Vivir sol@s, suicidarnos junt@s
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Alberto Olmos

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Vivir sol@s, suicidarnos junt@s

Los datos más negativos también son desiguales y su evolución puede resultar paradójica

placeholder Foto: Una calle de Tokio, en enero de 2021. (Reuters)
Una calle de Tokio, en enero de 2021. (Reuters)

En Japón, han creado un Ministerio de la Soledad que tiene poco futuro. El motivo de mi escepticismo guarda relación con su nombre. Estamos acostumbrados a ministerios y secretarías con denominaciones cada vez más alejadas de la realidad (qué bonitos eran ministerios como el de Agricultura, que se entendían al primer vistazo), y a que nadie sepa muy bien qué hacen en ellos. Así, de primeras, un Ministerio de la Soledad parece que lo entendemos todos, pues la poesía tiene esas ventajas, pero luego hay que pensar en 400 funcionarios y un ministro dándole a la grapadora en nombre de la soledad, cinco días a la semana. Ahí es donde llega la confusión.

El nombre completo del ministerio es 'de la Soledad y el Aislamiento', por si no era poco deprimente con lo primero. Noten, por favor, que es el primer ministerio pesimista de la historia del mundo. Los ministerios están para resolver problemas, pero no toman su nombre de ellos. El Ministerio de Sanidad hace bien en no llamarse Ministerio de la Enfermedad, por ejemplo. Esta sinceridad burocrática es muy expresiva, pues viene a decirnos que el Gobierno de Japón no puede hacer nada contra la soledad, salvo abrir un ministerio con su nombre.

Foto: Foto: iStock.

La cosa se pone peor cuando uno pasa del titular de la noticia. Esta nueva cartera no tiene como campo de trabajo la soledad en general, de verso libre y afección colectiva, sino el suicidio. Es el suicidio el asunto que ha llevado al Gobierno a crear un Ministerio de la Soledad y el Aislamiento. Es raro. Podrían haberlo llamado Ministerio de la Vida, si querían empezar con buen pie, o Ministerio del Suicidio, si querían persistir en su asertividad macabra. Investigando todas estas cosas, llego al siguiente titular de prensa española, de noviembre del año pasado: “La tasa de suicidios en Japón alcanza su máximo”, y a este subtítulo: “Las mujeres han sido las más afectadas por este tipo de muerte”. Todo eso es mentira.

El Ministerio de la Soledad japonés no se ocupa de la soledad sino del suicidio

Cuando viví en Japón a principios de siglo, un dato se me quedó grabado en la cabeza: en Japón, se suicidaban al año 30.000 personas; esto es, 10 veces más que en España, con algo menos del triple de población. Mientras en nuestro país se mataban ocho personas al día, en Japón lo hacían 80, para que lo vean más claro. Entre 1998 y 2009, la fatídica cifra nunca bajó de 30.000. Ahora he comprobado que desde 2010 el número de suicidios no ha hecho más que descender, y desde 2016 ronda los 20.000. En 2019, se bajó por primera vez de ese techo. Es decir, se suicidan ya en Japón 10.000 personas menos que a principios de siglo, lo que debería considerarse una buenísima noticia. Obviamente, el Gobierno de Japón nunca ha dejado de trabajar contra el suicidio.

La proporción de suicidios por sexos no difiere de la de cualquier otro país: de cada cuatro suicidas, tres son hombres; o de cada tres, una es mujer, según el año. En 2020, se suicidaron 20.919 japoneses, casi 7.000 mujeres y casi 14.000 hombres.

Foto: En el Moomin Cafe puedes disfrutar de una peluda compañía, aunque vayas solo.

Problemas y causas

Lo que ha provocado la creación del Ministerio de la Soledad y el Aislamiento no es ni la soledad ni el aislamiento, pero tampoco el suicidio. Es el aumento del suicidio entre las mujeres. Se han quitado la vida un 14,5% más de mujeres, mientras que entre los hombres se la quitaron un 1% menos. Solo en octubre, el aumento del suicidio femenino fue del 84% respecto al mismo mes del año anterior. El nuevo ministro dejó claro en su primera declaración que el cometido del ministerio era luchar contra ese aumento en el número de mujeres suicidas, y atribuyó la escalofriante tendencia a la soledad y el aislamiento provocados por el covid-19. Es decir, han puesto como nombre del ministerio las causas del problema.

Parece sensato centrar las políticas de prevención del suicidio en aquellas variables que, de pronto, se manifiestan con virulencia, pues seguramente se está a tiempo de ponerles remedio. Si súbitamente se suicidan más mujeres que antes, el motivo puede ser detectado a tiempo (no es estructural) y aplicar soluciones eficientes. El Gobierno ha considerado que la pandemia es la causa del mayor suicidio de mujeres en la segunda mitad del año 2020, y va a concentrar sus esfuerzos en combatir esa circunstancia.

Más mujeres autónomas, empresarias, jefas... Más mujeres suicidas, mendigas o muertas

Sin embargo, esta anomalía en los datos de suicidio en Japón me ha hecho pensar en la posibilidad de que, en algún momento, tanto los suicidios como la mendicidad o como las muertes por accidente laboral sufrieran un vuelco parecido. En España, estas tres lacras afectan mayoritariamente a los hombres. La presión laboral y las deudas, según me contaban en Japón, estaban detrás de muchos suicidios. Imaginen qué paradoja: más mujeres autónomas, empresarias, jefas, banqueras... Más mujeres suicidas, mendigas o muertas en accidente en el trabajo. Lo que quiero decir, como es obvio, no es que la igualdad vaya a provocar suicidios, sino que podría manifestarse no solo en el relumbrón de los consejos de administración y de los porcentajes 50/50 del éxito y la medalla, sino también en el cómputo de los perdedores definitivos. Y entonces habrá que ver qué cara ponéis.

En Japón, han creado un Ministerio de la Soledad que tiene poco futuro. El motivo de mi escepticismo guarda relación con su nombre. Estamos acostumbrados a ministerios y secretarías con denominaciones cada vez más alejadas de la realidad (qué bonitos eran ministerios como el de Agricultura, que se entendían al primer vistazo), y a que nadie sepa muy bien qué hacen en ellos. Así, de primeras, un Ministerio de la Soledad parece que lo entendemos todos, pues la poesía tiene esas ventajas, pero luego hay que pensar en 400 funcionarios y un ministro dándole a la grapadora en nombre de la soledad, cinco días a la semana. Ahí es donde llega la confusión.

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