Cinco buenas novelas 'modernas' para el puente en las que sobra tontería

¿Qué fue de los autores modernos? La idea de presentar los libros como extensiones del mundo tecnológico parece pasada de moda

Foto: Faltan en España quién le diga a algunos autores: Mira, tío, esto es una chorrada.
Faltan en España quién le diga a algunos autores: "Mira, tío, esto es una chorrada".

Titular una novela 'Documento 1' deja poco margen de interpretación, sobre todo si el autor es canadiense. Género negro no va a ser, ni histórico, ni porno para mamás. Un lector avezado sabe desde el título que se enfrenta a una Novela Moderna, el minigénero contemporáneo cuya principal característica es que consigue que un libro se haga viejo con más rapidez que la encuesta electoral de esta mañana. La Novela Moderna nunca muere porque siempre hay gente joven que cree que ha inventado la @. Pero la gente joven sí que muere; esto es: madura o crece o se da cuenta de que la vida va en serio y de que Facebook no es literatura. Ha sido Manuel Vilas, quedando finalista del Planeta, el que ha matado la Novela Moderna en España (es sólo una tesis al paso), pues no hace tanto ponía fotos en los libros y pandilleaba con la Nocilla. (El anterior brote de Novela Moderna española, por cierto, lo finiquitó Ray Loriga escribiendo 'Trífero', 2000).

Uno puede pensar si ser moderno un rato es imprescindible para ser finalmente un buen escritor, pero no puede negar que hay un momento en la vida en la que ponerse a escribir sobre Google es como jugar al póker con garbanzos. Al póker, a la literatura, hay que jugar con dinero, con dolor.

'Documento 1'
'Documento 1'

'Documento 1' (Barrett), de François Blais, es una chorrada que se lee. El libro, precioso en su edición española, trata de una pareja obsesionada con google maps. Descubren ciudades con nombres raros, inverosímiles o discordantes, y quieren ir a una de esas ciudades. Pero no tienen dinero. Entonces deciden pedirle una beca al gobierno para escribir un libro sobre su viaje a Bird-in-Hand. Esto define perfectamente las becas de creación literaria: 1) no hacen falta, 2) nadie escribe nada durante una beca, pues se suelen presentar proyectos de libros que ya están escritos, 3) se las dan siempre a los mismos y 4) decir todo lo anterior es reaccionario porque lo progresista no es promover la cultura entre la gente sino darle el dinero de la cultura, como decimos, siempre a los mismos.

'Instrucciones para un funeral'. (Sexto piso)
'Instrucciones para un funeral'. (Sexto piso)

Luego he leído 'Instrucciones para un funeral' (Sexto Piso), de David Means. Es otro libro ligero -por breve, en realidad- que pueden llevarse de puente. También es otro libro modernito y que a la editorial española le ha quedado muy chulo. Estuve a punto de no abrirlo por las cosas que ponen para acompañarlo. Siempre que se publica a un autor estadounidense, en España se dice que es uno de los principales escritores de su país en nuestro tiempo. A lo mejor hay dos mil escritores nacidos en Estados Unidos y aún no muertos que en España presentamos como entre los mejores, los imprescindibles o los irrefutables en Nueva York. Luego vas a NY y nadie sabe quiénes son. David Means tiene 98 seguidores en Goodreads y apenas ha sido traducido. No es nadie comparado con Franzen. Eduardo Lago no lo incluye en sus planes de lectura de 'Walt Whitman ya no vive aquí' (Sexto Piso). Means escribe cuentos, y en la contraportada se nos dice que se parecen a los de Carver o Tobias Wolff . Todo esto da poquísimas ganas de leerlo porque también una gota de agua se parece a otra, y eso no lo ponen en el anuncio de Bezoya. Los de Bezoya tienen un poco más de gracia.

'Sueño contigo...'. (Candaya)
'Sueño contigo...'. (Candaya)

Y luego el libro es muy bueno. Obviamente no tiene nada que ver con Carver, por mucho que se le dedique un cuento, uno de los pocos que no están a la altura. Sus relatos más fascinantes, como 'El caudaloso Shannon', proponen algo que sólo he visto en Charles Baxter ('El festín del amor'): la epifanía continua. Todo el cuento es epifánico, no sólo el final (Sam Sheppard). Además, la frase larga, diría que más de Henry James que de Proust, expande el tiempo y juega constantemente con la anticipación y un futuro que fue la causa de lo sucedido (como en 'A puñetazo limpio'). La traducción, a cargo de Francisco González López, es meritoria.

'Null Island'. (Candaya)
'Null Island'. (Candaya)

También Novela Moderna parecen 'Sueño contigo, una pala y cloroformo' (Apostroph), de Patricia Castro, y 'Null Island' (Candaya), de Javier Moreno, dos libros que aún no pude leer. Pero los hojeé: fotos, chats, cultura popular, cursivas. Castro nació en 1993, así que puede poner aún muchos chats en sus libros. Biografía: “es la fille terrible del feminismo actual. Es comunista y badalonesa de adopción...” Javier Moreno (Murcia, 1972) lleva más de una década con la Novela Moderna. Yo creo que es realmente el último de una generación (la mía) que todavía cree que merece la pena.

'Lejos de Kakania'
'Lejos de Kakania'

Finalmente, me he leído también estos días 'Lejos de Kakania' (Periférica), de Carlos Pardo. Comparte algunas cosas con todo lo anterior, como la beca BBVA, la epifanía y la modernez. Una cosa absurda que puso de moda la Novela Moderna fue lo que llamaron hibridación de géneros. Hibridar varios géneros es estupendo cuando no sabes hacer bien ninguno. Es un poco como aquello de desayunar magdalenas con Redoxon que decían Faemino y Cansado. No, si uno no está en contra de probar cosas nuevas, pero simplemente ¡no funciona!

No funciona poner un tramo de novela de corte tradicional, y luego otro de aliento poético, y otro que sea tu diario, y otro una entrevista a ti mismo o varias fotos del suelo que pisas. O funciona como funciona un dominical: algunas cosas te encanta leerla y otras simplemente te las saltas. En España hacen falta editores que le quiten a los escritores tantísima tontería de la cabeza. Realmente echo de menos editores que le digan al autor: “Mira, tío, esto es una chorrada”.

Con todo, lo de Pardo tiene tramos bellísimos, reflexiones depuradas y un retrato a la baja de los poetas y sus vidas entre festivales y envidias, y endecasílabos.

Aquí no se salva ya ni el endecasílabo.

Mala Fama
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