¡Odio los libros escritos por mujeres!

La dificultad para enjuiciar un libro aumenta si uno se atreve a sospechar de sus buenas intenciones

Foto: Detalle de la portada de 'Departamento de especulaciones'. (Asteroide)
Detalle de la portada de 'Departamento de especulaciones'. (Asteroide)

Estoy muy decepcionado porque he tenido que ser yo mismo el que me eche en cara que, en lo que va de año, no he hablado aquí de ninguna escritora. Me aburría contra alguna pared y, de pronto, me dije, eh, Alberto, ¿no es menos cierto que en todo 2018 no has recomendado el libro de ninguna mujer? Pues no, no lo he hecho. Y pasé a otra cosa. O nadie me lee, y lo mismo les da lo que saque o deje de sacar, o me leen de rodillas, y nadie osa ponerme peros. Opté por la segunda posibilidad.

Estaba tan tranquilo viendo pasar los meses -la iluminación paritaria me sobrevino hacia marzo- cuando una duda mucho más grave me asaltó: ¿no estaré perdiendo mi olfato? Así que pregunté a Aixa de la Cruz, feroz feminista y escritora, qué había que leer. Se daba por hecho que me refería a autoras, pues ella sólo lee autoras. Y me confirmó cómo iba el año: flojo.

Eso me parecía. Mientras que en años anteriores han surgido dos o tres libros de autoras noveles que no podían ignorarse (Sabina Urraca, Gabriela Ybarra, Almudena Sánchez), este año daba la casualidad de que no aparecía ninguna. Aixa me habló de María Fernanda Ampuero y su libro de cuentos 'Pelea de gallos' (Páginas de Espuma), libro que incluí entre mis deseos. Y ahí sigue (mea culpa).

Así que dejé pasar otro par de semanas hasta que, a la iluminación y la duda precedentes, se unió el malestar: tengo que hablar de alguna autora, esto no puede ser.

Machismo de baja intensidad

No vean qué debate. En medio de la inmoralidad masiva de este país llamado España, gente como yo sufre mucho, porque se lo piensa todo cuatro veces. El caso es que conseguí 'El asesino tímido', de Clara Usón, y me lo leí y di por hecho que le dedicaría una columna. Pero pasaban los miércoles y siempre salía mi columna dedicada a otras cosas, ni siquiera necesariamente a libros. No acababa yo de verme las ganas de hablar de 'El asesino tímido', y siempre había una vocecita que me decía: lo vas a sacar porque es mujer, sólo por eso. Recomendar un libro única y exclusivamente porque lo ha escrito una mujer es, primero, una bajeza intelectual, y segunda, machismo de baja intensidad (lo que muchos hombres en Twitter denominan feminismo).

'El asesino tímido' (Seix Barral)
'El asesino tímido' (Seix Barral)

Así que mi conflicto interior -de gran interés, como ven- derivó y se enquistó hasta un grado obsesivo: tengo que encontrar un libro escrito por una mujer que me fascine. A veces se mete uno en retos intelectuales de mucho cuidado. No quiero un libro -como 'El asesino tímido'- que esté bien, quiero un libro que me derrote, que me pueda y que me humille. Una cosa extraordinaria.

Me puse a ello con la ayuda de la fantástica red de bibliotecas de la Comunidad de Madrid, cuyo principal valor, amén de atesorar muchos libros, es que los libros siempre están ahí, porque nadie los lee.

Buscaba mujeres, autoras, sin importarme edad, nacionalidad o actualidad. Empecé con Marlen Haushofer y su novela 'El muro' (Siruela). Estaba bien, una especie de 'Robinson Crusoe' con protagonista femenina, pero, como en 'Robinson Crusoe', de hecho, tanto bricolaje y tanta supervivencia por fascículos resultaban al cabo muy pesados.

Luego caí en la cuenta de que Virginie Despentes había publicado la tercera parte de 'Vernon Subutex' (Random House) y me hice con el libro. No era mejor que el segundo volumen; no tenía yo nada que decir sobre esta tercera parte.

Volví a la biblioteca y tomé prestados dos libros de Annie Ernaux (en Tusquets, ahora la sigue publicando Cabaret Voltaire), pequeños tomos autobiográficos que me resultaron -la verdad- insoportables. También saqué de su estante un libro de Anita Brookner y otro de Edith Sitwell y otro más de no recuerdo quién. Como ven, estaba ya desesperado, a punto de confesar mi aversión a la literatura escrita por mujeres.

No me gustó ninguno.

Decepciones y postureos

Entonces decidí apostar sobre seguro y me llevé a casa la novela de Joy Williams (de cuyos relatos ya hablé aquí hace un año) 'Los vivos y los muertos' (Alpha Decay). ¡Qué decepción!

Me llegó a casa una novedad editorial con excelente recorrido internacional: 'Conversaciones entre amigos' (Random House), de la joven prodigio Sally Rooney. Era interesante, hasta que cuarenta páginas después me di cuenta de que no era para nada interesante. Sólo parecía interesante. Postureo literario.

Me leí los poemas de Berta García Faet 'Los salmos fosforitos' (La bella Varsovia) y la primera novela de Sara Cordón, 'Para español pulse 2' (Caballo de Troya). Bien. Pero no el bien que buscaba, el bien supremo e inmortal.

Este periplo lector empezaba a pasarme factura: ¡odio los libros escritos por mujeres! ¡Odio a las mujeres mismas! ¡Soy un monstruo!

Este periplo lector empezaba a pasarme factura: ¡odio los libros escritos por mujeres! ¡Odio a las mujeres mismas! ¡Soy un monstruo opresor... y tal! Ya no sabía qué era bueno y qué era malo, en los libros, quizá en la vida misma. No encontraba el punto de fuga moral de la excelencia, una vara de medir. Toda la mediocridad me medía a mí.

De nuevo en la biblioteca, me topé con Ana Blandiana, de la que traté de leer hace años 'Las cuatro estaciones' (Periférica). Elvira Navarro siempre me había hablado maravillas de 'Proyectos de pasado', así que me lo llevé.

'Departamento de especulaciones'
'Departamento de especulaciones'

Al mismo tiempo, vi un libro anaranjado y fino en la parte baja de una estantería. Tenía un título invencible: 'Departamento de especulaciones' (Asteroide). Por suerte, el título se le había ocurrido a una mujer: Jenny Offill. Tenía esa pinta deliciosamente snob que tiene todo lo destinado a decepcionarnos sólo un poquito.

Leí 'Proyectos de pasado'. Leí 'Departamento de especulaciones'. Y descubrí una verdad muy sencilla: algunas mujeres escriben muchísimo mejor que otras. Algunas personas tienen un talento descomunal, y los demás tenemos el talento que nos dejan estos cabrones geniales. 'Proyectos de pasado' y 'Departamento de especulaciones' son deslumbrantes: no hay nada más que añadir.

O quizá sólo esto, del libro de Offill: “Alguien le ha regalado a nuestra hija un juego de médicos. Con mucho cuidado, se toma la temperatura y se coloca en el brazo el manguito de la tensión. Luego se quita el manguito y lo examina. '¿Te gustaría ser médico de mayor?', le pregunto. Me mira sorprendida. 'Ya soy médico', dice”.

Mala Fama

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