Duelo en Netflix: Michael Jordan machaca a 'Unorthodox'

El maniqueísmo de la serie de Netflix sobre judíos ultraortodoxos contrasta con el apabullante atractivo de 'El último baile', sobre la época dorada de los Chicago Bulls

Foto: Michael Jordan, en 'The last dance'.
Michael Jordan, en 'The last dance'.

Hay que ser prácticamente idiota para que te guste 'Unorthodox', la miniserie de Netflix que ha gustado a todo el mundo, incluidos los críticos, las personas más inteligentes de Twitter y varios de mis mejores amigos. Al parecer, todos ellos necesitaban visionar cuatro horas de ficción audiovisual para saber que la vida de una mujer joven en una comunidad judía ultraortodoxa es mucho menos divertida que la vida que ella misma llevaría en el jolgorioso y animado Berlín. Pronto, Netflix lanzará una serie de ocho horas de duración donde se nos contará la historia de un niño que escapa de una mina de diamantes y se refugia en Disneyland Paris. Veremos al crío picando piedra y, luego, jugando con el Pato Donald; comiendo carne cruda de chimpancé y, luego, fascinado por el sabor de una palomita a la miel. Tras ocho horas de visionado, ustedes habrán comprendido que, comparado con trabajar en la mina, Disneyland Paris es la capital mundial de los derechos humanos. La serie se llamará 'Goofy Unchained' y obtendrá como mínimo un 8 en IMDB.

La trampa que encontramos en algunas películas y series es la misma que presentan las encuestas de Tezanos o esas preguntas que lanzaba Podemos. “¿Desea que yo mande siempre o prefiere que le saquen los ojos con un punzón?” La grosera orientación de la respuesta debería hacernos desistir de dar una, del mismo modo que un planteamiento maniqueo en una serie debería sernos evidente en la primera media hora.

En el capítulo piloto de 'Unorthodox', una mujer abandona Williamsburg para irse a Berlín, donde inmediatamente empiezan a pasarle cosas buenas. Mientras, los fanáticos judíos pasean sus rizos intolerantes por pasillos en penumbra y planean su caza y captura para devolverla al mundo de camas separadas y bollos trenzados que les es propio. En Berlín, nuestra protagonista descubre la vida en 24 horas. Ve a dos mujeres besarse, se emociona escuchando un concierto de música clásica, se hace amiga de una joven estupenda y se baña vestida en un lago. Cada escena berlinesa reitera lo increíble que puede ser la vida cuando llegas a una ciudad desconocida sin dinero ni amigos ni conocimiento del idioma, pero saliendo en Netflix.

Les invito a sopesar un tratamiento alternativo de la —por lo demás— fascinante materia narrativa que da pie a esta serie. Imaginen 'Unorthodox 2': esa misma mujer judía vuelve a Williamsburg 10 años después y trata de que otra mujer siga sus pasos, pero esta mujer defiende férreamente el modo de vida jasídico. Imaginen que critica la obsesión con la imagen que atormenta a la mayoría de la sociedad occidental y también la vaciedad del consumismo; que compara su propia ortodoxia con el código moral conformado por las sucesivas oleadas de corrección política y que adereza finalmente su alegato con algunos cuentos tradicionales de entre los recogidos por Martin Buber, verdaderamente notables. Ustedes ya tenían claro que no querían vivir en un sistema social (el jasídico) que hace que la comunidad Amish parezca Magaluf, pero tampoco saldrían tan satisfechos de la serie. Saldrían incómodos, cuestionados en su adocenamiento.

'Unorthodox' es básicamente una serie que te da la razón como el ciudadano manso que eres y que colma tu adicción a la superioridad moral y que además está deplorablemente filmada y es aburridísima. No puedo imaginarme a la gente viéndola sin pensar en una suerte de catequesis. Es como una película mala de Pilar Miró.

Jordan

Sin salir de Netflix, tenemos por otro lado el estreno de 'El último baile', que parecía en principio una simple hagiografía de Michael Jordan, el mito deportivo más sólido de todos los tiempos. ¿Qué puede haber de interesante en la vida de éxito y anillos horteras de un exjugador de la NBA? Uno le echó un ojo porque, con 15 años, Michael Jordan era fundamental en su concepción del mundo. Como dicen en el primer capítulo de la serie (aunque habría que compararlo ya con Messi): “En toda la historia nadie ha hecho su trabajo tan bien como ha hecho su trabajo Michael Jordan”.

Lo que uno creía que iba a ser un repaso a las carpetas escolares forradas de mates con la lengua fuera de los años noventa se vuelve enseguida un retrato visceral del vacío de la fama, de la inocencia del talento, de la responsabilidad del héroe y de la lealtad a un equipo. Bastan cincuenta minutos para darse cuenta de que quizá no te cambiarías por Michael Jordan si tuvieras ocasión, sobre todo viendo los trajes que viste. Nada más llegar a Chicago, contempló a sus compañeros de franquicia encerrados en una suite de hotel con una tonelada de cocaína y varias prostitutas. Nadie iba al estadio. Nadie respetaba a los Chicago Bulls. Un señor muy pequeño y muy feo se hizo cargo de la dirección deportiva. Llegó Phill Jackson. Obama tenía 20 años y no llevaba dinero encima como para comprarse una entrada. 'El último baile' es fantástica simplemente porque no sabes qué te quiere contar.

Trece años después de ocupar su sitio en la historia del deporte, el equipo más famoso del mundo se preparaba para fracasar, disolverse y ser viejo. Y veinte años después, ex baloncestistas cincuentones narran a una cosa llamada Netflix desde sus casas principescas algo que a nadie con menos de 35 años le importa un huevo.

Y por eso es tan importante.

Mala Fama
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