¿Son los pueblos una España de segunda?

María Sánchez debuta en prosa con 'Tierra de mujeres' después del exitoso poemario 'Cuaderno de campo' para reivindicar la dignidad de la vida en provincias

Foto: Rebaño de ovejas churras en Palencia. (EFE)
Rebaño de ovejas churras en Palencia. (EFE)

Ser de pueblo supone una única tara: no sabes coger el Metro. Hace muchos años, ya en Madrid, vi a una mujer que podía perfectamente ser mi madre y que andaba perdida por los corredores del suburbano. Me acerqué a ella en la secreta solidaridad de nuestro vínculo y le ofrecí mi ayuda. Después de indicarle que fuera por aquí o por allá, me dijo: “Es que yo soy paleta de pueblo”. La vi avanzar hacia las escaleras mecánicas y me quedé pensando -miren que aún la recuerdo- en esa redundancia: paleta de pueblo. Cuánta honradez en aquella mujer que le dice a un supuesto chico de Madrid que ella era de pueblo dos veces, paleta al por mayor.

En efecto, el Metro, a los que venimos de los pueblos, al principio nos lía pero bien. No lo entendemos. Nos marea cambiar de andén y miramos venir los trenes por los sitios por los que se van. Luego de meses o años, uno acaba comprendiendo el Metro, es decir, dejando de ser paleto. Un paleto no es otra cosa que un conflicto de orientación.

Hay mucha gente incluso famosa que viene de los pueblos, y no es anecdótico que el tío más moderno de España, Pedro Almodóvar, naciera en una población de menos de cuatro mil habitantes. Ya hemos contado aquí el furioso proceso que vive el pueblerino joven cuando llega a Madrid, y que consiste en echar de menos Nueva York. Pasarse de frenada en lo moderno es lo propio del provinciano, y por eso toda la literatura española de vanguardia la hacen unos tipos que en Navidad van a ver a su madre ordeñar una cabra.

María Sánchez
María Sánchez

Sin embargo, lo normal en la carrera por ser moderno y negar tu pueblo es el fracaso, y es ahí donde el caso de María Sánchez me interesa y emociona, porque ha decidido triunfar desde su pueblo, sin coger el autobús y ejerciendo de veterinaria.

Cabreo y cabreros

María Sánchez yo creo que andaba por Madrid en los tiempos en los que Luna Miguel se puso de moda y tantas poetas con nombres rimbombantes (Odile Lautremonde, recuerdo) pugnaban por llenar los bares donde se recitaba poesía. Principios del siglo XXI, hablamos. Su nombre de poeta era María Mercromina y eso, amigos, es fundamental. María Mercromina no llegó a nada hasta que se dejó de potingues y paliativos y permitió que la herida de su apellido sanara al aire: Sánchez. María tenía ya una voz y un tema, pero no lo supo hasta que se nombró a sí misma con el nombre que le dieron sus padres.

'Tierra de mujeres' (Seix Barral)
'Tierra de mujeres' (Seix Barral)

Su primer poemario, 'Cuaderno de campo' (La bella Varsovia), fue muy aplaudido y gustó a todo el mundo porque no salían piercings ni MDMA ni hoteles de cinco estrellas ni la coctelería ésa donde penan los columnistas de moda. Salían cabras. Es un poco ridículo que España entera, literariamente, se quede de piedra porque una chica escriba sobre cabras. Pero ése es el nivel.

Ahora María Sánchez reincide en prosa en su tema agrario con un ensayo-elegía donde mezcla familia, feminismo, cabreo y cabreros. 'Tierra de mujeres' (Seix Barral) viene a decirnos que los paletos también son personas, algo que siempre hemos sospechado en la capital, donde tantos paletos pasan perfectamente por personas hasta que dicen que son de pueblo. Todo complejo superado es un prejuicio combatido.

España vacía

'Tierra de mujeres' arranca con un excelente prólogo vindicador de abuelos, para derivar enseguida hacia el papel de la mujer en el campo y su necesidad ineludible: “Mujeres que cuidan nuestro medio rural y hacen posible el alimento y el territorio”. Enseguida asoma el cabreo de María Sánchez con la “postal” del campo que tienen colgadas todas las redacciones de España, y muchas editoriales y muchas familias que quieren pasar un finde en Hervás. “Es maravilloso ver que el medio rural está de moda, pero produce impotencia asistir a una ola de columnistas de verano y de fin de semana sin relación ni una preocupación seria por nuestro medio rural”, afirma. Y sentencia: “Los habitantes de los pueblos son ciudadanos de segunda”, pues no tienen el mismo acceso que los urbanitas a los servicios básicos.

Sánchez dedica un capítulo entero a deslegitimar el impreciso aserto 'la España vacía', que ha ganado la batalla del nombrar campesino

Sánchez dedica un capítulo entero a deslegitimar el impreciso aserto “la España vacía”, que ha ganado la batalla -lógicamente, opino- del nombrar campesino. Discrepo aquí con Sánchez porque en las batallas del nombrar siempre gana la metáfora, el idioma como golosina. Sergio del Molino acuña 'la España vacía' y, como tantos otros marbetes (el “boom latinoamericano”, la “generación del 98”), su éxito tiene todo que ver con que sea impreciso y un poco gratuito. Vale, la provincia no está exactamente vacía, pero todos sabemos qué nombramos cuando decimos 'España vacía': nombramos un conflicto, mientras que 'medio rural' o 'el campo' no registran ninguna problemática, su neutralidad congela la conversación.

'La España vacía', de Sergio del Molino (Turner)
'La España vacía', de Sergio del Molino (Turner)

El conflicto de esta España ancha y roturada no es otro que el éxodo a las ciudades, y aquí también debo discrepar con la autora. En su libro se da a entender que, de haber más hospitales y trenes en los pueblos nadie se iría de ellos, o que hay una campaña mundial a favor de su despoblación. Mi experiencia como chico de pueblo que se marchó para no volver indica otra cosa. La única forma de que la gente joven no se vaya de su pueblo es ésta: no darle estudios. Basta con que a un muchacho o muchacha del agro se le mande a Madrid a estudiar Derecho o Ingeniería para que no vuelva, porque en su pueblo no le va a servir de nada su título universitario. ¿Qué agencia de publicidad vas a abrir en Zarzuela del Pinar?, ¿qué rascacielos vas a construir en Carboneras?, ¿qué periodismo vas a hacer en Lo Pagán? Cuando mi madre nos echa de menos, siempre dice: “Papá no tendría que haberos dado estudios.” Ojito con las madres de provincia.

María Sánchez, sin embargo, defiende los pueblos que ni Juana de Arco la dignidad de Francia. Qué nobleza, amigos. 'Tierra de mujeres' es un libro épico, militante, puro y verdadero. Se escriben pocas cosas tan necesarias como ésta.

Mala Fama

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