Mi vida en los bares de los fachas: por qué Usera ha votado a Vox

El voto a la ultraderecha tiene mucho que ver con entrar en el único bar que queda en el barrio

Foto: Chen Xiangwei. (EC)
Chen Xiangwei. (EC)

Uno entra en un bar facha con más naturalidad de la que ustedes creen. Yo he entrado en varios, he repetido, he contado las banderas, he localizado las botellas con la cara de Franco, he pagado religiosamente -ni siquiera más religiosamente que en otros establecimientos-, he salido y luego he votado hasta a Podemos. Esta es la historia de por qué en Usera, uno de los barrios más desfavorecidos de Madrid, tanta gente ha votado a Vox, visto desde sus bares.

Al chino facha que acaparó los focos durante la exhumación de Franco yo no lo conocía, pero había estado en su bar, el Oliva, varias veces. Me di cuenta luego, cuando se hizo famoso y algunos periodistas dijeron que era un bar de camioneros. ¿Y los camiones? El bar Oliva se encuentra junto a Madrid Río, en la glorieta de Cádiz, pegadito al puente que lleva a Legazpi. Ningún camionero puede aparcar allí su camión. No es un bar para camioneros; ni siquiera es un bar para fachas. Es un bar de barrio. Los domingos, en esa zona, no hay bares abiertos. Si uno sale a pasear y luego quiere tomarse algo, no quedan muchas opciones. Por eso yo había entrado allí dos o tres veces. Por eso entré también muchísimas veces en A´Barca, en el interior de Usera, cuando vivía, de hecho, a treinta segundos de su puerta. Porque no había otros bares a los que ir.

Chen Xiangwei regenta un bar con simbología franquista en Madrid. (Efe)
Chen Xiangwei regenta un bar con simbología franquista en Madrid. (Efe)

Si el Oliva es franquista a lo loco, el mesón A´Barca era franquista subliminal. Digo "era" porque su primer establecimiento cerró hace algunos meses. Uno entraba en él por lo atractivo de su fachada y lo promisorio de sus viandas, esparcidas muy gallega y abundantemente por toda la barra. Después de pedir un café o una cerveza, la vista se te perdía por la abigarrada decoración. Y de pronto una botella de vino con la cara de Franco asomaba por una esquina, un cartel con un chiste pro-franquista se destacaba sobre una pared, una foto del caudillo emergía entre frascas de orujo. Había, si mal no recuerdo, cinco caras de Franco en aquel bar, y yo llevaba allí a los amigos que me visitaban (todos de izquierdas) y, una vez sentados, les proponía un juego malévolo: A ver si encuentras las cinco caras de Franco. Lo pasábamos en grande.

Una vez sentados, a mis amigos de izquierdas les proponía un juego malévolo: A ver si encuentras las cinco caras de Franco. Lo pasábamos en grande

En medio del terror que produce Vox, y de la precaución extrema que ponemos ya todos en no ser catalogados de fascistas, seguramente les llama la atención la normalidad con la que les cuento todo esto. Es la normalidad de un barrio obrero, de la vida entre basuras, de gente que tiene preocupaciones infinitamente más importantes que mosquearse porque el único bar decente para tomar un café en todo el barrio tenga o no junto a la caja una foto de un dictador muerto hace cuarenta años. El franquismo es bien poca cosa comparado con no tener un bar al que ir.

Viví en Usera casi dos décadas, en el barrio de Almendrales, uno de esos trozos de Madrid a los que no llegan los barrenderos, las reformas, las farolas bonitas. Creo que no llegaron ni esos poemitas de mierda que estarció Más Madrid en los pasos de peatones. Todo está ahora como cuando yo me instalé allí a finales de los 90. Quiero decir que está exactamente el mismo banco, la misma acera, la misma fuente sucia y el mismo bolardo doblado.

Almendrales
Almendrales

Lo mejor del barrio lo representa la biblioteca José Hierro, cerca del parque Olof Palme, muy concurrida siempre de gentes de todo tipo. Y el Prado Longo, un parque descomunal prácticamente abandonado. Aún así, es hermoso. Los latinoamericanos juegan al fútbol allí todos los domingos. La calle principal de la zona es Marcelo Usera, un triste callejón si lo comparamos con Bravo Murillo o General Ricardos, y no digamos con Gran Vía, Castellana u otras vías principales en sus respectivos distritos.

Por ello, lo más valioso de Usera es lo que han traído los chinos. La auténtica calle comercial del barrio es Dolores Barranco, donde se han abierto en los últimos años una decena larga de bares y restaurantes asiáticos, amén de supermercados y tiendas de todo tipo (no sé cómo se llama a un negocio que te organiza bodas, pero hay uno de esos también). Y peluquerías. Y agencias inmobiliarias.

En Usera se han abierto en los últimos años una decena larga de bares y restaurantes asiáticos, amén de supermercados y tiendas de todo tipo

Los chinos empezaron (años noventa) con talleres en los garajes, amén de los colmados, y han acabado colonizando el barrio con negocios vistosos, bonitos, modernos y ya imprescindibles. Si quitáramos todo lo realizado por los chinos en los últimos tiempos, Usera (o al menos Almendrales: hablo de lo que conozco) sería exactamente igual que Kosovo en la inmediata posguerra. No exagero más que lo me apetece.

Que un chino entre miles sea facha debería darnos mucha tranquilidad: para eso ha quedado el franquismo, para un folclore de adopción. Yo este radicalismo puntual de un ciudadano nacido en China lo entiendo perfectamente, pues sólo es el desarrollo torcido de una natural inclinación a integrarse en una sociedad nueva. Recuerdo que el chino que llevaba el colmado de la esquina de mi casa me advirtió hace muchos años de lo siguiente: "El barrio se está llenando de extranjeros". A sus hijos los había bautizado como Eduardo y Javier.

Usera con motivo del nuevo año chino. EFE
Usera con motivo del nuevo año chino. EFE

En las elecciones de 2016, en Usera votaron a Vox 193 personas; en las del pasado abril, fueron 6.351. Siete meses después, han votado a Vox 8.562. No hay 8.562 fascistas en el distrito de Usera. A lo mejor 193 sí que hay; pero 8.562, no.

Lo que pueden tener claro es que hay muchas más de 8000 personas abandonas allí a su suerte.

La idea que les presento ahora está ya muy machacada, es conocida, no digo nada nuevo. Sin embargo, no me cansaré de repetirla. Nadie ha hecho nunca nada por Usera, por las gentes de los 957 euros al mes y el piso de 50 metros cuadrados sin ascensor y los 20 minutos esperando el autobús número 6 que va al centro y ningún lugar donde entrar los domingos salvo el bar con banderas de España y cuadros de Franco. Como ya les dije (sin que la mayoría me entendiera), en España no existen los pobres, su voto no interesa y sus vidas nos traen sin cuidado. Es obvio que la izquierda se ha movido y ya no significa lo que significaba hace veinte años. Votar cualquier formación de izquierdas es votar valores bonitos, pero ya no exactamente votar igualdad. La izquierda es esa cafetería moderna que no ha abierto franquicia en Usera porque no le compensa. Una cafetería ecológica, con baños neutros, carteles de Rosalía y micro-teatro los domingos. Vox es ese bar tosco y aseado con muchas banderas de España que se ha quedado sin competencia en todo el barrio. Para mucha gente es difícil no acabar entrando en ese bar a tomarse un café.

Si no lo entienden ustedes con esta parábola de bares, yo me rindo.

Mala Fama
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