Estos escritores son demasiado inteligentes para ti
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Alberto Olmos

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Estos escritores son demasiado inteligentes para ti

Manuel Vilas, César Aira y Jorge Carrión publican libros que no se parecen a ningún otro

Foto: 'Los besos', 'Membrana' y 'La ola que lee'
'Los besos', 'Membrana' y 'La ola que lee'

Una cosa mala de escribir novelas es que además quieres decirle a la gente de qué van. Manuel Vilas ha dicho que su novela va de amor y mucha gente se lo ha creído. Le han preguntado por amor en las entrevistas, claro, y eso está bien. Hablemos de amor. Pero 'Los besos' (Planeta) no va de amor: basta leerla para darse cuenta.

Otra cosa mala de ser escritor es que hagas libros demasiado inteligentes. A veces se hacen libros muy inteligentes sin ser uno mismo inteligente, como se hacen libros sobre el coronavirus cuando se cree que se ha hecho un libro sobre el amor. Los escritores hacen lo que pueden, y es luego el lector el que determina con precisión de siglos qué han escrito de verdad.

Es Jorge Carrión quien ha hecho una novela inteligentísima que nunca les podré recomendar. A mí me ha fascinado. 'Membrana' (Galaxia Gutenberg), se llama. No sé de qué va, pero todo el tiempo, página a página, creía que estaba a punto de saberlo. Para mí Membrana es una novela que trata de que casi, casi, sabes de qué va.

Luego la tercera cosa con los escritores es que, lejos de hacer o no libros muy inteligentes, sean ellos a todas luces una inteligencia superior y los libros que hagan les den totalmente igual. César Aira, vamos. Una ventaja para ustedes, si no han leído a César Aira, es que no hay ninguna necesidad de leerlo. Aira no escribe para ser leído, escribe para quitarse de encima su propia inteligencia. A lo mejor deberían empezar con la compilación que se ha publicado este año de sus artículos y reseñas, 'La ola que lee' (Random House), para ver lo que es de verdad una persona inteligente. Luego, cuando vayan a sus novelas ('Los fantasmas', 'El congreso de literatura', 'El mago') verán el mérito que tiene hacer novela payasa, graciosa, loca y casi pueril siendo una persona superdotada. La narrativa de Aira es como el tiempo de recreo que le concede a su cerebro.

Y de estos tres libros les voy a hablar a continuación.

Los besos

Cuando se es fan de Manuel Vilas, se le lee de otra manera. Si nunca han leído a Vilas, 'Los besos' no debería gustarles. Porque se trata de un texto que continúa una conversación, incluso una conversión. La conversación se abrió de verdad con 'Ordesa' (Alfaguara, 2018), y la conversión que les digo es a un estilo.

'Los besos' suma páginas para los conversos del estilo de Vilas, que es un estilo épico, sencillo, cariñoso y pleno de generalizaciones. Nuestro autor escribe con el riesgo de la facilidad, es, en rigor, Messi. Simplemente sale al campo y hace cosas muy bonitas. Pero algún día -le pasa a Messi- saltas al campo y no te sale nada: eres el peor escritor del mundo. Ese es el peligro que corre Manuel Vilas, el de que un día escriba y, sin saber por qué, no sea tan genial.

placeholder Manuel Vilas estrena nueva novela | Carlos Ruiz
Manuel Vilas estrena nueva novela | Carlos Ruiz

'Los besos' tiene mucho más de diario de confinamiento, ahora que están saliendo tantos, que de novela propiamente dicha, y no digamos de novela “de amor”. El protagonista, en efecto, entra en tratos carnales con una señora, pero esto no hace orbitar la obra en torno al amor, y esa señora se suma tranquilamente, incluso en cómo habla, al estilo que, como decimos, constituye la materia total de este libro. Incluso los besos del título no son besos de amor, como sabremos al final de la obra (esto, por supuesto, no tiene que corroborarlo Manuel Vilas: lo que Vilas diga sobre su novela nos da igual). Los besos son la cara de una moneda cuya cruz es… ¡la mascarilla!

Es la mascarilla, el covid 19, el gran opositor literario de este libro, donde se piensa la vida de nuevo al calor de ese infierno que fue el confinamiento.

Membrana

Jorge Carrión -Jordi, en realidad, pero pone Jorge en las tapas de los libros para que se los compren en Valladolid-, Jorge Carrión, digo, empezó empotrado en eso llamado Nocilla de lo que hoy no queda más que un bote vacío de Nutella. Pero estuvo bien mientras duró. Eran tiempos en los que se hacían novelas que parecían canales de televisión ('Aire nuestro', de Vilas), videojuegos ('Alba Cromm', de Vicente Luis Mora) o revistas o qué sé yo. La idea era desportillar los márgenes clásicos de la novela, que la novela fuera otra cosa, se viera como un artefacto inaudito y, por tanto, se pudieran decir cosas nuevas y quizá más acordes con la vida moderna del internet y el podcast.

placeholder Jorge Carrión. (EFE)
Jorge Carrión. (EFE)

Una gran dignidad de Carrión es que, pase lo que pase, él sigue haciendo novelas contra toda comercialidad. Así, 'Membrana' es un museo. O, más precisamente, el catálogo de un museo. Cada capítulo es una sala de este edificio contenedor de obras de arte, que en la novela se llama Museo del Siglo XXI. Esta disposición narrativa le sirve al autor para hacer un apabullante repaso de cientos de referencias culturales y políticas, algunas inventadas, dado que la novela se escribe cuando el siglo XXI va por el año 21.

El empeño de Carrión por hacer novela experimental me fascina. Hay algo en un empeño equivocado que no debe desdeñarse: si uno se equivoca durante la suficiente cantidad de tiempo, acaba teniendo razón. Es lo que se conoce como fe en uno mismo.

La novela, ya digo, es dura, rara, esquinada; pendula entre el ensayo y la ciencia ficción, propone una Humanidad híbrida, unos algoritmos que toman el control, unos terroristas que se oponen a determinadas derivas biológicas. Diría, por tratar de definirla, que es una obra de anticipación biológica. Lo que podríamos llegar a ser. Los seres que nos hablan durante casi toda la novela, además, son sintácticamente peculiares, lo que nos deja frases memorables: “Merece la pena prestarle mucha, tanta, la atención toda."

La ola que lee

Finalmente, César Aira se nos da troceado y terrorista en este recopilatorio de sus colaboraciones en prensa que se llama 'La ola que lee'. Empieza fuerte, llamando “mediocre” a Carlos Fuentes, “una de las peores novelas de su generación” a Respiración artificial, de Ricardo Piglia o “floja incluso para un premio Nobel” a nada menos que 'El amor en los tiempos del cólera', de Gabriel García Márquez. Que Aira estuviera el otro día en Sevilla recibiendo un gran premio literario (el Formentor) y no en una cuneta nos avisa de que a lo mejor decir, siendo escritor, lo que piensas de otros escritores tampoco es tan peligroso. Incluso puede que sea muy sano.

placeholder César Aira pronuncia unas palabras tras recibir el premio Prix Formentor 2021. (EFE)
César Aira pronuncia unas palabras tras recibir el premio Prix Formentor 2021. (EFE)

Luego el volumen se nos va elevando con reseñas donde el libro a escolio nos da lo mismo ante la prosa, la fuerza analítica y el humor del reseñista (que es, obviamente, lo que pasa con toda reseña que merezca la pena: que es una excusa para escribir bonito). Asoman entre medias las ideas de Aira sobre sí mismo, que le emparentan, más que con escritores, con artistas conceptuales como Marcel Duchamp, y también con un Kenneth Goldsmith, el que dice que los libros, como es obvio, no son para leer. Dice Aira: “Con alguna ingratitud, he dicho y repetido que no me importan los libros, que los considero apenas un mal necesario en nuestro oficio. (…) Me espanta que me juzguen por mis libros. Me siento vagamente insultado, siento el riesgo de una mutilación, cuando alguien se toma en serio un libro mío. Querría prevenirlo contra ese error, y no encuentro otro modo de hacerlo que publicando un libro más.”

Más adelante Aira reconoce que de niño se vio “incapaz para practicar en los hechos algún arte” por lo que “me hice un nicho en el vacío que dejaban las diversas imposibilidades de la acción.”

¿Por qué todo esto es inteligente? Quizá porque nadie lo había dicho antes y, al leerlo, sin embargo, nos parece perfectamente lógico.

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