le meten en el manicomio. Si un jugador de su equipo le arranca una oreja con los dientes a un rival, y usted dice que no ha sido nada, la gente le pedirá que desarrolle un poco más su punto de vista.

Cuatro: la Selección

Uno es de cualquier equipo de lunes a viernes, pero cuando llega el domingo se es de la Selección española. Allí se junta lo mejor de cada escuadra, y por tanto también lo mejor de usted. La selección nacional de fútbol es lo más importante del país. Un país merece la pena solo si su selección va al Mundial, gana cosas o le roban un partido. Miren si no Islandia. En aquel diminuto país podían dedicarse a cualquier cosa, y van y se dedican al fútbol. Son 330.000 habitantes y 23 de ellos juegan bastante bien a este deporte: 30.000 islandeses están en Rusia animando a esos 23 que juegan bastante bien. ¿Qué nos dice eso de un país? Que su producto interior bruto es quererse.

Cinco: la bandera

El único momento políticamente milagroso de la Historia entera de España fue cuando la Selección ganó el Mundial de Sudáfrica y las banderas españolas que colgaban de las fachadas de todo el país dejaron de significar otra cosa que gente viendo jugar al fútbol. Es lo que los modernos más pedantes llamarían resignificación. ¿Qué significa resignificar? Pues que donde uno antes veía a un facha, ahora ve a un demócrata aficionado al fútbol. La resignificación este año ha sido además paulatina, estacional, con mucho suspense. Se iba volviendo la bandera más amable con el paso de los meses. Llevan las banderas colgadas desde lo de Cataluña, y era una cosa digna de verse, cómo la gente hacía la colada de su ideología a la vista de todo el mundo.

Entonces, todas las banderas colgadas de los balcones que proponían un conflicto empezaron a proponer un consenso


Pero, con el paso de los días, el desteñirse de todas esas enseñas apuntaba a la esperanza, a este paraíso: el Mundial. Entonces todas las banderas colgadas de los balcones que proponían un conflicto empezaron a proponer un consenso. Ya no eran banderas contra la independencia de Cataluña, a favor del 155 o de ir a misa. Ahora son ya banderas festivas, forofas, comunales: el andaluz Ramos y el catalán Piqué quieren que le pasen las mismas cosas a un balón. Esto estuvo a punto de irse al traste por culpa de Lopetegui. No comprendió que no se puede ser al mismo tiempo entrenador del Real Madrid y entrenador de la Selección española. ¡Es como ser al mismo tiempo entrenador del Real Madrid y entrenador de la Selección española! Lo entiende todo el mundo. El Real Madrid, amigos, quería romper España.

Pero Piqué no se nos va a independizar mientras haya Mundial porque tiene mucho trabajo por las bandas. Hay, por tanto, que tener entretenido e ilusionado a Piqué, defensa central de nuestra Selección, el tipo del que depende que no nos metan a todos un gol. Gerard no quiere más la independencia de Cataluña de lo que quiere ganar otro Mundial con España, por España y —en definitiva— para ti. Y por eso el fútbol es necesario y emocionante, porque nos mantiene a todos unidos hasta cuartos de final.

Mala Fama

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