Contra los cavernícolas: los republicanos elegantes respetamos a Felipe VI

Hay que lamentar que los que cargan contra el rey tengan más adeptos que los que defienden la república sin aspavientos

Foto: Los reyes esta semana, en su visita a la casa natal de fray Junípero Serra durante sus vacaciones estivales en Mallorca (EFE)
Los reyes esta semana, en su visita a la casa natal de fray Junípero Serra durante sus vacaciones estivales en Mallorca (EFE)
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Escribió Heinrich Böll en 'Opiniones de un payaso' que no le gustaban los ateos porque siempre estaban hablando de Dios. Esto guarda relación conmigo mirando el móvil de mi novia.

Sí, yo miro mucho el Samsung de mi novia y, realmente, me gustaría alargar esta confesión hasta que algunas lectoras entraran en pánico y denuncia y concluyeran que, bueno, aquí hay otro tío que le controla el móvil a su novia, qué más pruebas necesitáis de la crueldad del mundo. Pero no voy a poder complacerlas. Como mi novia sale a veces con los niños a hacer cosas mientras yo me quedo en casa dándomelas de intelectual, suelo coger al final del día su móvil -yo no tengo smartphone- para ver las fotos que ha hecho de los críos. Es un botón al que le doy: 'Galería de imágenes'.

Mi novia es la roja de la casa, es decir, la que disfruta de todos los avances de la modernidad. Tiene 'whasapp'. En 'Galería de Imágenes' se almacenan por defecto todas las fotos que le mandan en las conversaciones que mantiene y en los grupos a los que está apuntada. Así que el otro día, cuando pinché para ver a mis hijos en la piscina, vi al Rey Juan Carlos I como catorce veces seguidas. Durante un rato, pensé si la familia real no seríamos nosotros.

Me acordé de Böll y de su inmortal frase: "los ateos no paran de hablar de Dios". Es decir: los antimonárquicos no paran de hablar del Rey

Sucedió que todos los amigos rojos de mi novia roja le habían mandado una foto del rey, un pantallazo del rey o un meme del rey, y me costó perder de vista al rey más tiempo que a Francia en el siglo XVIII. Hasta mi novia me tuvo dos días hablándome del paradero del rey, que estaban todos sus amigos muy preocupados por dónde se había ido el buen hombre. Yo le dije que según Edu Aguirre, de 'El chiringuito', estaba en Abu Dabhi, pero no dio crédito a mis fuentes futbolísticas.

Y ahí me acordé de Heinrich Böll y de su inmortal frase: los ateos no paran de hablar de Dios. Es decir: los antimonárquicos no paran de hablar del Rey. Esto deberían mirárselo unos y otros, porque de tanto atender a lo que hace un dios o un monarca puedes acabar descubriendo tu vasallaje, en plan complejo palatino.

¿República, cómo?

Yo creo que las personas que no paran de arremeter y hacer chistes contra Juan Carlos I no son realmente republicanas, porque si fueran republicanas no hablarían todo el rato del rey; hablarían todo el rato de la república. No he oído a nadie todavía hablar en serio de la república, cómo sería, quién, dónde pondríamos al presidente, qué hacemos con el escudo de la bandera, cuánta pasta dedicamos. Hay mucha imprecisión en todo esto. ¿República, cómo?

Así, debemos deducir que republicanos de verdad en España somos muy pocos, porque yo he reaccionado ante la fuga, marcha, huida, salida, adiós de Juan Carlos I como sólo lo hace quien no tiene el menor apego por la monarquía: me ha dado completamente igual. De hecho, ¿alguien sabe dónde vivía Juan Carlos I la mayor parte del año o cuántos meses pasaba en Londres o qué casas tiene en España? Cuando se ha ido, la gente se ha preguntado a dónde, pero no se ha preguntado qué deja atrás, de dónde se marcha exactamente. La gente se cree que tenía al emérito controlado, ahí en Madrid, en un palacio pequeño, y seguramente el rey ha salido de España cuarenta veces en estos años de retiro, y a nadie le importaba dónde estaba. Así, que anuncie con gran prosopopeya que deja España es como si Norma Demond anunciara muy digna que deja el cine, cuando el cine ya la dejó a ella hace cuarenta años.

Del rey no se podía hacer ni un chiste, sus golferías las callaba todo el mundo y, por eso mismo, todos las conocíamos

Yo hacia Juan Carlos I siento una enorme antipatía, la verdad, mayormente porque toda la vida me han querido vender que era un tipo majísimo. Lo de que la monarquía estaba obsoleta y era absurda, pero como teníamos un rey tan cojonudo había que hacer la vista gorda, fue la matraca que le dieron a mi generación desde que tuvimos uso de razón -pongamos, 1992- hasta esa emisión de 'Crónicas marcianas' donde por primera vez le parodiaron (primeros 2000, creo). Del rey no se podía hacer ni un chiste, sus golferías las callaba todo el mundo y, por eso mismo, todos las conocíamos. Recuerdo una clase en la universidad en la que el profesor dedicó la hora entera a contarnos miserias del Borbón. Esto de que el aparato estatal haya estado al servicio de las correrías de don Juan Carlos me produce una altísima repugnancia.

Ahora tenemos a Felipe VI y no podemos repetir los mismos errores. Al rey hay que tratarle como a una persona normal, es decir, con sumo respeto. La infame portada sexual que hizo El Jueves con Felipe VI y Letizia es exactamente la mejor manera de perpetuar la monarquía. Si hay que optar entre Felipe VI y esa gente que vulnera derechos fundamentales, como la intimidad y la propia imagen, me parece que muchos vamos a preferir a Felipe VI, que por lo menos no se mete con nadie.

Los republicanos lo que tenemos que hacer es vender la república, no la guillotina. Eso es de mediocres y de verdugos

El despiste aquí es pensar que Felipe VI defiende la monarquía, las instituciones tradicionales y las jerarquías anquilosadas. Pero, vamos a ver, ¿cómo no va a defender Felipe VI la monarquía si es hijo del rey? A Felipe le ha tocado ser rey como al hijo de un empresario le ha tocado dirigir la empresa de su padre, o al otro quedarse con el bar familiar o llevar por siempre esa nariz de la abuela. Es difícil escapar del destino familiar, amigos. Más quisiera Felipe VI poder desentenderse, la de rey no es forma sana de vivir, no lo querría yo para mi hija. Debemos por tanto mostrarle a don Felipe toda nuestra compasión.

Y luego, los republicanos lo que tenemos que hacer es vender la república, no la guillotina. Eso es de mediocres y de verdugos, de auténticos cavernícolas, andar todo el día persiguiendo y humillando a los Borbones, riéndose las gracias regicidas unos a otros, escarneciendo al muchacho Froilán, diciendo obscenidades sobre las Infantas, qué papelón más patético. ¿Cómo queréis que os dejen a vosotros la tarea de construir una república, un país y un marco de convivencia con esos antecedentes? ¿Partiendo del bullying borbónico? No le deis a la gente a elegir entre los fastos, las maneras y los bonitos vestidos de una familia tradicional y el olor de la sangre que excita a sus acosadores. Dadle a elegir entre la monarquía y algo que parezca mejor.

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