Tostón Pinker, frívolo Franzen: Dios nos libre de los autores con prestigio

En 'El sentido del estilo' y 'El fin del fin de la Tierra' podemos comprobar que los grandes prestigios intelectuales también caen en la obviedad o el disparate.'

Foto: Steven Pinker durante una conferencia en Seúl en 2016. (EFE)
Steven Pinker durante una conferencia en Seúl en 2016. (EFE)

Steven Pinker tiene prestigio. Tener prestigio es como tener sangre azul: por mucho que te cortes, siempre correrá azul. Así, da igual lo que escriba y publique Steven Pinker: será aplaudido, comentado, sobreseído en el peor de los casos. Habrá gente que compre el libro de Pinker para adoptar un poco de ese prestigio, es decir, para protagonizar una lectura reducida a la palabra Pinker. En España se estima mucho a Pinker debido a que tiene el pelo muy gracioso. Y (vale) también porque ha escrito algunos libros. Pero yo creo que lo del pelo gracioso pesa más.

Ahora nos viene con 'El sentido del estilo' (Capitán Swing), un auténtico coñazo de libro. El sentido de 'El sentido del estilo' es para mí indespejable. Se trata de un manual para escribir bien en inglés que debemos leer en castellano, de modo que todos sus ejemplos de mal inglés han debido encontrar su traducción al mal castellano para que nos enteremos de algo. El hecho de que Capitán Swing, valeroso sello independiente, haya contratado este libro tres años después de su aparición en inglés parece indicar que los sellos habituales de Pinker en nuestro país vieron enseguida que no era el Pinker con ricitos que nos gusta; era un Pinker fosco.

[Machismo, racismo, prejuicios, ¿cuánto podemos aguantarle a Michel Houellebecq?]

'El sentido del estilo' (Capitán Swing)
'El sentido del estilo' (Capitán Swing)

Realmente no tengo nada interesante que decir sobre este libro. En resumen afirma que hay que escribir con claridad (“estilo clásico”), que la prosa hipermetaconceptual nacida de la teoría francesa es insoportable y que existe el sintagma nominal. Como ejemplo de buena prosa Pinker pone -ojo- la de su mujer, Rebecca Newberger Goldstein. Se ve que tenía prisa y no había otro ejemplo entre toda la prosa inglesa de Occidente en los últimos quinientos años.

Yo mismo completé hace no mucho una serie de textos titulados '¿Qué es escribir bien?' Pueden leérmelos si creen que tengo prestigio; o pueden quedarse con la frase de Somerset Maugham que lo resume todo: “La buena prosa es la que imita la forma de hablar de una persona culta”.

Jonathan Franzen

Si Pinker no dice más que obviedades en su libro de estilo, Jonathan Franzen acaba de publicar un ramillete de ensayos titulado 'El fin del fin de la Tierra' (Salamandra), donde nos regala 'Diez normas para el novelista' que son para verlas. Franzen también tiene prestigio.

Empieza diciendo que el lector es un amigo, “nunca un adversario, nunca un espectador”. La prueba de que los lectores son amigos tuyos está en la cantidad de lectores que ha perdido Franzen desde 'Las correcciones'. Yo creo que nadie en la historia de la Humanidad ha perdido tantos amigos como Franzen.

'El fin del fin de La Tierra' (Salamandra)
'El fin del fin de La Tierra' (Salamandra)

La segunda regla para escribir ficción que se le ha ocurrido a Jonathan señala que un libro que no suponga una “aventura en el terror de lo desconocido” no merece ser escrito salvo por dinero. Es muy fuerte esto. Diría uno que sólo se escriben libros dolientes, sufridísimos, en los que uno abre su psique y encuentra a su madre con la zapatilla en la mano, lista para darle en el culo. Lo cierto es que se escriben libros por dinero que son maravillosos, y se escriben libros a lo tonto que son maravillosos, y a veces se escriben libros aventurándose en lo desconocido que son un desastre. Todos los libros merecen ser escritos. Si me apuran, el peor libro de un autor suele ser aquél en el que se tomó demasiado en serio a sí mismo y, oh, afrontó la ventura aterradora de lo desconocido.

También se columpia Franzen afirmando alegremente que hay que escribir en tercera persona salvo que la primera persona que utilices sea “única e irresistible”. También hay que escribir 'Corazón tan blanco' salvo que puedas escribir 'el Quijote'. Dice unas cosas este hombre.

Se escriben libros por dinero que son maravillosos, y se escriben libros a lo tonto que son maravillosos

Ésta es mi favorita: “Nadie escribió nunca una historia más autobiográfica que 'La metamorfosis'”. Ya ven. Aquí Franzen nos regala una bolañada, pues también el autor de '2666' tenía esta querencia por la frase ajena-a-todo-debate. La técnica para construir este tipo de afirmación tan contundente y resultona es simple. Primero, establezca una competición que no exista (por ejemplo, el mejor final de capítulo 8 de la historia mundial de la novela). Luego, busque un autor o una obra que ni siquiera guarde relación con la categoría competitiva recién acuñada (en nuestro ejemplo, un cuentista). Finalmente, suelte la ecuación perfecta de su inteligencia superior: “El mejor final de capítulo 8 de la historia entera de la novela se le ocurrió a Augusto Monterroso, un cuentista”. Ha generado usted un espacio de debate inexistente y luego lo ha transgredido, confundiendo a todo el mundo. ¡Qué inteligencia la suya!

Lo cierto es que 'La metamorfosis' no es una historia autobiográfica porque su protagonista se convierte en un insecto y muere. Lo siento, Franzen, Kafka no se convirtió en un insecto ni fue lapidado con manzanas por su hermana, ni murió en tales lances. Una sola de sus 'Cartas a Milena' contiene muchísima más autobiografía e intimidad que su famosa fábula. Pero para qué vamos a discutir.

Y, por acabar con el prestigio Franzen, vean este otro consejo: “Es dudoso que nadie con Internet en su lugar de trabajo esté escribiendo buena ficción”. Tolstoi dijo algo similar: “Es dudoso que nadie con una Sholes and Glidden sobre su escritorio esté escribiendo buena ficción”. Y Quevedo: “Es dudoso que nadie con tinta de importación en su tintero esté escribiendo buena ficción”. Y Homero: “Es dudoso que nadie con un utensilio de escritura en la mano esté creando buena ficción”. Se dice además que en las cavernas se miraba mal al otro cavernario si trataba de pintar los bisontes con un palito.

Mala Fama
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