Talleres de nuevas masculinidades para los alborotadores callejeros
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Alberto Olmos

Mala Fama

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Talleres de nuevas masculinidades para los alborotadores callejeros

Es la solución

placeholder Foto: Manifestación en Barcelona en protesta por el encarcelamiento de Pablo Hasél. (EFE)
Manifestación en Barcelona en protesta por el encarcelamiento de Pablo Hasél. (EFE)

La violencia de los hombres se ha manifestado de nuevo estos días en las calles de Madrid y Barcelona. Son exclusivamente los hombres los que disponen del derecho de arrasar lo común, la papelera y el árbol; del privilegio de aterrorizar a las mujeres y los niños que viven junto a los contenedores que arden —las llamas propagándose sin control junto a las fachadas de los edificios—, y del salvoconducto de andar por la calle en pleno toque de queda, embozados no por la pandemia, sino por ahorrarle a la policía la tarea de identificarles y el engorro subsiguiente de explicar por qué no se les detiene. La policía también la conforman hombres violentos y privilegiados.

Si la masculinidad dispusiera de un día de fiesta, tendría la forma exacta de una ola de disturbios en la capital del país. Saquean para llevarse televisores grandes, bicicletas de montaña y camisetas de Messi. No hay mayor derroche macho que esa impunidad en el delito y la destrucción. Qué alegría percibimos en sus cuerpos heteronormativos cuando arrancan una señal de tráfico y la empotran contra un coche, cuando tiran un cascote al aire o vuelcan un vehículo. Las calles serán siempre nuestras, dice el heteropatriarcado.

Los vecinos plantan cara a los radicales en la séptima noche de protestas en Barcelona

Hay que repetir sin descanso que los patrones de masculinidad tóxica se aprenden desde la cuna. No llores, les dice su padre; rompe escaparates, les dice su tío. Y la madre le da muñecas a la niña y le prohíbe subirse a los árboles. Así nos va. Los hombres no saben gestionar sus frustraciones. Desde que rompen su primer cristal de un balonazo, se ve que van a acabar saqueando el Decathlon.

Cuando las mujeres salieron a manifestarse contra la sentencia de la Manada, no se rompió ni un azulejo. No se molestó a nadie. No acudieron los antidisturbios. Cuando los hombres salen a defender sus privilegios, nada queda en pie. Solo deberían tener derecho a manifestarse las mujeres. Los hombres podrán hacerlo cuando aprendan a comportarse.

Desde que rompen su primer cristal, se ve que acabarán saqueando Decathlon

Lógicamente, estamos horrorizados. La policía no hace nada, el poder se pone de su parte. El partido en el Gobierno tuitea a su favor con total condescendencia. Con un Gobierno feminista, estas cosas no pasarían. Echenique blanquea el machismo.

Algaradas machirulas

Caen en saco roto las innumerables denuncias leídas estos días de feministas reputadas sobre la masculinidad averiada y misógina que representa una ciudad tomada por cientos de jóvenes 'incel'. Les pondría los 'links', pero ahora mismo no los encuentro. Una mujer ha perdido un ojo la semana pasada por estas violencias. Siempre que hay heridos en las algaradas machirulas, resulta que son mujeres. Como escribía Ander Izaguirre en 'Pikara Magazine': “La violencia se minimiza y los medios de comunicación a menudo construyen relatos comprensivos con los agresores”.

Foto: Manifestación en Alicante por la detención de Pablo Hasél. (EFE) Opinión

No en vano, el motivo esgrimido para reventar las calles ha sido defender a uno de los suyos. Rap sobre-hormonado, amenazas a testigos, obsesión con matar (“cargarse”), agresividad verbal y oposición al sistema que poco a poco avanza en la igualdad de hombres y mujeres caracterizan al varón blanco heterosexual de clase media alta que ha entrado en prisión. En su cuenta de Twitter leemos: “Cualquier zorra de mierda se cree irresistible” (2012). No le han juzgado por esto.

En el Twitter de Hasél leemos: "Cualquier zorra de mierda se cree irresistible"

Como escribió Miguel Lorente Acosta, el posmachismo consiste en que “quienes generan la violencia sean presentados como víctimas”, pues “las expresiones machistas tradicionales ya son fácilmente identificadas y rechazadas”. Muchos se han reído de esas feministas (sigo sin encontrar los 'links') que han calificado de “expresión machista” saquear una ciudad; también se rieron del 'mansplaining'. Por mucho que esos saqueos y altercados, y esas imprecaciones a ancianas anónimas que tratan de poner orden, provengan exclusivamente de los tíos, las lideren exclusivamente tíos y se originen siempre por una supuesta injusticia sufrida por un tío. O sea, es machismo explicarle a una compañera de oficina cómo funciona la impresora, abrir demasiado las piernas en el metro o interrumpir a una mujer cuando habla, pero no es machismo quemarle el bar a una mujer, tirarle adoquines a una vecina o tener a todas las madres de una calle calmando a sus hijos pequeños, aterrados por el aquelarre que escuchan a través de las ventanas. Yo a veces no recojo la mesa después de cenar, y ya me siento un opresor. Eso han conseguido estos años de educación en la igualdad. Pero es verdad que a lo mejor hay que hilar muy fino para reconocer que quemar las calles es más violento que poner mal una Fanta.

Pero es verdad que a lo mejor hay que hilar muy fino para reconocer que quemar las calles es más violento que poner mal una Fanta

La violencia masculina está por todas partes, menos en el centro de una ciudad cuando 200 muchachos queman coches y contenedores, rompen escaparates, arrasan terrazas y saquean comercios. Ahí es violencia no masculina, asexuada hasta lo angelical. Violencia buena, casi.

Esta agresividad solo puede abortarse obligando a los saqueadores e incendiarios a pasar por un taller de nuevas masculinidades. Gracias al taller, entenderán los privilegios de los que disfrutan impíamente, como poder destruir la propiedad ajena o tomar con total libertad patinetes del Decathlon. La violencia se les ha sido inoculando desde niños y deben desembarazarse de ella, así como de los roles de género que están perpetuando. El hombre duro, el 'machoman', el Bruce Willis. “Prescinde de la violencia” es la primera lección de cualquiera de estos talleres. No hay hombres violentos cuya violencia se manifieste solo contra los escaparates; los hombres violentos lo son con todo. La novia de uno que vuelve de tumbar un camión no creo yo que deba tenerlas todas consigo.

Pablo Hasél Antidisturbios
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