Los alarmistas tenían razón: el coronavirus en España en 15 escenas inolvidables

Repaso cronológico de la mayor crisis de la salud pública de nuestra historia reciente

Foto: Un parque infantil cerrado en la madrileña Plaza de Santa Ana, en Madrid (EFE)
Un parque infantil cerrado en la madrileña Plaza de Santa Ana, en Madrid (EFE)

Puede decirse que la primera fase de la epidemia de Covid-19 en España concluyó con el decreto del estado de Alarma por el presidente del gobierno el pasado sábado día 14. Hoy lunes entran en vigor todas las medidas. Hasta este momento, hemos vivido zozobras, emociones y manipulaciones que nunca olvidaremos. Me propongo a continuación resumir esta primera fase del coronavirus en España por sus episodios fundamentales, en la creencia alucinada de que puede decirse la verdad, y en la certeza tristísima de que luego todo esto que vivimos será reescrito, retocado, falseado, inclinado a izquierdas o a derechas por un puñado de historiadores, muy respetables ellos. Ahí va.

Uno: por una vez, los alarmistas tenían razón

Cuando la cosa quedaba lejos, en la China, ya había tuiteros liberales que preveían la llegada del virus a España y la necesidad de tomar medidas. Especialmente meritorio fue el seguimiento que hizo en su cuenta de Twitter Juanma del Álamo. Su discurso tenía en buena medida la intención de desacreditar al gobierno, pero, según avanzaba el Covid-19 por el planeta y empezaban a darse los primeros casos en España, resultaba difícil distinguir el alarmismo de parte de la prospección más sensata: esto va a llegar aquí y no estamos haciendo nada. Con datos, gráficos, fuentes fiables y testimonios de afectados en Italia o China, su predicción para nuestro país resultó cada vez más inapelable. Y lo cierto es que a final los alarmistas llevaban razón.

Dos: el gobierno calmó antes de informar

El gobierno, vía TVE y aledaños, priorizó tranquilizar a la población antes que informarla. Las palabras “calma”, “tranquilidad”, y expresiones como “que no cunda el pánico” o “lo peor es el alarmismo” se repitieron insaciablemente durante semanas. Pablo Echenique bordó la consigna gubernamental con un tuit histórico. Lorenzo Milá hizo lo propio con una conexión en directo desde Italia. Se pedía calma con tanta insistencia que parecía que el único problema que podíamos tener era preocuparnos demasiado, y así nos fuimos contagiando por puro civismo. Debemos preguntarnos por qué ha podido alarmarse hasta niveles apocalípticos con el cambio climático y no con una epidemia inminente. ¿Qué tiene de bueno la sedación masiva de la calma? ¿Por qué desactivar los métodos naturales de defensa del ser humano; es decir, el miedo?

¿Por qué puede alarmarse hasta niveles apocalípticos con el cambio climático y no con una epidemia inminente?

Tres: Fernando Simón

Cuando el virus llegó a España se puso ante las cámaras a un hombre de pelo cano y revuelto y jersey ocasional. Indudablemente, debía de ser un experto. Fernando Simón era su nombre. Sus intervenciones son también históricas: no va a pasar nada, los contagios serán mínimos, el virus está controlado y puedes ir tranquilamente a una manifestación con más de 100.000 personas. O mentía o su especialidad no son las epidemias, sino otra cosa que empieza por epi-: Epi y Blas. Si mentía, era a conveniencia del gobierno. Es un ejemplo más de la crisis contemporánea que enfrenta a los expertos con el sentido común clásico. Si el experto no obedece a su ciencia, sino a los intereses de quien le requiere, ¿se le puede considerar experto?

Cuatro: el 8M

La aversión que me provoca Fernando Simón es irreversible. El motivo es simple: mi novia quería ir a la manifestación del 8M y yo la convencí de que esta vez no fuera. ¿Sé yo algo de epidemias? No. ¿Sé que un virus y una congregación multitudinaria conforman una mezcla explosiva? ¡Claro! ¿Tú no? El experto no lo sabía. O mintió, subrayemos. Dijo: “Si mi hijo me pregunta si puede ir a la manifestación, le diré que haga lo que quiera”. (Me gustaría saber si su hijo, su mujer o su familia fueron a la manifestación del 8M.)

Si se da al 8M mucha más importancia que al mitin de VOX, se debe a dos realidades. Una, que en Vistalegre caben 15.000 personas y en el 8M se cifró el año pasado la asistencia en 350.000 (¡un millón según la organización!). Dos, que nadie que conozcas iba a ir al mitin de VOX. Todos iban a ir al 8M.

Debemos considerar en consecuencia a Fernando Simón una persona que trató de atentar directamente contra la salud de nuestras familias y compatriotas. Entiendo incluso que caben acciones penales contra él por negligencia.

Fernando Simón una persona que trató de atentar directamente contra la salud de nuestras familias

Cinco: El Gobierno de España contra la Comunidad de Madrid

Es doloroso seguir la línea lógica de titulares referidos a la acción de gobierno en relación a las regiones de España y plantarse de pronto ante el conflicto epidémico en la Comunidad de Madrid. Titulares como estos: Sánchez amenaza con no llevar el AVE a Cantabria; Sánchez limita la producción de cava a Extremadura para contentar a Cataluña; Sánchez no da ayudas a Murcia y sí a Valencia y Cataluña por la DANA... Pareciera que el socialista Sánchez había olvidado en efecto la esencia del socialismo: Igualdad. Pareciera que su gestión era de mecánica muy simple: si me votan o apoyan, les ayudo; si no, les abandono. Así las cosas, cuesta (¡cuesta mucho!) creer que cuando Madrid llegó a los mil casos, Sánchez y su sanedrín pensaron: Madrid es del PP y de Vox y serán ellos los que apechuguen con los muertos y las quiebras y los despidos, buena oportunidad para erosionar una de las pocas regiones donde aún gobierna la derecha. Su actitud hacia la comunidad autónoma más afectada por la epidemia en España nos lleva a preguntarnos si no fue eso lo que en un primer momento pensaron.

Seis: Isabel Díaz Ayuso

El momento exacto en que yo noté que lo del coronavirus iba en serio fue cuando la Comunidad de Madrid anunció el cierre de las instituciones educativas. Fue la primera medida draconiana, es decir, de sentido común. Salvador Illa, ministro de Sanidad sin conocimiento alguno de Sanidad, no había dado el menor miedo hasta entonces. Yo vi con mis propios ojos cómo Illa convocaba una rueda de prensa después de que Isabel Díaz Ayuso convocara una rueda de prensa, y cómo la calma dejaba de ser necesaria y pasaba a ser sustituida por la “responsabilidad individual”. Que Ayuso sea del PP e Illa del PSOE incluso me duele. Porque la realidad fue esa: Ayuso inició la batalla real contra el coronavirus.

Siete: Los recortes del PP

El País El País puso en circulación una lectura de lo real según la cual la epidemia se vería agravada por el estado de la sanidad madrileña como consecuencia de los recortes en esa materia llevados a cabo por sucesivos gobiernos del PP. TVE siguió la misma línea, así como cientos o miles de tuiteros. Fuentes conservadoras difundieron datos que contradecían este relato. Fuentes progresistas difundieron otros datos. Seguramente la Sanidad madrileña estaría más dotada con gobiernos del PSOE. Pero seguramente no hay ninguna sanidad del mundo que pueda resistir una epidemia de estas proporciones.

Con todo, es indiscutible que TVE cayó en la manipulación más abyecta al entrevistar a un supuesto enfermero raso del hospital de La Paz que resultó ser colaborador activo de Podemos Madrid. ¡Bastaba con poner que era de Podemos Madrid! Ya en su momento descubrimos que Ramón Espinar había aparecido en Telemadrid disfrazado de joven precario anónimo. Esta táctica de Podemos, que a mí me pone los pelos de punta, puede cifrarse en este mandamiento: hacer pasar a miembros del partido por pueblo.

¿Cómo estar a favor de esta manipulación burda y bananera incluso siendo votante de izquierdas? ¿Qué piensan los periodistas que actúan así cuando vuelven a sus casas por la noche? ¿Satisfacción? ¿Celebra Pablo Iglesias estos momentos televisivos en plan: ¡lo hemos vuelto a hacer, somos unos cracks!?

TVE cayó en la manipulación más abyecta al entrevistar a un supuesto enfermero de La Paz que resultó ser miembro activo de Podemos

Ocho: Miedo y Mercadona

Fue el martes 10 de marzo cuando la gente empezó a considerar la necesidad de acumular alimentos y productos básicos. El Mercadona se reveló enseguida como nuestro supermercado apocalíptico de confianza. Podía uno ver hasta 300 personas en las cajas. Por fin llegaba el miedo, esa herramienta de preservación propia. Cuando les digan que no hay que tener miedo, sospechen. Según yo lo veo, cuando uno tiene miedo, normalmente tiene razón.

Nueve: El encierro

Desde el cierre de los colegios numerosas familias cuyos miembros eran o profesores o trabajadores que podían ejercer sus tareas desde casa decidieron permanecer en ellas la mayor parte del tiempo. Sin embargo, la mayoría de los madrileños seguía haciendo vida normal, particularmente los jóvenes, que como sabemos son inmortales. El cierre de institutos y facultades se tomó como vacaciones. El buen tiempo llenó las terrazas. Los que vivíamos encerrados sentimos la estupidez de nuestra minoritaria prevención. Tensión familiar, sobreinformación, breves salidas temerosas a la calle... Y todo ¿para qué, si la mayoría de la ciudad hace vida primaveral? La hecatombre vírica se nos antojó entonces inevitable.

Diez: Irene Montero

Es digna de estudio la progresión del ministerio de Igualdad: tarta de cumpleaños, vídeos virales, borrador de ley con palabras inexistentes y 8M para contagiar de coronavirus a la mayor cantidad de mujeres posible, la propia ministra entre ellas. Pero Irene Montero no tiene que dimitir. Tiene que clausurarse su bochornoso ministerio y dedicar esa parte de los presupuestos a cosas realmente importantes. Se acabó la fiesta de pijamas del dinero público.

(Y lo mismo con el ministerio de Universidades: de vuelta al de Ciencia.)

Montero no tiene que dimitir. Tiene que clausurarse su bochornoso ministerio y dedicar el presupuesto a cosas realmente importantes

Once: Un presidente timorato

Todas las medidas que anunció en su primera comparecencia a puerta cerrada el presidente del gobierno eran amables, paliativas y paternales. Pedro Sánchez se situaba en los confines de la catástrofe, dándonos reparo. Es decir, no quería protagonizar ni una sola medida que actuara directamente contra la progresión de la crisis, de modo que ninguna prohibición o cierre se le pudiera achacar a él, (como observó en este periódico Fernando Garea). Era el Sánchez que conocemos, siempre pensando en su camisa limpia.

Pedro Sánchez anunció finalmente un estado de Alarma, pero no para hoy, ni quizá para mañana; acaso para cuando sus socios de gobierno le dijeran cuánta alarma podía decretar.

Doce: Pablo Iglesias, obsesionado con los medios

Después de colar al enfermero propio como enfermero de todos en TVE, Pablo Iglesias acudió al consejo de ministros crucial rompiendo su cuarentena. TVE dijo que, al menos, llevaba mascarilla. Las propias imágenes de TVE le mostraban sin mascarilla. ¿Puede manipularse con clase, elegancia y hasta maldad intelectualmente solvente? Yo sinceramente creo que se puede hacer el mal con mayor dignidad.

Pero todo tiene una explicación. Según difundió El Economista, en el consejo de ministros alarmante Iglesias pidió la nacionalización de las eléctricas y de los medios de comunicación. ¿Para qué quiere un gobierno controlar toda la información libre sobre la epidemia? ¿Para que 47 millones de españoles llevemos mascarillas sin llevarlas porque en realidad no quedan en las farmacias?

Casi doy por buena esta crisis si el PSOE entiende que su papel fundamental en el tablero político es defender la igualdad de todas y todos

Trece: Y Pedro Sánchez descubrió la igualdad entre los españoles

Le ha costado, al socialista Sánchez, le ha costado mucho descubrir la igualdad entre los españoles. Casi doy por buena esta crisis si el PSOE entiende que su papel fundamental en el tablero político es defender -incluso a costa de su supervivencia- la igualdad de todas y todos. Hoy un señor de Sevilla no puede salir a la calle y un señor de Barcelona tampoco. Si hubiera cedido a Iglesias y los nacionalistas, estaríamos ahora mismo luchando contra el virus de forma distinta -discrimatoria y psicópata- en Sevilla que en Barcelona.

Catorce: Nadia Calviño

Todo parece indicar que Nadia Calviño está de nuestra parte. (Se admiten dudas.)

Y quince: El aplauso

Tuiteó Soto Ivars que aquel aplauso del sábado por la noche fue el más bonito escuchado nunca sobre la faz de la Tierra. Aplaudimos en la calle que no podemos pisar a los sanitarios que no podremos nunca recompensar. Y aplaudiendo, nos reconocimos de ventana a ventana, nos sonreímos desde el miedo y el sacrificio, nos hicimos fuertes y mejores. Necesitamos ser fuertes y mejores para luchar contra lo que se nos viene encima.

Mala Fama
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